Mapfre

La búsqueda de la rentabilidad social a través de nuestras inversiones

  • Mapfre ha creado el fondo Inclusión Responsable, invirtiendo en empresas que fomentan el acceso al trabajo de personas con discapacidad
  • El 90-95% de las empresas en las que invierte la aseguradora tienen calificación alta o muy alta en ASG

La sostenibilidad es un concepto que está en boca de todos. Las restricciones más duras vividas en el último año y medio han llevado a la gente, y especialmente a las grandes empresas, a tener una mayor concienciación sobre las Inversiones Socialmente Responsables (ISR).

No obstante, esta tendencia creciente en los últimos meses ya había sido captada mucho antes por compañías como MAPFRE que decidieron apostar por esta modalidad de inversión que persigue la rentabilidad social y financiera. Precisamente, fue el Grupo asegurador en 1965 el que, por medio de la firma de los estatutos fundacionales y asumiendo la responsabilidad social corporativa, se convirtió en uno de los pioneros en incorporar este término. Desde ese momento, la aseguradora no ha dejado de crecer de la mano de esta filosofía hasta actualmente "tener cierto liderazgo respecto a otras compañías", afirma José Luis Jiménez, director general de inversiones de MAPFRE.

La cultura del esfuerzo, el trabajo constante y el paso a paso han estado presentes desde sus inicios. Más recientemente, la crisis epidemiológica ha puesto de relieve la necesidad de centrar los esfuerzos en la huella social, que previamente había permanecido a la sombra de la defensa del medioambiente. Por ello, es más importante que nunca contar con un negocio fuerte, que se lleve a cabo de forma correcta, y así "devolver parte del beneficio a la sociedad", añade Jiménez.

Muestra de ello, la firma de seguros "ha movilizado más de 250 millones de euros durante la pandemia, además de donar al CSIC para el desarrollo de su vacuna contra el Covid-19 y crear el fondo Inclusión Responsable, invirtiendo en empresas que fomentan el acceso al trabajo de personas con discapacidad", sostiene el experto, quien subraya, además, que "hay que poner énfasis en todo esto para que las desigualdades no se amplíen".

Tras superar su propio índice de referencia, el fondo Inclusión Responsable se ha convertido en todo un ejemplo de rentabilidad social, "invirtiendo en empresas que apuestas por la inclusión de la discapacidad". Asimismo, el fondo Compromiso Sanitario, creado para financiar material sanitario en un momento tan crítico como la primera oleada, pretendía obtener un beneficio financiero y social, y tratando de minimizar el golpe de la crisis sobre la población española.

Bajo la lupa de los criterios ASG

La transparencia y el cumplimiento de los principios ambientales, sociales y de gobierno corporativo están a la orden del día. Muchas empresas ponen el foco en la ejecución de estos objetivos, añadiéndolos incluso a sus distintos vehículos de inversión. En el caso de MAPFRE, Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE Inversión, va más allá: "Nuestros productos no solo cumplen las siglas ASG, sino que también se adaptan a todo el rango de tipos de ahorrador".

En este sentido, admite que "el hacer las cosas bien está en el ADN de la compañía", ofreciendo productos que, además de ser transparentes y positivos para la sociedad, generan una rentabilidad. Este impacto social a través de las inversiones es lo que acaba configurando la Inversión Socialmente Responsable que, en palabras del economista, "es una parte intrínseca en la aseguradora".

Frente al greenwashing o eco postureo de algunas empresas, sostienen ambos expertos que el conocimiento académico es fundamental para apoyarse en todos los procesos. Así, acuerdos como el de la Universidad de Siena, que evalúa el impacto de las carteras sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, suponen un paso más en la apuesta del Grupo por la rentabilidad financiera y social.

Ante esta moda por defender de una forma superficial los postulados sostenibles y medioambientales, el director general de inversiones hace una lectura positiva en la medida en que las compañías se ven empujadas a actuar por la regulación: "Con que únicamente se lo planteen, ya es un avance respecto a hace dos décadas". Sin embargo, y haciendo referencia al Hipias Mayor de Platón (que amplifica el debate sobre la indefinición de la belleza), reconoce la complicada tarea de medir el compromiso de las firmas con los criterios ASG.

Mirando hacia un futuro mejor

Al fin y al cabo, cualquier pequeño paso hacia la consecución de las ISR importa. Más allá de la dificultad por cuantificar los esfuerzos en términos de sostenibilidad, es una realidad que las grandes corporaciones están poco a poco avanzando en la lucha contra el cambio climático y la reducción de la pobreza. Un ejemplo es MAPFRE, cuyos expertos apuntan que la cartera de inversión está contribuyendo positivamente a los objetivos marcados en la Agenda 2030, y se espera que esta dinámica se extienda al resto de compañías del sector.

La sostenibilidad es un camino que lleva ya muchos años, y más especialmente en la aseguradora, que ha dotado de un mayor protagonismo a los criterios ambientales y sociales sobre el propio balance: "El 90-95% de las empresas que invertimos tienen calificación alta o muy alta en materia ASG", añade Matellán. Pero esto no es un fin, sino un medio por el que el sector debe transitar y así configurar un mundo más sostenible para las siguientes generaciones.

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