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Siempre quedará la huella

Madrid, 11 feb (EFE).- Con pocos meses de diferencia, la Guardia Civil logró reactivar dos casos de asesinato que estaban a punto de prescribir y puso nombre y apellidos a unas huellas -dactilares y palmares- que han permitido esclarecer ambos sucesos y dejar patente que este método de identificación está más vigente que nunca.

Se trata del conocido como caso del Padre Coraje, en el que el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, creado en 1983, logró identificar un fragmento muy pequeño y de mala calidad de una huella que se dejó en un tetrabrick el supuesto asesino de un joven cosido a puñaladas en noviembre de 1995 en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Meses más tarde, el laboratorio de este servicio central del instituto armado identificó al presunto autor material de la muerte de un hombre cuyo cuerpo apareció decapitado 20 años antes en Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Una huella palmar ensangrentada ha mantenido al supuesto asesino en la cárcel, donde cumplía condena por otros casos.

Al igual que en otros métodos, como el ADN, los avances científicos han logrado mejorar las técnicas de identificación por huella, con cámaras de alta resolución o productos químicos que consiguen sacarla a la luz e identificar esos puntos característicos (generalmente doce) que la hacen única.

"La huella tiene vida y está vigente", enfatiza a Efe el brigada Moyano mientras intenta identificar las huellas en un arma corta y en un cuchillo.

Indicios que no son tan fáciles de borrar por mucho que crean los delincuentes, como aquel que en un gesto de chulería arrojó el guante que había usado encima del cadáver de su víctima. Su huella pudo identificarse dentro de la prenda.

El brigada lleva 26 años en Criminalística y ha sido testigo directo de cómo las nuevas herramientas han ido ayudando a mejorar los dibujos de la huella y, por tanto, a descubrir los puntos característicos para poder cotejarla en las bases de datos.

Aunque la huella permanece en el tiempo, las condiciones medioambientales determinan su grado de conservación. Si en el lugar donde se recoge hay saturación de humedad, la cresta se expande y se pierde información, y si ha estado sobre expuesta a pleno sol o en algún lugar con efecto invernadero, también se degrada porque la parte acuosa se evapora, explica el brigada.

Y si hay algo fundamental, es el exquisito cuidado que debe tenerse tanto en su recogida como en el transporte y en el soporte en que se traslada. Una cadena de custodia que la Guardia Civil intenta que se mantenga sin alteración alguna.

Hasta el laboratorio central de Criminalística llegó la huella palmar impregnada en sangre del supuesto asesino de Ejea de los Caballeros. La sargento primero Juanino participó en los trabajos de identificación de ese indicio que dejó el autor en la pared, donde probablemente puso la mano y tocó las salpicaduras de sangre que su acción había provocado.

Tuvieron que trabajar la sargento y sus compañeros sobre un pequeño fragmento de una de las tres regiones en que se divide la palma de la mano y dieron con el asesino.

Dice Juanino que al laboratorio central llega el mismo volumen de huellas dactilares que palmares. Con estas últimas los agentes expertos ya están igual de familiarizados.

Gracias a que el Sistema Automático de Identificación Dactilar (SAID) busca ahora también huellas palmares que antes permanecían anónimas, se han llevado a cabo muchas rebúsquedas de casos antiguos que están saliendo positivas, resalta Juanino.

Su compañero, el sargento Domínguez se dedica a la regeneración dactilar de apéndices en pésimo estado, carbonizados, putrefactos o momificados. Dependiendo de ello, se aplica una técnica u otra con el mismo objetivo: obtener un dibujo dactiloscópico para ponerle nombre a ese dedo o mano que llega al laboratorio casi descompuesto, sea por la causa que sea.

No es fácil, pero casi siempre se consigue, porque mientras quede un mínimo resto de tejido recuperable, los reveladores químicos, la tecnología y, por supuesto, la pericia del agente hacen el resto.

Domínguez asegura que "normalmente se consigue la reconstrucción" y cita casos en los que el laboratorio, que cuenta con una unidad móvil, ha intervenido, como el accidente de Spanair o el de un caza F-16 griego en Albacete.

El brigada Raúl se encarga de identificar las huellas anónimas recogidas en un hecho delictivo y cotejarlas con el SAID, donde hay almacenadas reseñas de unos 3 millones de personas. Utilice las identidades que utilice el delincuente, éste solo tendrá una huella, la que le identificará.

Aunque el sistema informático extrae de forma automática los doce puntos característicos, los agentes son los que los marcan con su ojo experto y los que examinan a todos los candidatos de la lista que el sistema ofrece ordenada por porcentaje de acierto.

Finalmente, es el experto quien decide, pero no lo hace solo; tiene que estar de acuerdo con un segundo especialista.

Raúl explica que la incorporación de España y otros 14 países europeos al tratado Prüm para compartir datos, ha permitido lanzar búsquedas contra los sistemas de esos estados e identificar cadáveres indocumentados o a autores de delitos.

La Guardia Civil, aseveran los cuatro agentes, no abandona nunca un caso y realiza búsquedas periódicas de los que permanecen aún sin identificar, porque la técnica de la huella es ahora "tan importante como lo fue al principio y lo será en el futuro", sentencia el brigada Moyano.

Sagrario Ortega

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