Claves para elegir con acierto una consultora de franquicia

Las ferias de franquicia son un buen escaparate o termómetro para conocer qué sectores centran la atención de inversores y emprendedores en cada momento.

Desde que comenzaran a celebrarse, los recintos feriales han sido testigos del apogeo de los más diversos sectores de actividad. Si bien muchos de ellos supieron mantenerse en el mercado, otros tantos experimentaron un crecimiento en número y popularidad tan fulgurante y sonado como su posterior caída.

Entre los sectores que en algún momento han llegado a estar más atomizados en los últimos años destacan el sector de las agencias de intermediación financiera y las agencias inmobiliarias, el de los centros de fotodepilación, los establecimientos de yogurt helado, los negocios de compro oro, las perfumerías de equivalencia, las tiendas de cigarrillos electrónicos y, más recientemente, el sector de los gimnasios de electroestimulación y tarifa plana, y las lavanderías.

Sobre este hecho, únicamente cabe hacer un llamamiento al sentido común y a la cautela del inversor o emprendedor con el fin de que éste realice un correcto proceso de selección a la hora de emprender bajo una marca u otra, eligiendo bien el sector -procurando optar por uno que tenga una demanda creciente, con un producto contrastado y competitivo- y eligiendo, finalmente, negocios sólidos y con capacidad de crecimiento a medio y largo plazo. Lo dicho, cautela y mucha información de valor y contrastada.

Pero, ¿qué pasa cuando esta misma proliferación se da en el sector de las asesorías de franquicia?, ¿cuando son las propias consultoras de franquicia las que copan el mercado de la franquicia en demasía y predominan en número por encima, incluso, de algunos sectores tradicionales de la franquicia?.

Decía Tagore que ?resulta muy fácil empujar a la gente, pero muy difícil guiarla?. En los últimos cinco años y de forma más acentuada desde 2012, estamos asistiendo a una proliferación sin precedentes tanto de las asesorías de franquicia como de los asesores de franquicia independientes. Y es que, en sintonía con el pensamiento del filósofo, cualquiera que haya tenido un cierto contacto con la franquicia o experiencia dentro de este sistema de comercio, se cree en disposición y con capacidad para orientar a otros; deducción errónea, ya que ser consultor de franquicia no supone sólo saber más que el potencial franquiciador, al que normalmente se le presupone un conocimiento alto de su actividad, pero bajo sobre la franquicia.

Ser un buen consultor supone tener capacidad para valorar las múltiples alternativas que implica el diseño y desarrollo de un proyecto de franquicia y elegir la mejor a todos los niveles -económico, jurídico, relacional, estructural, estratégico, etc.-.

Este intrusismo nos está llevando a que supuestos consultores en absoluto capaces se lancen a desarrollar proyectos de franquicia, obteniendo como resultado diseños imposibles y llevando a sus clientes a constituir franquicias insostenibles o inviables.

Los primeros de Europa: En España la relación entre centrales de franquicia y consultorías de franquicia es de un consultor o empresa consultora por cada 52. En Francia, la proporción es de uno por cada 160 franquicias, y en Inglaterra de uno por cada 210 cadenas.

Podríamos decir por tanto que por fin estamos a la cabeza de Europa en algo, pero lejos de resultar positivo, lo único que denota es un importante riesgo para el sistema en su conjunto. El buscarse la vida ha llegado también al ámbito de la consultoría de franquicia, subiéndose a su carro todo tipo de profesionales con muy escasa experiencia y sin importar lo que ello conlleve. El hecho de que el intrusismo esté tan poco mal visto y tan poco penalizado, supone un acicate para que cualquiera pruebe suerte, más si cabe cuando la formación general de los potenciales franquiciadores es baja.

Una elección acertada: a la hora de seleccionar una consultora de franquicia, el empresario o emprendedor debe realizar una serie de averiguaciones y valoraciones, entre las que cabe destacar los años de experiencia de la consultora y qué actividad ha desarrollado durante dicho período. También sería interesante saber cómo dio comienzo esa andadura.

Debe comprobar la trayectoria de la consultora a nivel de proyectos realizados, empresas asesoradas y resultados que se obtuvieron.

No debería evaluar exclusivamente la propuesta económica. Es mucho más relevante para el éxito final de su proyecto saber qué se ofrece a cambio y qué base de conocimiento hay detrás de dicha oferta.

Es preciso comprobar qué estructura tiene la consultora y la capacitación de sus profesionales.

Como en todos los ámbitos de la vida, debería prevalecer la honestidad y la buena fe por encima del beneficio económico a corto plazo. Elegir una consultora ética parece lógico si queremos que nuestra franquicia funcione de acuerdo a unos principios éticos.

Por último, si el proyecto puede tener una vertiente o proyección internacional, se debería comprobar si la consultora pertenece a estructuras supranacionales reconocidas dedicadas al mundo de la franquicia.

Podríamos concluir, por lo tanto, que cuando la consultoría es deficiente, lo normal es que tengamos un mercado deficiente, con cadenas de franquicia diseñadas incorrectamente y con escaso potencial de crecimiento, tanto a nivel nacional como internacional.

En definitiva, las consultoras son, somos, un catalizador de la calidad de los proyectos en los que intervenimos, con capacidad para desarrollar cadenas estables en el tiempo y generadoras de riqueza, pero también de provocar fracasos muy costosos y de imposible reconducción para franquiciadores y franquiciados.

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