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La tercera revolución: Internet industrial

  • La productividad por la tecnología será determinante

La mayor parte de los esfuerzos en innovación en el pasado han estado orientados o propiciados por los negocios de consumo. La próxima década, sin embargo, promoverá una nueva era con un mayor protagonismo de las empresas industriales.

Internet industrial es un sistema tecnológico abierto y global en el que se combinan todo tipo de sistemas (que incorporan innumerables sensores), conectados a la red, con el diagnóstico avanzado, software y capacidades analíticas para lograr que las operaciones sean más eficientes, además de estar estratégicamente automatizadas.

El antiguo concepto de la relación entre máquinas y el software se transforma y, ahora, mediante sistemas estandarizados, abiertos y a gran escala la posibilidad de predecir incidencias y anticipar intervenciones correctivas incrementa exponencialmente la rentabilidad (productividad y eficiencia energética) de las actividades productivas.

El diseño, la fabricación de productos y lo que estos pueden hacer está cambiando drásticamente, como también las redes de suministro y distribución, haciéndolas más rápidas, flexibles y resistentes a los fallos, permitiendo al ser humano liberar su creatividad e iniciativa empresarial.

General Electric (GE) estima que hasta 2030 la aplicación de sistemas de Internet industrial podría suponer ahorros superiores a los 63.000 millones de dólares en el sector salud, más de 30.000 millones en la industria aérea y más de 66.000 millones en el sector energético. Además, prevé aportaciones de 2,2 billones de euros al PIB europeo en 2030, y de entre 91.000 y 150.000 millones de euros al de nuestro país.

En la actualidad, y gracias a Internet industrial, una aerolínea puede monitorizar en tiempo real, mediante diferentes sensores, las prestaciones de las aeronaves, elaborar diagnósticos y anticipar averías o paradas imprevistas. Asimismo, existen sistemas integrados que evalúan sus operaciones y detectan oportunidades de mejora en sus procesos, que llegan a reducir el consumo de combustible hasta un 2%, con ahorros anuales para una línea aérea de tamaño medio de hasta 20 millones de dólares. Otro ejemplo: en el Hospital Monte Sinaí, la integración y gestión de 16.000 dispositivos y 60.000 pacientes en tiempo real ha conseguido mejorar la asignación de recursos y la rotación de pacientes en más de un 20%.

El sector industrial ha entrado en una era en la que los datos de las máquinas crecen al doble del ritmo que cualquier otro segmento del big data. Y aunque su desarrollo se basará en la tecnología, el cambio real dependerá de la disponibilidad del talento. En este contexto, Europa competirá con otros países y regiones del mundo por un capital humano adecuadamente formado, lo que requerirá importantes reformas laborales y estructurales para facilitar la movilidad de profesionales y atraer a expertos. Este reto es una gran oportunidad para España y para Europa: se prevé que en los próximos 20 años haya 50 millones de vacantes sin cubrir en la UE en este ámbito.

Este nuevo sistema propiciará, además, una diferente distribución industrial en el mundo, porque la tecnología ya está permitiendo desplazar la producción a aquellos lugares que ofrezcan las mejores condiciones (disponibilidad de talento, facilidad de integrar la innovación, infraestructuras tecnológicas, energía competitiva), y no sólo los menores costes laborales, y acercar la fabricación a los mercados a los que se sirve. En este sentido, será más determinante la productividad generada por la tecnología que la competitividad derivada de otros factores como, por ejemplo, la bajada de salarios.

Asimismo, la inversión privada en Internet industrial se centrará en aquellos países y regiones que hayan creado un entorno que propicie su desarrollo y la disponibilidad de mano de obra cualificada. La clave del éxito residirá en el establecimiento de planes educativos y de inversión que reduzcan la distancia entre la formación académica y las necesidades de las empresas.

No está todo hecho y hay retos importantes que afrontar. La velocidad del cambio es muchas veces más rápida que nuestra capacidad de adaptación, pero si queremos aprovechar esta nueva forma de entender la industria no solo debemos actualizar las máquinas, sino también las infraestructuras en las que operan y los profesionales que las gestionan.

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