Opinión

Líderes rebeldes

Urge un nuevo modelo de liderazgo

En la emergente economía del impacto se está produciendo una revolución empresarial impulsada por una nueva especie de líderes. Representan un nuevo modelo de liderazgo empresarial, que permite que las organizaciones avancen con un propósito definido y superen los obstáculos en estos tiempos inciertos: una nueva mentalidad para liderar a todos los niveles de la empresa. Son los líderes rebeldes.

Lo que nos hace albergar alguna esperanza sobre el éxito futuro de un nuevo modelo económico, es entender la diferencia de secuencia de pensamiento entre un emprendedor tradicional y un emprendedor de impacto. El primero tiene como fin generar todos los recursos económicos que sea posible y no atiende a las consecuencias derivadas de su actividad, mientras que el emprendedor de impacto "idea" una iniciativa empresarial que pretende erradicar un problema social y como consecuencia generar rendimiento económico. La búsqueda de la rentabilidad es imprescindible, pues no dejan de ser empresas, pero la línea final de la cuenta de resultados no es la única guía.

En nuestros días, todavía son muy pocas las empresas de impacto social y aún hay quien las considera una rareza. Pero la necesidad de generar impacto social y medioambiental positivo es cada vez más urgente y estas empresas son las que se convertirán en parte de la solución, en los verdaderos agentes del cambio.

Larry Robertson recoge en su libro "Liderazgo rebelde: Cómo prosperar en tiempos inciertos" la experiencia de sus conversaciones con más de 220 ejecutivos y profesionales de éxito. Les pregunta sobre aquello que destacarían como lo más importante a lo largo de su carrera profesional y empresarial. La palabra que más se repite es "Alma". Alma, dijeron. Es lo que más importaba. La sensación de que "no tenían más remedio" que hacer lo que hicieron, fue lo que les hizo volver a comprometerse una y otra vez, reinventarse, adaptarse y avanzar. Alma era lo esencial. Ni el capital, ni las conexiones, ni la estrategia. Todas esas importaban, por supuesto, pero ninguna les aseguraba el éxito. Alma es la palabra a la que atribuyeron su éxito, el único activo en el que sabían que podían confiar.

Según mi interpretación, alma, en términos empresariales, es la profunda voluntad de ser útil a un propósito elevado, más allá de una cuenta de resultados. El liderazgo rebelde habla del alma: quién eres, qué haces y cómo se propaga e impacta en los demás. El alma, además, crea ese tejido conectivo que te une a los demás y les ayuda a avanzar. Los líderes rebeldes actúan en consecuencia: desde el alma priorizan, la utilizan como guía para cada decisión operativa, se aseguran de que se inculque profundamente en la estrategia y la cultura de la organización y de sus equipos. Un acto verdaderamente rebelde, por ser poco común. El alma es lo que marca la diferencia.

Es de imperiosa necesidad que cambiemos hacia esta intuitiva manera de liderar nuestras empresas, que asume la necesidad vital de trascender más allá de nuestra actividad, provocando cambios que mejoren la vida de nuestro mundo, actual y futuro y, por supuesto, de nuestra empresa.

El mundo necesita de este nuevo liderazgo. Líderes rebeldes, conscientes, comprometidos. Líderes que sitúen al ser humano y al planeta en el centro de su negocio, que cambien el binomio riesgo-rentabilidad por el trinomio riesgo-rentabilidad + impacto social. Líderes que persigan la "alta intención" que trascienda su actividad empresarial, provocando cambios que mejoren la vida de nuestro mundo. Líderes que infundan alma a sus empresas, capaces de atraer personas talentosas que creen que su trabajo contribuye al progreso de su comunidad.

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