Opinión

Un (auto)consumidor empoderado en un mercado más abierto y flexible

  • España es un país con gran proyección en eólica y fotovoltaica
Es necesaria una clara política de transición a una economía más sostenible.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que el volumen de inversión global en energía en 2021 aumentará un 10%, revirtiendo la ralentización producida en 2020 por la pandemia, y las renovables representarán el 70% del total. Aunque crecerá la inversión en renovables y eficiencia energética, los flujos financieros lo harán a un ritmo superior.

De hecho, existe escasez relativa de proyectos limpios de alta calidad y los 750.000 millones de dólares destinados a tecnologías limpias se sitúan muy por debajo de lo requerido para mantener la temperatura global a un nivel adecuado. Es fundamental, estima la AIE, que las señales de política energética sean claras y reduzcan la incertidumbre y los riegos asociados a la implantación de las energías limpias y fomenten los proyectos de inversión.

España es un país con gran proyección de generación fotovoltaica y eólica, y debe ser referente internacional y líder tecnológico. Tenemos muchos retos por delante, como el desarrollo del hidrógeno verde y de nuevas instalaciones de almacenamiento. La evolución reciente de los precios en los mercados de energía está acelerando el ritmo de inversión en energía eólica, fotovoltaica y en almacenamiento de energía eléctrica.

También hace muy atractiva la instalación de autoconsumos en el segmento residencial y para empresas. Para que estas inversiones se materialicen en España, es necesario que los procedimientos de autorización de instalaciones sean más agiles y ofrezcan seguridad a los inversores. Hay que eliminar la saturación actual de los nodos de transporte y distribución y las penalizaciones asociadas a las solicitudes de accesos para nuevas inversiones, priorizando el autoconsumo.

Las empresas y las administraciones deben involucrarse en materializar los proyectos de transición energética para que las ayudas y préstamos resulten productivos y aminoren los efectos de la pandemia.

El consumidor tiene más posibilidades de participar en el mercado, por ejemplo, adaptándose a horarios con precios más baratos. Existen herramientas de monitorización de consumo en tiempo real y llegaremos a un esquema donde el cliente podrá ser recompensado por consumir más o menos según las horas. En un futuro será rentable instalar baterías en las viviendas para acumular la energía no consumida y aprovecharla en periodos de mayor consumo. El entorno regulatorio debe adaptarse cuanto antes para proporcionar un entorno de participación de los consumidores en todos los mercados, incluyendo los de servicios de ajuste en condiciones de no discriminación con los productores siguiendo el modelo marcado por la normativa europea.

En e-movilidad, es necesario que el Gobierno ayude a crear la infraestructura de cargadores eléctricos, aún escasa, poniendo herramientas para facilitar la compra de vehículos y respetando que dichas infraestructuras sean desplegadas como actividad liberalizada y no regulada.

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