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Las 149 'embajadas' autonómicas compiten contra sólo 118 del Estado

La reforma de las Administraciones públicas que echó a andarla semana pasada marca como una de sus prioridades la eliminación de las denominadas embajadas autonómicas, y el trabajo se presenta complicado. No en vano las regiones mantienen abiertas 149 oficinas representativas abiertas en otros países, según el recuento más reciente, elaborado en abril pasado, con el que cuenta el Gobierno.

Según esas mismas fuentes, el número ha descendido desde las casi 200 que sumaban en 2009, al inicio de la todavía omnipresente crisis; ahora bien, su total sigue situándose notablemente por encima de las únicamente 118 delegaciones que tienen la responsabilidad de representar al conjunto de España en todo el mundo.

Es más, el otro brazo de la diplomacia española, el que se articula a través de los consulados, generalmente más numerosos que las embajadas, no logra superar en gran medida al gran despliegue internacional autonómico, dado que no pasan de 182.

La amplia presencia que mantienen las autonomías en el exterior llama todavía más la atención si se tiene en cuenta que, hace ya más de un año, recibieron un llamamiento del Gobierno, especialmente del Ministerio que lidera José Manuel García-Margallo, para que los Ejecutivos autonómicos integraran sus efectivos dentro de los propios de las embajadas, con el propósito de ganar en efectividad.

Entonces el proyecto de unificar lo que en Moncloa denominan la "acción exterior" estaba dando sus primeros pasos. Desde el principio, Cataluña y País Vasco dejaron clara su intención de desoír el llamamiento; no obstante, gran parte de las otras regiones sí que se mostraron dispuestas a colaborar y, de hecho, firmaron compromisos para echar el cierre a sus embajadas.

Con líneas rojas

Ahora bien, el proceso para llegar a las clausuras definitivas está siendo largo y, de hecho, las autonomías se están permitiendo poner sus líneas rojas. Una docena de ellas cuenta con una representación en Bruselas a la que no quieren prescindir, dado que, según defienden sus portavoces, permiten tener influencia directa en decisiones que les afecten directamente, por ejemplo, en negociaciones sobre pesca o sobre agricultura e industria.

Esa negativa va a ser difícil de salvar, en la medida en que las regiones ya han demostrado que tienen mucho que decir en la materia. Hasta el punto de que, en este mismo mes, el ministro García-Margallo anunció que su proyecto de unificar la Acción Exterior española sigue adelante, pero dejando en la cuneta el propósito inicial de estrechar el cerco a las autonomías, y no permitirles abrir este tipo de oficinas en caso de que sus cuentas muestren déficit excesivos.

La manga ancha de la que han disfrutado hasta el momento los Gobiernos regionales a este respecto, y de la que se siguen beneficiando, se demuestra también en el hecho de que no existe un control refrendado por Hacienda sobre cuánto gasto supone mantener abiertas esas casi 150 embajadas.

Cálculos oficiosos relativos a 2010 apuntan a un desembolso en el entorno de 150 millones de euros anuales en el caso únicamente de las oficinas abiertas en las principales capitales del mundo.

¿Y para qué necesita una comunidad autónoma estar presente en París, Nueva York o Moscú? La mayoría de sus embajadas sirven a fines comerciales. Por ello, a priori, debería resultar fácil integrarlas en los consulados en los departamentos económicos de las embajadas. Pero hay mucho más que hacer las veces de puerta de acceso de los empresarios de sus territorios a nuevos mercados.

No en vano existe también un porcentaje de ellas que sirven a otro tipo de propósitos más difíciles de determinar. De acuerdo con Moncloa, al menos 25 de las actualmente existentes responden a fines "políticos", sin especificar en mayor medida cuál es su alcance.

La Generalitat por el mundo

Así, por ejemplo, la Generalitat de Cataluña cuenta con cinco delegaciones de Gobierno: Estados Unidos, Alemania, Unión Europea (Bruselas), Francia y Reino Unido, informa en su página de Internet.

La tupida red de representación internacional del Govern se ve completada con las muy extendidos Centres de Promoció de Negocis, a los que se suman las oficinas de la Agencia Catalana de Turismo o las propias del Instituto Catalán de Empresas Culturales, entre un total de una decena de clases diferentes de organismos que representan a la región que preside Artur Mas ante otros países.

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