Opinión

Los libros, aquellos cómplices

El sector del libro ha acometido una importante modernización a raíz de la pandemia

Cuarenta días antes de la celebración internacional del libro en 2020, el gobierno nacional declaró el estado de alarma con el objetivo de frenar la pandemia en España. Cuando llegó el 23 de abril, se mantenían las restricciones de movilidad ciudadana y permanecían suspendidas las actividades culturales, al igual que tantas otras. Nadie estaba para contabilizar publicaciones, sino los nuevos contagios: por entonces se registraban más de 4.000 casos diarios de coronavirus.

Si en 2019 las ventas por Sant Jordi, el Día del Libro en Cataluña, alcanzaron la cifra récord de 22,16 millones de euros, en 2020 el sector editorial se vio en la necesidad de conmemorar por partida doble: el 23 de abril, limitado por completo, y el 23 de julio, bajo condiciones de límite de aforo en las librerías y sin firmas de autores ni puestos de novedades en las calles. La facturación pasó la barrera de los 5 millones de euros. Aunque fue cuatro veces menos que el año anterior, la cantidad superó los reservados pronósticos del contexto pandémico.

Así como el Día del Libro es esencial para el balance económico del sector editorial, también lo son las ferias del libro en cada ciudad. Si el primero consiguió realizarse, incluso fuera de su fecha tradicional, las segundas se cancelaron o mutaron a una versión digital que nunca elevó las ventas de forma categórica; a fin de cuentas, escaseaban los lanzamientos porque se desecharon novedades y aplazaron ediciones: el volumen de publicaciones se contrajo.

La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), desde abril de 2020, advertía sobre la necesidad de compras públicas para las bibliotecas, a fin de salvaguardar el sector; asimismo, vislumbraba los apuros que tendrían para distribuir sus ejemplares, pues el rubro depende de una interacción contraria a la del reparto a domicilio: se recibe al cliente en el local y este busca sin prohibiciones ni prisas. Lo cierto es que el ámbito editorial pudo dinamizarse gracias a la complicidad de un público que, implicado en las medidas contra la pandemia, asumió un compromiso por la lectura impresa y en formato electrónico. Al respecto, el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España 2020 evidencia que el hábito mantuvo su expansión; y también, que nunca se había dedicado tanto tiempo a leer. Desde 2010 la lectura por ocio ha aumentado hasta un 12,3%; asimismo, si en 2019 había un 50% de lectores frecuentes y con una disposición de siete horas a la semana, durante el confinamiento de 2020 el porcentaje de lectores subió al 57 % y con una dedicación cercana a las ocho horas y media. Frente a cualquier fatiga pandémica, con el rigor del aislamiento y su impacto en lo emocional, el libro se erigió como un refugio, un aliado y un baluarte.

Como otros sectores, el del libro también se ha visto obligado a modernizarse ante la irrupción de la pandemia

Junto con sus alertas y pronósticos, la Cegal emprendió acciones para contener las caídas significativas en el sector, dos de las cuales han sido determinantes: una reivindicaba la adquisición presencial, en la tradición del trato personal que caracteriza al ecosistema del libro, y otra ampliaba las posibilidades de la transacción virtual, a raíz de una alianza que vigoriza al gremio. Por un lado, la campaña "Apoya a tu librería" invitaba a comprar en el presente, mediante una transferencia bancaria, para recoger los ejemplares en el futuro con la visita al negocio del barrio. Por otro lado, la plataforma de búsqueda Todostuslibros.com, que sirve al comercio en línea de miles de librerías en España con la exposición de un millón y medio de títulos; más que una tienda por Internet es una comunidad en torno a la lectura por el acceso complementario a reseñas sobre las publicaciones, las actividades en redes sociales y la posibilidad, incluso, de adquirir novedades con la firma del autor.

De acuerdo con el Gremi d'Editors de Catalunya, la caída del sector fue de 5% en 2020. La convergencia por un objetivo común entre los agentes de la cadena del libro fue esencial para revertir las problemáticas del primer semestre del año y, a la postre, minimizar el impacto de la pandemia en el ámbito editorial y las librerías; estas, que estuvieron cerradas en España durante algunos meses, luchan por mantener la fidelidad de su público: el 71,1 % de quienes leen siguen comprando en estos negocios de proximidad. En enero de 2021, el Ministerio de Cultura firmó un convenio con Correos a fin de apoyar a las librerías con el impulso de la digitalización y los envíos; en suma, las acciones prosiguen de un año a otro.

Tal como sucedió en otros sectores, el del libro no rehuyó la necesidad de modernizar sus prácticas y diversificar su oferta; un camino que, en medio de aprietos inéditos, se asfaltó el año anterior y por el cual circula el rubro editorial a punta de voluntad y creatividad, tanto que el Día del Libro no es uno —como siempre— ni dos —como en 2020—, sino tres fechas de conmemoración en varias comunidades de España.

Modernización y diversificación. Junto con el libro impreso y el digital se ha fortalecido el audiolibro: actores y los propios autores dando voz a sus creaciones; esa experiencia primordial de que nos cuenten historias. En lo literario, está la inclinación al cuento y la novela corta, un fiel legado del periodo confinado de una atención fragmentada; además, los involucramientos con la no ficción, que aproximaba esa realidad que sucedía fuera de las puertas cerradas, y el auge del ensayo, tanto cultural como político, que atravesaba tiempos mientras cruzaba territorios. Los eventos regresan a las salas culturales y las librerías sin abandonar la herencia pandémica de su trasmisión en línea; se naturaliza la modalidad híbrida de estos reencuentros en que las pantallas ocupan una silla entre las personas que hablan de libros. Los libros, aquellos cómplices.

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