Opinión

Bill Emmott: Por qué EEUU y China deben acercar posiciones

En cuestiones internacionales, las opiniones van y vienen con la misma furia que las encuestas de opinión. Hace apenas dos meses se decía que Estados Unidos y China estaban enfrentadas, con una China supuestamente enérgica, confiada y agresiva ante el encuentro de Obama con el Dalai Lama, la venta de armas a Taiwán y cualquier sugerencia de que el cambio fijo de su divisa pudiera estar manipulado. Además, EEUU iba en declive, Obama era un fracaso insalvable y China el hogar de genios de la estrategia.

Ahora, todo es dulzura y suavidad. El jueves pasado, el presidente Hu conversó durante una hora por teléfono con Obama y cambió repentinamente sus planes de viaje para asistir a la cumbre especial de seguridad nuclear del presidente americano en Washington, el 12 y 13 de abril, presuntamente para apoyar la siguiente fase del esfuerzo estadounidense de restricciones contra Irán.

A cambio, Timothy Geithner, secretario del Tesoro americano, ha pospuesto el informe bianual ante el congreso del 15 de abril en el que debía pronunciarse sobre si China manipula o no su divisa.

Dado que multitud de congresistas están prestos a represaliar con aranceles y legislación proteccionista, el aplazamiento era la única forma de evitar una guerra comercial. Hace pocos meses o incluso semanas, se habría considerado una prueba más de la debilidad americana, de su constante necesidad de doblegarse ante una superpotencia en aumento que posee billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, pero ahora no. Algo ha cambiado.

EEUU sigue siendo el más fuerte

Los obamáfilos lo atribuirán rápidamente a los recientes éxitos de su héroe, como la aprobación de una reforma sanitaria marginalmente útil pero políticamente traicionera o la firma de un tratado con Rusia para recortar las reservas de armamento nuclear; pero hace falta algo más para convencer a un presidente chino de que conteste al teléfono.

En realidad, lo que ha cambiado es que la realidad se impone. La primera realidad es que EEUU sigue siendo el país más fuerte del mundo, tanto en términos económicos como políticos. Y eso se vuelve a hacer patente con su recuperación económica.

Después de una recesión que ha sido más superficial que en Europa o Japón, la recuperación americana aparenta tener mucho más vigor, y los últimos datos del empleo indican que vuelven a crearse puestos de trabajo, y en abundancia.

Si la creación de empleo continúa y absorbe a la enorme población de parados e infraempleados, el Gobierno de Obama tendrá muchas probabilidades de hacer retroceder al proteccionismo y limitar las derrotas demócratas en las elecciones al Congreso de noviembre.

Y con la reforma sanitaria en el bolsillo, Obama ocupa una posición más firme en su partido, sede de muchos de los proteccionistas más feroces. Con muchos problemas por delante, especialmente fiscales, podrían transcurrir varios años antes de que el regreso de EEUU al liderazgo económico sea plenamente obvio o aceptado. Pero es lo más probable.

La estabilidad nacional china no tiene precio

La segunda realidad se refiere a China. Si China es, sin duda, mucho más fuerte y confiada que hace cinco, diez o quince años, no deja de estar a años de distancia de poder despreocuparse por un conflicto real con EEUU.

La estabilidad nacional es primordial para los líderes del partido comunista chino, por lo que si el conflicto fuera el precio de mantener esa estabilidad, no hay duda de que lo pagarían.

Sin embargo, lo más probable es lo contrario, puesto que un enfrentamiento con EEUU arrojaría dudas sobre una de las principales fuentes de su progreso económico, esto es la globalización, entre la adherencia a las reglas marcadas por organismos multilaterales, principalmente la Organización Mundial del Trabajo (OMT).

Necesidad de actuaciones multilaterales

Una tercera realidad, por lo tanto, tiene que ver con ambos países y debe ser motivo de tranquilidad para todos nosotros. Ambos necesitan funcionar con instituciones y reglamentos multilaterales.

Estados Unidos no será lo suficientemente fuerte ni arrogante como para pensar que puede actuar unilateralmente, como lo hizo a menudo con George W. Bush y, en ocasiones, con Bill Clinton, aunque (especialmente el Congreso) conserva un instinto unilateral. Y China necesita la seguridad y la cobertura política nacional que le aportan las leyes internacionales.

En el caso de Irán y su programa de armamento nuclear, no hay ninguna alternativa real al método multilateral. Podría fracasar, pero bombardear las instalaciones nucleares iraníes sería mucho peor. Estados Unidos necesita el apoyo de China y Rusia, que no sólo tienen derecho de veto en el consejo de seguridad de las Naciones Unidades, sino que, además, son el mercado más jugoso para Irán y el proveedor nuclear más amistoso, respectivamente.

Respecto a los desequilibrios comerciales y económicos globales, siempre existe una alternativa unilateral. Estados Unidos podría, como quisieran muchos congresistas, imponer penalizaciones de urgencia a las importaciones chinas en proporción a la subvención supuestamente otorgada por el cambio fijo de la moneda.

Pero eso, al menos por sí solo, tendría tantas ventajas como bombardear Irán. Se produciría una guerra comercial bilateral que haría daño a ambos lados y, de recurrir a los tribunales de la OMT, EEUU podría incluso salir perdiendo, lo que elevaría el riesgo de una confrontación con la propia OMT y, en consecuencia, con el resto del mundo comercial.

El poder del G-20

Por eso tiene sentido el aplazamiento del informe del 15 de abril sobre la manipulación de la moneda. Lo próximo será la cumbre sobre el grupo amplio, bien incluyente y publicitado de los veinte (G-20) en Toronto en junio.

La mejor manera de enfrentarse a las políticas monetarias injustas es forzarlas a lo más alto de la agenda del G-20 y asegurarse de que EEUU tenga suficientes aliados a ese respecto, sobre todo Europa, India, Brasil y el FMI. La intimidación del tío Sam seguramente ponga a China a la defensiva. La presión en un marco multilateral podría ayudar a los líderes chinos a superar la oposición nacional contra un cambio de política.

Porque ésa es la situación en que se encuentra China. Con la inflación en aumento y sus reservas de divisas ascendiendo hasta un nivel absurdo e inútil de 2,5 billones de dólares, China necesita revaluar su moneda y pasar a cierta clase de convertibilidad plena de la divisa si quiere mantener unas políticas económicas estables y empezar a desempeñar un papel pleno como potencia económica.

Hay un trato a la vista: comerciar con la reanudación de la apreciación de la moneda china (detenida en 2008) y anunciar un programa de convertibilidad para un nuevo acuerdo con el FMI que permita que todo o parte de esas reservas de 2,5 billones de dólares sean convertidas en la pseudo-divisa del fondo, con derechos especiales de retirada y un menor riesgo monetario. Otros fijadores de monedas en Asia y el Golfo podrían verse empujados a hacer lo propio. Cuando todas las partes se beneficien, sin duda debería llegarse a un trato así.

Bill Emmott, ex director de The Economist.

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beltenebrós
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Los americanos les dan por el culo a todo lo conocido y todo lo que roza lo desconocido: tu madre, Putin, Zapatero, los chinos, arabes, las desaparecidas de Dolores, el santo grial, los marcianos, el fantasma de Hussein , el sha de Iran, Todas las reencarnaciones de los Ayatolas, de Buda y de Krhisna, La reina isabel, la reina madre, los nativos de burkina faso el ano desaparecido de Hitler, el dalai lama,..etc etc . no basta con imprimir billetes verdes sino lo que respalda eso: super-poder, una super-politica,una supercultura, super-atractivo, un pais vasto, con inmensidad de recursos, y con una ventaja increible en casi todos los campos cientificos,

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