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La polarización en Cataluña preocupa a Elliott, que defiende el doble patriotismo

Madrid, 29 oct (EFE).- Al historiador e hispanista británico John H. Elliott le preocupa la "polarización" de la sociedad catalana y recuerda la existencia de una importante parte de catalanes que defienden su "doble patriotismo".

Entrevistado por Efe con motivo de la presentación en España de su libro "Catalanes y escoceses. Unión y discordia" (Taurus), el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 1996 asegura que Cataluña "es una sociedad en este momento muy polarizada", y eso le parece "muy preocupante".

El maestro de hispanistas, internacionalmente alabado por sus investigaciones sobre la historia de España, encuadrada en el marco europeo y americano, defiende en su libro el concepto de la doble lealtad.

Y en la conversación también admite la triple lealtad, si por ejemplo se incorpora el sentimiento de pertenencia que atañe a la Unión Europea.

A sus 88 años, el regius professor eméritus de la Universidad de Oxford visita Madrid para participar en un diálogo con el historiador español José Álvarez Junco y con la lucidez que le caracteriza explica que "cada sociedad tiene sus mitos".

"Y es importante -razona- tener mitos para dar cierta coherencia a la sociedad".

Pero puntualiza que "también da la posibilidad de manipular la historia".

Con convicción lamenta lo "que hemos visto especialmente en Cataluña. Insistiendo, por ejemplo, sobre la gran importancia que, efectivamente fue muy importante", se da al año 1714.

Ese año marca la derrota de las fuerzas catalanas que respaldaban a la casa de Habsburgo frente al candidato borbón que finalmente reinó en España y que los separatistas consideran esencial para explicar sus aspiraciones independentistas y su rechazo a la monarquía española.

"Pero, por ejemplo -precisa-, no se habla mucho del Carlismo, que también formaba parte de la reacción catalana en el siglo XIX".

Una visión de la historia distorsionada que el experto lamenta profundamente y señala que "el separatismo moderno catalán, efectivamente quiere presentar el separatismo, la independencia, como algo progresivo (progresista)", sin tener en cuenta otros aspectos de la historia.

En su opinión, "cuando llegó al poder Jordi Pujol en el año 1980 se empezó un programa de catalanización de Cataluña que se entiende muy bien cuando uno piensa en la represión durante la dictadura, del idioma, etcétera".

No obstante, advierte de que "este programa de catalanización que se ha seguido durante dos o tres décadas ha creado una generación que está -desde su punto de vista-, demasiado ensimismada porque no sabe lo que está pasando fuera".

En el libro, Elliott tilda de "completo adoctrinamiento" el programa de catalanización que está "ahora dando sus frutos".

Quien ha dedicado una larguísima trayectoria al estudio a la historia advierte de que "los libros de texto (en esa Comunidad Autónoma) se han manipulado, la historia de España y de Cataluña, hablando de España como un Estado mientras que Cataluña es una nación auténtica, orgánica".

Para Elliott, "esta diferenciación entre los horizontes amplios de la Cataluña de 1978, hasta el año 2008, del colapso financiero, ha creado, ha limitado los horizontes, a mi modo de ver, de muchos catalanes en estos últimos años".

Su crítica también alcanza al entonces Gobierno español que presidía Mariano Rajoy al rememorar que "el Govern (catalán) no dejó nada al azar".

Hasta hace poco "(la Generalitat) estaba gastando doce millones de euros al año en quince embajadas u oficinas culturales y estaba desarrollando una sofisticada campaña de relaciones públicas", escribe el autor.

Elliott reconoce que "esta campaña de propaganda fue muy eficaz a la hora de influir en la opinión de las democracias occidentales", y es aquí donde censura al Ejecutivo central, pues sostiene que lo fue aún más "por el fracaso del Gobierno español y de los elementos prounidad para rebatir" esa campaña.

En su labor como historiador sobresale su contribución al conocimiento de la historia de España, deshaciendo tópicos y estereotipos, por eso apunta la pérdida de "una buena oportunidad para crear una narrativa nacional española".

Duda de si ese fracaso es atribuible "a la falta de imaginación política" y recuerda la fuerza del eslogan del referendo de independencia escocés.

El que proclamaba: "Better together", o sea, "Mejor juntos".

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