
Bolivia vivió un jueves caótico, con sus principales ciudades paralizadas por una huelga de transporte y protestas violentas contra un alza del 80% en los combustibles que, en algunos, casos provocaron 15 heridos y dejaron 21 detenidos.
En El Alto, la ciudad-dormitorio vecina a La Paz y principal feudo electoral de Evo Morales, se produjeron las protestas más fuertes, con la movilización de miles de personas que montaron barricadas con llantas quemadas y apedrearon edificios de organizaciones afines al mandatario, comprobó un periodista de la AFP.
A Morales, "así como lo hemos subido, igual le vamos a bajar", dijo a la AFP Patricia Coyo, una lavandera de 30 años que salió a bloquear las calles, en una situación que amenaza con desbordarse.
"Hay 15 policías heridos en El Alto, dos de gravedad; hay 16 detenidos en Cochabamba (centro) y cinco en El Alto", informó a la AFP el Ministerio de Gobierno, en un balance de los incidentes registrados durante la jornada.
Según informes parciales, los civiles atacaron a los policías con piedras, mientras que los uniformados respondieron con el uso de bombardas lacrimógenas y procedieron a detener a los revoltosos. También quemaron una bandera de Venezuela, intentaron incendiar un monumento del guerrillero Ernesto Che Guevara, incendiaron casetas de peaje y atacaron las oficinas de la aerolínea estatal BoA, además de las sedes de la Central Obrera y de los cocaleros.
La Paz, donde el Palacio presidencial era resguardado por militares, fue tomada en horas de la tarde por manifestantes. Estudiantes, transportistas, trabajadores y grupos cívicos tomaron las calles para expresar su descontento.
Un grupo de manifestantes que pugnaba por alcanzar la casa presidencial chocó con la Policía, que dispersó a la turba con gases lacrimógenos.
El transporte colectivo virtualmente había desaparecido desde temprano y la población tenía dificultades para trasladarse. En las tiendas, había largas filas de ciudadanos en busca de alimentos, que comienzan a escasear.
Otras ciudades como Santa Cruz de la Sierra, Oruro y Potosí se unieron a la protesta, al igual que los cocaleros, cuyo presidente gremial es el mismo presidente Morales.
"No estamos de acuerdo con el 'gasolinazo'. Mucha gente, mis compañeros de base, están disconformes por este incremento que nos afecta", dijo el dirigente cocalero Eulogio Franco.
Las protestas son contra un decreto anunciado el domingo pasado por el gobierno que subió el diésel un 73% y la gasolina un 83%. Desde entonces, los transportistas decidieron aumentos de hasta 100% en sus tarifas.
En un principio, el gobierno pretendió sin éxito reducir el aumento un 30%, pero el jueves Morales permitió que sean los transportistas quienes decidan sus tarifas, convencido de que la ley de oferta y demanda obligará a bajar los precios de los pasajes. Entre los transportistas "va a haber una competencia, van a hacer bajar las tarifas", dijo Morales.
El miércoles, el presidente justificó el alza en la gasolina, señalando que, al año, el país perdía 150 millones de dólares que se iban en combustible contrabandeado a los países vecinos.
Bolivia tiene un consumo de 35.000 barriles diarios de crudo y en 2010, sólo ha producido unos 4.500 barriles diarios. El faltante es importado de Venezuela o Argentina, principalmente.
Para mitigar el alza, Morales decidió un aumento del 20% en el salario de las Fuerzas Armadas, la Policía y en los sectores de salud y educación, además de incentivos a campesinos, seguros de cosecha y duplicación de primas para empleados oficiales.
La medida de Morales fue criticada por "neoliberal" por el ex vicepresidente indígena Víctor Hugo Cárdenas, un connotado opositor. "Con su mensaje y el gasolinazo ha desaparecido el Evo antineoliberal y antimercado y ha nacido el Evo y el gobierno neoliberales y sujetos a las reglas de mercado", dijo a medios locales.
En medio de la zozobra, hubo fuertes rumores el miércoles sobre un inminente 'corralito' (congelación de depósitos bancario), una depreciación del dólar de casi el 30% e incluso la confiscación de ahorros en dólares. "Les aseguro que no habrá ningún 'corralito' bancario, algunos medios engañan", dijo el mandatario en su alocución televisada.
El presidente de la Asociación Nacional de Bancos de Bolivia, Juan Carlos Salaues, aseguró "de una manera muy tajante" que "no hay ninguna medida que vaya a afectar al sistema financiero desde el punto de vista de la política monetaria".
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