El poderoso presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que esperaba convertirse en primer ministro de su probable sucesor Dmitri Medvedev y esta dupla inédita se presenta llena de incógnitas y riesgos de tensiones.
Por un afán de "estabilidad", hacen campaña juntos. Y el programa electoral del delfín Dmitri Medvedev, de 42 años, actual viceprimer ministro, cuya victoria en las presidenciales del 2 de marzo no ofrece muchas dudas, se llama "Plan Putin". La imagen del futuro ocupante del Kremlin todavía está borrosa: hace gala de discreción cuando aparece al lado de su mentor, camina detrás de él o pone atención cuando Vladimir Putin expone su estrategia para Rusia hasta el 2020.
Medvedev tiene entonaciones casi idénticas a las del presidente saliente, los mismos gestos y lleva los mismos cuellos altos negros en las citas informales. "El principal objetivo de esta campaña es mostrar que Putin confía plenamente en Medvedev", subraya Nikolai Petrov, del centro Carnegie de Moscú.
Pero el delfín candidato ya le ha empezado a quitar protagonismo a su mentor en los telediarios y a veces se sale de su papel de número dos y demuestra que puede dar un golpe en la mesa y poner firmes a sus subordinados, como sucedió en un reciente desplazamiento a Jabarovsk.
"Por ahora, la lealtad de Medvedev ante Putin es sin límites", estima Olga Krychtanovskaia, especialista de las élites en el Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias rusa. "Medvedev es alguien sin brillo, pero lo mismo se decía de Putin hace ocho años. Sin embargo posee un equipo sólido de unos 40 fieles en Gazprom, en el gobierno y en el sistema judicial", dispuestos a apoyarlo en el Kremlin, añadió la analista.
El equipo del presidente saliente no está dispuesta a tirar la toalla. Algunos se preguntan si Putin se instalará en la Casa Blanca, sede del gobierno, lo que le obligaría a desplazarse para ir a "rendirle cuentas" al presidente. "En la tradición política rusa el que recibe es más importante que el que se desplaza", observa Krychtanovskaia, quien piensa que el futuro primer ministro podría conservar su oficina en el Kremlin.
Ese tándem esconde riesgos de inestabilidad. "¿Cuánto tiempo durará? El interrogante está abierto", sostiene Evgueni Volk, de la fundación Herencia. "Actualmente Medvedev depende por completo de Putin, pero la Constitución le garantiza amplios poderes, entre ellos el de destituir al primer ministro. Y en sus discursos posee ya acentos diferentes" (nada de diatribas contra Occidente, "menos Estado en la economía") añade Volk.
Tras las promesas y regalos electorales, el próximo presidente corre el riesgo de "verse enfrentado a un salto de la inflación. Será un gran problema que puede estar tentado de traspasar a su primer ministro, a quien puede destituir", añade.
Boris Kagarlitski, del Instituto de Problemas de la Mundialización, no cree en la duración de la dupla. "A lo sumo Putin será primer ministro durante un breve periodo transitorio, para poner a su sucesor al corriente de los asuntos del gobierno, antes de asumir la dirección de un gigante energético o militar, donde se concentra el poder real", estima.
Durante su última gran conferencia de prensa el jueves, Putin aclaró que no sería un primer ministro de transición. "Permaneceré en el cargo tanto tiempo como Medvedev sea presidente y si veo que obtengo los objetivos que yo mismo me fijé para ese cargo", dijo.
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