Opinión

Finanzas sostenibles: un panorama récord

Espa?a est? paso atr?s en la valoraci?n del riesgo clim?tico.

Se ha hablado mucho en la COP25 de las finanzas sostenibles como catalizador de las inversiones necesarias para la transición ecológica. La percepción del riesgo climático como un riesgo para la estabilidad del sistema financiero está absolutamente implantada entre la comunidad financiera del centro y norte de Europa y, lamentablemente, una de las conclusiones que hemos sacado de esta cumbre es que en España salvo, en algunas excepciones, todavía estamos un paso atrás en cuanto a la valoración del riesgo climático o integración de factores ESG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo) en el análisis de inversiones y/o financiaciones.

En lo que respecta al sector financiero, la principal pregunta que se planteaba en diferentes foros es la de cómo integrar el riesgo climático en el análisis de riesgo global y, al mismo tiempo, cómo incorporar de manera decisiva las finanzas sostenibles en su actividad.

Hemos tenido el placer de poner presentar en la COP25 los pasos que desde Natixis hemos dado en este sentido tras la implementación del Green Weighting Factor (GWF), siendo el primer banco privado del mundo en implementar un sistema que nos permite manejar activamente el riesgo climático de nuestro balance. El GWF es un mecanismo in-house que vincula el destino de los recursos del banco (préstamos) al grado de sostenibilidad de cada financiación con un doble objetivo: por un lado, acelerar la transición del banco hacia la financiación sostenible (incentivando la generación de negocio sostenible) y, por otro, integrar el análisis del riesgo climático en la evaluación del riesgo global de cada operación de financiación (penalizando aquellas con un impacto negativo sobre el medioambiente).

La elevada demanda de activos supera con creces la oferta disponible en el mercado

En la práctica, el Green Weighting Factor se basa en una taxonomía propia que clasifica cada financiación dependiendo de su impacto medioambiental. Para ello utilizamos una escala de 7 niveles que mide el impacto de cada financiación sobre el medioambiente y que posteriormente se aplica sobre los RWA (Risk Weighted Assets o activos ponderados por riesgo) del banco.

Este mecanismo nos va a permitir monitorizar nuestra estrategia ESG y la trayectoria climática de nuestro libro de préstamos con el objetivo de estar alineados con el acuerdo de Paris (+2º escenario). Y, además, nos va a posibilitar fijarnos unos objetivos a medio y largo plazo y poder reportar nuestra contribución de manera clara y transparente.

La acogida del Green Weighting Factor por parte la comunidad financiera internacional ha sido muy positiva, y es un primer paso hacia donde estamos seguros de que el resto de entidades financieras acabarán llegando y probablemente, en algún momento, los reguladores.

El mercado de finanzas sostenibles continúa consolidándose y creciendo de manera exponencial. La demanda actual de activos sostenibles supera con creces la oferta y existen inversores muy vocales con respecto a este desajuste, siendo AXA un buen ejemplo. Porque además de tener uno de los compromisos más potentes con los activos verdes bajo gestión, está impulsando la creación del mercado de 'transición'. Al igual que AXA, muchos otros inversores consideran necesario crear nuevos formatos que den acceso a compañías de diferentes sectores a la financiación sostenible, a la que hoy tienen acceso limitado, si nos fijamos únicamente en la Taxonomía recientemente publicada.

Estimamos que los activos bajo gestión dedicados en exclusiva a bonos verdes son de 30.000 millones de dólares, mientras que los activos bajo gestión con criterios ESG integrados en su análisis de inversión son de 17,5 billones. Claramente hay espacio y voluntad para que surjan nuevos formatos que permitan a un mayor número de empresas privadas participar en el mercado de finanzas sostenibles, y ya estamos comenzando a ver su aparición. Por ejemplo, la utility italiana Enel emitía recientemente un SDG-Linked Bond (Bono vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS) cuya rentabilidad estaba ligada al cumplimiento de dos KPIs en línea con su estrategia de incrementar su capacidad instalada de energías renovables y de reducción de emisiones.

También conviene destacar el ascenso de préstamos o líneas de crédito sostenibles facilitadas por instituciones financieras, cuyo margen o spread está vinculado a un KPI alineado con su estrategia de sostenibilidad o rating sostenible. El ejemplo más reciente es el de Enagás. La compañía energética se estrenaba recientemente en este mercado al firmar una línea de crédito sindicada sostenible, cuyo margen está vinculado al compromiso de reducción de emisiones que ha adquirido con el grupo de bancos de la financiación.

Estamos seguros de que 2020 será de nuevo un año record en materia de finanzas sostenibles. El desajuste entre oferta y demanda va a favorecer la proliferación de nuevos formatos de financiación y permitirá que compañías en transición de sectores considerados 'no verdes' encuentren este año 2020 una ventana excelente para estrenarse en este mercado.

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