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El Congreso de Móviles pone a Barcelona por las nubes y en pleno movimiento

Barcelona, 24 feb (EFE).- Si la tecnología se aloja en la "nube" y se mide en pulseras inteligentes, Barcelona ha vivido hoy con sus constantes básicas por las nubes y en frenético movimiento: el tráfico, los precios de hoteles y restaurantes, las medidas de seguridad... Bienvenidos al Mobile World Congress (MWC).

Barcelona será hasta el jueves una ciudad "dos en una": la real que no detiene su curso y otra "tecnomulticultural" de 240.000 metros cuadrados, con más de 75.000 "habitantes" que corren arriba y abajo con una cinta roja al cuello y el inglés como lengua franca.

La "Mobile Wold Congress City" es un ciudad aparentemente encerrada en sí misma entre un cielo de 10.000 megabits por segundo (Mbps) de wifi y un suelo de 14 kilómetros de fibra óptica y 52 de cable de red. Pero todo lo que se cuece en ella impacta en la Barcelona real.

Pocos eventos profesionales impregnan tanto el latido cotidiano de una ciudad como el MWC. Se puede decir que hoy Barcelona es una ciudad "mobile ready", atenta a todo lo que se mueve.

Bares que envían sus tapas al congreso cual clásicas pizzas, restaurantes especializados en comida étnica que atienden pedidos de una legión de congresistas y periodistas...Hasta los sempiternos horarios españoles se mueven para adaptarse a un público global.

Algunos restaurantes de L'Hospitalet de Llobregat, donde se ubica el MWC, permitían hoy consultar el menú desde el móvil y mezclaban el menú mediterráneo con el asiático, como el cercano Hotel Porta Fira.

Bares y restaurantes del entorno de la Plaza Europa, acostumbrados al horario español de desayunos a media mañana y comidas a las 14.00 horas, han abierto hoy más temprano para atender a clientes europeos y asiáticos hambrientos a las siete de la mañana.

El arroz se ha sumado así al "pà amb tomàquet" en los desayunos de los hoteles de Barcelona, donde el cartel de "completo" es habitual en este particular agosto donde encontrar una habitación por menos de 300 euros es un reto prácticamente imposible.

Aterrizar en el aeropuerto de Barcelona es desde el pasado fin de semana algo parecido a una escena de "Blade Runner": neones multicolores, logotipos y, sobre todo, enormes pantallas que le recuerdan a uno que ha llegado a la capital mundial del móvil, aunque haya gente aún sorprendida por semejante despliegue.

Este era el caso de algunos de los muchos de los usuarios de la línea de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), que comunica Barcelona con L'Hospitalet, sorprendidos por el trasiego.

"Cuando hay ferias en L'Hospitalet se nota mucho el incremento de pasajeros, pero lo de esta mañana es muy destacado, incluso hay más trenes, más capacidad y frecuencia de paso. Debería ser siempre así", comentaba Alfonso Hurtado, usuario habitual de la línea.

La celebración del congreso también se dejaba notar por un incremento de la presencia policial y de vigilantes de seguridad en los transportes públicos. "No sabía qué pasaba y me han sorprendido tantos policías y cámaras de televisión", decía Manoli, que esta mañana se desplazaba a Manresa para cuidar de sus nietos.

Si el MWC es global por definición, ciudades como Barcelona con vocación de "smart" (inteligente) son también esclavas de sus asuntos domésticos, como las obras del anillo de Glorias, un nudo clave en las entradas y salidas de la ciudad, que han contribuido hoy a un tráfico más lento de lo normal.

Si las obras de Glorias congestionaban la salida norte de Barcelona, los accesos por el sur sufrían un lunes tormentoso en el entorno del recinto ferial de l'Hospitalet, afectado por las medidas de tráfico especiales que comportan la celebración del congreso.

Por si fuera poco, la plataforma Stop Pujades (Stop subidas), que lleva varias semanas protestando por el incremento del coste del transporte público metropolitano, ha convocado diversos actos de protesta aprovechando el efecto mediático del evento, al igual que trabajadores de empresas con problemas laborales.

Hasta la política se ha colado en el escenario de la mano de voluntarios de Òmnium Cultural que repartían folletos con el lema "What's going on in Catalonia? Catalans want to vote" ("¿Qué pasa en Cataluña? Los catalanes quieren votar").

Barcelona quizás sea hoy más "glocal" (mezcla de lo global y lo local) que nunca y hasta los taxistas empiezan a familiarizarse con el inglés de tipos apresurados que, con la acreditación aún colgada, le piden escaparse a la "beach" (playa) más cercana.

En definitiva, los taxistas contentos, los hoteleros satisfechos y los restaurantes y bares de las zonas de ocio nocturno frotándose las manos ante una semana muy especial para Barcelona.

Y es que no se tienen cada día huéspedes como Mark Zuckerberg (Facebook) o no siempre que un sábado por la tarde se "cae" WhatsApp tienes cenando en tu ciudad a un tal Jan Koum para acordarte del apellido del fundador de esta firma de mensajería móvil.

Lo dicho, todos "ready mobile"... Por lo menos hasta el cierre del congreso el próximo jueves.

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