Bolsa, mercados y cotizaciones

Preferentes: un producto adulterado en vías de extinción

El masivo canje de estos títulos por parte de las entidades financieras ha reducido su volumen en un 35 por ciento en lo que va de año. Ésta es la historia de su acelerada decadencia.

Fueron las estrellas y ahora son las estrelladas. Un sustancial cambio de registro que se ha producido a una velocidad récord. Porque las participaciones preferentes fueron las grandes protagonistas en 2009 y ahora, tres años después, se encuentran en vías de extinción. Una decadencia acelerada que se ha forjado a golpe de errores y que, en el fondo, comparte muchas de las causas que han alimentado esta histórica crisis.

1. De la teoría: un producto conservador y rentable... En principio, las participaciones (o acciones) preferentes no son un producto demasiado sofisticado. Consisten en un título que lanza un emisor (empresa o entidad financiera) a perpetuidad para obtener financiación. A cambio, ofrecen a su comprador una retribución definida (más estable que el dividendo de las acciones normales y por tanto similar a la que ofrece la deuda) y la posibilidad de recomprar las participaciones al cabo de cinco años. Un producto, por tanto, confeccionado para inversores conservadores, que buscan tener una renta segura que llevarse al bolsillo.

2 ...a la práctica: ilíquido, arriesgado y para toda la vida. La realidad, sin embargo, difiere de esa descripción. Para empezar, porque la retribución que recibe el comprador está supeditada a que el emisor obtenga beneficios; si no los consigue, el inversor se queda sin premio. Al mismo tiempo, pueden pasar cinco años... y que el emisor decida no recomprar las participaciones. En ese caso, ¿qué puede hacer el ahorrador si pretende recuperar el dinero invertido (principal)? Puede acudir al mercado secundario, es decir, la plataforma en la que cotizan los títulos. Al dar ese paso afloran otros dos riesgos: que el precio haya caído desde su lanzamiento (es lo más normal) y que no haya inversores a los que vender las preferentes, con lo que se convierten en unos productos tremendamente ilíquidos. Y es entonces cuando adquiere todo su significado el hecho de que sean títulos perpetuos. Dicho de otro modo, es entonces cuando el inversor entiende que o las vende a un precio inferior al que las compró o cargará toda la vida con ellas. Y aún hay más: en caso de que el emisor quiebre, los titulares de participaciones preferentes son los penúltimos en cobrar, por detrás del resto de acreedores y sólo por delante de los accionistas.

3. Los pecados de la crisis: mal vendido, mal comprado. La brecha entre la teoría y la práctica cobra ahora todo su sentido, porque las preferentes se están estrellando tras ser las estrellas, un declive en el que la banca ha desempeñado un papel protagonista. Todo empezó en 2009. Con las entidades sintiendo la presión de la crisis tras la quiebra de Lehman Brothers, los bancos y las cajas españolas se lanzaron a emitir preferentes para obtener financiación. Además, servían para apuntalar los ratios de capital (Tier 1) de las entidades, puesto que se sumaban al capital y las reservas. Las preferentes, por tanto, mataban dos pájaros de un tiro: financiaban y reforzaban la solvencia.

Consciente de estas ventajas, el sector dedicó su red comercial a vender preferentes. Esta estrategia deparó que en 2009 se emitieran 13.552 millones de euros, según datos del mercado español de renta fija (AIAF), un récord absoluto. Uno de los pecados de la crisis, la venta indiscriminada de productos a los clientes (encajaran o no con su perfil y el producto que demandaban), emergió en ese momento con las preferentes como munición. Es más, según la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), esas malas prácticas vinieron para quedarse, puesto que el supervisor de los mercados españoles abrió seis expedientes en 2011 "por defectos en la comercialización" de estos productos.

Pero no fue el único pecado que las propulsó. En paralelo surgió otro: la condescendencia de los clientes. La falta de espíritu crítico y de suficiente formación financiera allanó el camino a los comerciales de las entidades. Según reconocen fuentes del sector, no fue inusual que un cliente que acudía preguntando por un depósito saliera luego con preferentes bajo el brazo. El hambre de las entidades, que necesitaban financiación, se combinó con las ganas de comer de los ahorradores, que se dejaban seducir por los mensajes de una rentabilidad superior que la de los depósitos.

4. La puntilla de la regulación: Basilea las degrada. El principio del fin de las preferentes llegó con la nueva normativa bancaria de Basilea III. Dos fueron los reveses que sufrieron. El primero, que vieron degradada su calidad: desde 2023, las preferentes ya emitidas no servirán para reforzar el Tier 1 de las entidades. Y el segundo, que para que las nuevas preferentes se contabilicen como capital estarán sometidas a una mayor discrecionalidad en el pago de los intereses; es decir, en el futuro habrá más supuestos -junto con las pérdidas- para anular la retribución, con lo que el producto se vuelve más arriesgado para el inversor y, por tanto, más caro para el emisor.

5. Cambio de 'cromos': el atajo más a mano para conseguir capital. Si Basilea III restó atractivo a las preferentes para las entidades, su ajusticiamiento se produjo con los nuevos requirimientos de capital exigidos por la Agencia Bancaria Europea (EBA, en sus siglas en inglés) en 2011. Las entidades españolas debían reunir más dinero para cumplir esas exigencias. Y ante las dificultades de encontrarlo en el mercado mediante ampliaciones de capital, encontraron de nuevo un filón en las preferentes, aunque esta vez a la inversa: si en 2009 las vendieron, ahora las recompran ofreciendo un canje, ya que las mutan por acciones o bonos convertibles. De este modo, cambian títulos que ya no computarán como capital por otros que sí lo harán. BBVA, Banco Santander, CaixaBank, Sabadell e Ibercaja ya han realizado estas operaciones y Banco Financiero y de Ahorros (BFA)/Bankia ha definido esta semana las condiciones de su canje -ver gráfico-. Por el momento, este cambio de cromos ha reducido el saldo vivo de preferentes en un 35 por ciento en lo que va de año, hasta algo menos de 20.000 millones.

Para los tenedores de preferentes, este viraje estratégico les deja dos alternativas. Por un lado, no aceptar las ofertas de canje, con lo que se quedarán con un producto ilíquido y con un precio a la baja. Y por otro, aceptarlas, con lo que pasarán a tener un título más líquido -acciones- y potencialmente más rentable que las preferentes... pero también con mucho más riesgo. Es decir, un producto totalmente diferente al que compraron en su día.

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