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La gestión política del caso agravó las secuelas de Quintana, según un perito

Barcelona, 25 abr (EFE).- La gestión política del caso Quintana y su continua exposición pública ha dificultado su capacidad de recuperación y amenazan con convertir en "crónicas" las secuelas psíquicas de la manifestante, según ha concluido hoy uno de los psiquiatras que la examinó.

El médico ha expuesto hoy las conclusiones de su informe en el juicio que se celebra en la Audiencia de Barcelona contra un subinspector y un escopetero de los Mossos d'Esquadra acusados de reventar el ojo a Ester Quintana con una pelota de goma en la manifestación por la huelga general del 14 de noviembre de 2012.

El psiquiatra ha afirmado que, pese a la mejora que la víctima ha experimentado en su estrés postraumático tras varios años de tratamiento psicológico desde que perdió el ojo, existen distintos factores que están "cronificando" sus secuelas psíquicas, entre las que destacan su "escepticismo" y el deterioro de su capacidad para confiar "en el mundo y en el ser humano".

Para el perito, transcurridos cuatro años desde los hechos, las posibilidades de recuperación de Quintana en ese sentido son escasas, dado que ha sido víctima de un "entorno complejo", en el que ha sufrido una "exposición pública" permanente en un asunto además "politizado".

Según el psiquiatra, el hecho de escuchar en los medios "afirmaciones inciertas de los estamentos políticos" y personas que ponían en duda su versión ha generado en Quintana "un escepticismo crónico" del que difícilmente podrá resarcirse, pese a que la mujer ha hecho esfuerzos por acudir a manifestaciones superando el trauma que su vivencia le causó.

En cuanto revive los hechos o algo se lo recuerda, ha añadido el perito, Quintana vuelve a sufrir las pesadillas que le atormentaron el sueño durante los meses posteriores a resultar herida, en los que tuvo que recuperarse de una severa depresión.

El médico ha afirmado que el 14 de noviembre de 2012 provocó además un "cambio identitario" en Ester Quintana, que "ya no es la persona que era", se siente mucho menos segura de sí misma y tiene una percepción de la realidad "dañada y cronificada" y de concepción del mundo como "algo injusto".

Entre las secuelas en autonomía y psicomotricidad que arrastra la manifestante, el médico ha señalado su incapacidad de conducir, ir en bicicleta o hacer viajes, además de dificultades para subir escalones o alturas, lo que la relega a permanecer en "entornos conocidos".

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