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El auge inmobiliario en el Golfo: la fiebre se tralada a la arquitectura

Dubai crece a la misma velocidad que sus vertiginosos rascacielos. Ninguna otra ciudad ha ganado tanta notoriedad en tan poco tiempo y, al igual que en el Egipto de los faraones, la manera de llamar la atención es a través de una arquitectura megalómana. El viejo puerto que vivía del paso de caravanas entre Irak y Omán ha cambiado radicalmente de imagen y su transformación está lejos de acabar.

Vistos los proyectos en marcha, de los que la editorial Taschen da buena cuenta en el libro Architecture in the Emirates, Dubai seguirá siendo noticia durante muchos años. Difícilmente se superará la espectacularidad de las islas residenciales con forma de palmera o la del rascacielos más alto del mundo, pero aún quedan muchas sorpresas en los planos y, como tanto gusta hoy, llevan la firma de los divos de la arquitectura moderna. Es el conocido como efecto Guggenheim: ponga un edificio singular en su ciudad.

Cuando se inaugure la torre Burj Dubai dentro de un año, el emirato presumirá de tener un edificio de más de 700 metros; el siguiente en altura, la Torre Taipei 101 (Taiwan) sólo mide 509 metros. Sin embargo, esta cota no fue un deseo de la promotora local, Emaar Properties, sino del arquitecto; a Adrian Smith le parecieron pocos los 550 metros que le propusieron en un principio. Que se inspirase en la Ciudad Esmeralda del Mago de Oz -que no es más que un producto de las alucinaciones provocadas por las amapolas-, puede explicar este delirio arquitectónico. ¿Pero cómo se entiende que se haya planeado ya levantar en la ciudad un edificio aún más alto? ¿No se colmará nunca esta ansía exhibicionista?

La fiebre del Golfo

La fiebre del Golfo parece no tener cura. Aunque a falta de agua y vegetación, y con una vida social que ahora se puede empezar a calificar como tal, se tenía que apostar por algo insólito y grandioso si se quería convertir la región en el centro comercial más importante del mundo. En Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, también se sigue este modelo de crecimiento a marchas forzadas. El motivo de las prisas es que se han hecho cálculos precisos: su fuente de financiación, el petróleo, se agotará en el año 2046, y en ese tiempo hay que cambiar de arriba a abajo -o mejor, de abajo a arriba-, un modelo económico que sólo se ha preocupado hasta ahora de explotar el subsuelo. Con crecimientos anuales en torno al 10 por ciento y un PIB per capita de 49.000 dólares, equivalente al de los países desarrollados, no había hecho falta preocuparse del futuro.

De nuevo con la mirada puesta en el cielo, entre los nuevos proyectos de Dubai destacan otros suntuosos inmuebles como el Pentominium, que con sus 516 metros será el complejo residencial más alto del mundo cuando se ponga el último ladrillo en 2011. Un nuevo récord en la lista. Desde luego, su aspecto será impresionante: seis estructuras de cinco plantas se unirán a su estilizado tronco exhibiendo jardines colgantes. No obstante, este guiño al pasado no debe llevar a engaños. En la mayoría de los casos, con estos proyectos se hace tabla rasa sobre las tradiciones y se llega a resultados poco armoniosos.

Lo mismo puede decirse de las tres sinuosas torres Signature que la iraquí y premio Pritzker Zaha Hadid ha diseñado en la Bahía de los Negocios. Dialogan entre sí elevándose con un escorzo imposible, ¿pero lo hacen con su entorno? Eso sí, lo que no falta en todas las memorias es el capítulo que hace referencia a la sostenibilidad de la obra. Todas parecen ser eficientes energéticamente, como si los 50 grados centígrados que se alcanzan en verano no fueran mayor problema para comercializar pisos, villas y oficinas.

Nuevos barrios y ciudades

En competencia directa, se están proyectando en Abu Dhabi barrios, distritos, islas e incluso ciudades enteras, recreadas en infografías propias de una película de ciencia ficción. Ahí está implicados popes como Norman Foster, Tadao Ando, Frank Gehry, Jean Nouvel o Zaha Hadid, que parece profeta en su tierra después de largos años de residencia en Londres. Estos cuatro últimos participan en lo que se podría calificar el proyecto urbanístico más ambicioso del mundo: Saadiyat (la isla de la felicidad). Ghery ya ha esbozado allí un nuevo Guggenheim y, junto a este museo, se abrirá en 2012 una sucursal del Louvre.

Esta inédita inquietud cultural no puede menos que sorprender a ojos occidentales, que suelen imaginar la zona como un desierto en su más amplio sentido. Pero en el caso de la península de Qatar no es del todo impostada. Es ahí donde surge la señal de Al Jazeera y donde un primo del emir se gastó 2.500 millones de dólares de las arcas públicas en obras de arte. Se proyectaron cinco museos para acogerlas, del que sólo tiene garantía de viabilidad el de arte islámico encargado a I.M. Pei. Además se sondearon a Calatrava e Isozaki, pero diversas irregularidades detectadas en la compra de las piezas propiciaron el arresto del primo del emir. Como consuelo, queda en pie la erección de un rascacielos que Jean Nouvel ha recubierto de una malla para evocar una celosía. Pero, ¿serán suficientes este tipo de arabescos para atraer aquí a capitales y gentes de todo el mundo?

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forum Comentarios 1

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n0n
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En vez de deslumbrar, al menos a mí, este tipo de obras me causan carcajadas y después vergüenza ajena.

Que palurdismo y que tonterías hacen los nuevos ricos sin principios ni formación.

Cualquier día hay un terremoto (o maremoto) y se les viene la tontería abajo, que formas de provocar jajajajaja.

Cuanto cutrerío anda suelto.

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