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Draghi supedita la compra de deuda a que España pida el rescate a Europa

Estaba llamado a ser el 'día D' de Draghi. Pero finalmente fue el 'día D de la Decepción'. La esperadísima reunión del Banco Central Europeo (BCE), calentada de antemano por su presidente, Mario Draghi, quien una semana antes se había comprometido a hacer "lo que sea" para salvar el euro, defraudó a los mercados.

La institución no anunció nuevas compras de deuda pública ni ninguna otra medida similar de aplicación inmediata, aunque sí abrió la puerta a adquirir bonos en el futuro y a dar un paso adelante mediante la adopción de "otras medidas excepcionales de acuerdo con lo que es requerido para reparar la transmisión de la política monetaria". Siempre y cuando, y "como condición necesaria, pero no suficiente", los países que necesiten esas adquisiciones de deuda soliciten antes ayuda a los fondos de rescate diseñados por Europa.

Una vez más, aunque esta vez con el agravante de que su máximo representante se estaba jugando su credibilidad, el BCE demostró que por ahora no puede hacer nada. Que sus pies y sus manos están atados. Con cuerda alemana. Porque Alemania certificó ayer quién manda en la eurozona. En lo político, la canciller Angela Merkel. Y en lo monetario -es decir, en el terreno del BCE-, el presidente del Bundesbank (banco central alemán), Jens Weidmann. Porque fue su credibilidad la que quedó ayer indemne... en detrimento de la de Draghi, cuya autoridad quedó depauperada de forma irreparable.

Porque el BCE, a través del banquero italiano, interiorizó e hizo suyo el mensaje oficial que sostiene Alemania en los últimos tiempos. Esto es, que los países, como España, que quieran ayuda, la soliciten antes. Que se retraten y pidan asistencia a los fondos de rescate, es decir, a la actual Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) o al futuro Mecanismo de Estabilidad (Mede). "Los gobiernos deben estar preparados para activar la FEEF o el Mede en los mercados de deuda cuando las circunstancias de los mercados financieros sean excepcionales y existan riesgos sobre la estabilidad financiera, con una estricta y efectiva condicionalidad", sostuvo Draghi.

Con este párrafo y casi con la misma velocidad con la que una semana antes había encendido las esperanzas, ayer las apagó. Porque, con ese mensaje, la institución supeditó cualquier intervención adicional a que los países interesados soliciten ayuda a los fondos de rescate. Así y sólo así, el BCE pasará a la acción. Y anunció que está dispuesto a hacerlo.

La pauta está marcada

No lo hará bajo el programa de compras de deuda (SMP) que activó en mayo de 2010, que ayer fue enterrado de forma definitiva. Lo que hará el BCE será tirar de manual y realizar operaciones de mercado abierto; es decir, a comprar deuda en el mercado. Como han hecho toda la vida los bancos centrales para ajustar las condiciones monetarias a sus designios, pero con el matiz de que esta vez se emplearía esas adquisiciones para un fin más puntual, como el de equilibrar los mercados de deuda.

Porque lo curioso es que, en la forma, Draghi repitió el discurso que había lanzado el 26 de julio en Londres. Alertó de que "las altas primas de riesgo en muchos países y la fragmentación financiera impiden que la política monetaria trabaje de forma efectiva" y aseguró que "el euro es irreversible". En el fondo, sin embargo, Draghi no hizo nada. Lo dejó todo para el futuro... siempre y cuando se acepte esa condición: que los países pidan antes ayuda.

Porque, eso sí, Draghi sí fue fiel a uno de esos mensajes a los que acostumbra. "El BCE no puede reemplazar a los países", sostuvo, recordando así que sólo ellos son dueños de su destino fiscal y de ejecutar las reformas estructurales pertinentes. "Cualquier intervención sólo tendrá lugar después de que los gobiernos se sometan a la condicionalidad de los líderes europeos y el Fondo Monetario Internacional (FMI)", sentencia Azad Zangana, economista europeo de la gestora Schroders. "Están dejando pocas opciones. Alemania quiere que los países pasen por la FEEF o el Mede", concluye Victoria Torre, de Self Bank.

Al mismo tiempo, el BCE también situó en el cuaderno de deberes de las autoridades políticas la posibilidad de que el Mecanismo de Estabilidad tenga en el futuro licencia bancaria. "Es una tarea que corresponde a los gobiernos, no al BCE", aseguró. Y acto seguido precisó que, en su forma actual, el Mede no puede acudir a las operaciones de financiación del BCE.

En definitiva, y en solo una semana, de aquella pomposa declaración en la que Draghi dijo que estaba dispuesto a hacer "lo que sea" para preservar la moneda única, sólo quedó el silencio... y una votación. Porque confesó que todos los miembros del BCE habían apoyado de forma "unánime" esa voluntad de hacer todo lo que sea necesario por el euro. Aunque fue una unanimidad relativa; hubo una voz discordante. No citó nombres. Pero no hacía falta. Todo el mundo pensó en Weidmann.

Los tipos pueden esperar

Además, el BCE no tocó ayer los tipos de interés. Ni los oficiales, que permanecen así en el 0,75%, ni los de la facilidad de depósito, situados en el 0%. Y eso que Draghi admitió que durante la reunión se debatió un recorte del precio del dinero, pero se entendió que "no es el momento adecuado".

Con estas palabras, y siempre en el encriptado lenguaje que los banqueros centrales emplean en este terreno, los expertos infirieron que abrió la puerta a una nueva rebaja de los tipos en septiembre. Morgan Stanley prevé un recorte hasta el 0,5% en la próxima cita, que tendrá lugar el 6 de septiembre. ¿Se atreverá entonces a situar los intereses de la facilidad de depósito en negativo? "Son unas aguas desconocidas para el BCE", aseguró Draghi, con lo que parece ser un tema tabú para la entidad.

Tampoco hubo medidas adicionales en el terreno bancario. Ni convocó más operaciones de financiación a largo plazo (LTROs) ni rebajó las exigencias para que los los bancos puedan financiarse en la ventanilla del BCE. Dejó caer, no obstante, que en septiembre sí podría haber novedades con respecto al segundo asunto.

La economía se enfría...

En la vertiente económica, la entidad constató que la eurozona está perdiendo fuelle. Si hace un mes consideraba que la economía se iba a recuperar "gradualmente", ayer matizó que lo hará "muy gradualmente". Con respecto a los precios, no halló presiones y consideró que la inflación "está ampliamente equilibrada a medio plazo". Pero lanzó un aviso: "Una mayor intensificación de las tensiones en los mercados financieros tiene el potencial de provocar que el crecimiento y la inflación bajen". Es su diagnóstico. Pero por el momento no hubo medicina para esos síntomas. Las habrá en el futuro. Si Alemania y Weidmann quieren, claro.

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