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Todos somos embajadores de Marca España

  • Los exportadores precisan una preparación exigente para tener más rendimiento

Arabia Saudí, Panamá, Marruecos, Gran Bretaña y tantos otros son destinos con los que se han atrevido las empresas españolas. Es una tendencia creciente no detenerse ante las fronteras y así lo corroboran los cientos de empresas que con marca renombrada o sin ella, se vuelcan hacia el mercado exterior. En estos días estamos viendo cómo el índice de confianza en la Marca España crece y con una curva pronunciada. Sin duda, ya hay datos que hace que crezca la fe en nuestra proyección exterior: la prima de riesgo en 120 puntos, nuestro país dentro del ranking de los principales destinos de inversión del mundo y las empresas de infraestructuras españolas ganaron licitaciones por valor de más de 50.000 millones de euros en 2013.

Si hacer negocios fuera de España es algo habitual para muchos emprendedores empresariales que han visto en los mercados vecinos o incluso remotos la mejor vía para crecer, también es frecuente en el quehacer diario del directivo español de multinacional tener que tratar con colegas de otros países en complejos entornos organizativos globales. Son los efectos de la globalización.

Me resulta admirable cómo los empresarios españoles se desenvuelven con solvencia en otros entornos culturales. Constato, sin embargo, que no existe una verdadera preparación en mundología que acompañe la faceta mercantil allende las fronteras, navegando por turbulentas aguas sin más recursos que las ganas de llegar a su destino y salir adelante. Orgullosos de lo que representan son capaces de avanzar, de conseguir logros. En definitiva, de triunfar. Sin duda, proporcionan una imagen sólida. La empresa española ha alcanzado la mayoría de edad en muchos sectores y la creatividad de nuestras soluciones y la calidad de los servicios ofrecidos están en la vanguardia internacional. Y, de modo general, también nuestros directivos se cotizan en empresas de todo el mundo. Hoy es fácil encontrarse con un español en comités de dirección de grandes empresas multinacionales y paulatinamente también en Consejos de Administración.

¿Qué elementos favorecen esta situación? La cultura española, ese modo de hacer y de relacionarnos con el mundo, pese a los complejos de inferioridad arrastrados en los últimos siglos, o precisamente gracias a ellos, proporciona una singularidad. El español es generalmente bien recibido, se integra de forma natural en otras culturas, no en vano tenemos la secular y extraordinaria experiencia americana como parte de nuestro ADN, y nos permite desenvolvernos no solo y como es indudable en los países hermanos de Latinoamérica, sino en gran parte del mundo. Simultáneamente, formar parte también de la Unión Europea nos ha convertido, y esto es un fenómeno en aumento, en ciudadanos universales. Nos ha proporcionado un ámbito de seguridad que ha reforzado nuestro arrojo y que se complementa con unos niveles de formación extraordinarios de las últimas generaciones. El equipaje que proporciona la riqueza de nuestra cultura, el alto nivel formativo, la necesidad de crecer hacia afuera entronca bien con el intrincado mundo de los negocios internacionales. Y proporciona al trotamundos español esa habilidad natural para empatizar, para hacerse entender en la diversidad.

Como contrapunto, toda esta aventura transcurre usando una lengua que no es la nuestra. El inglés, esa asignatura pendiente. ¡Cuánto más fácil lo tendríamos si domináramos realmente la lengua de Shakespeare! Y yendo más allá, podemos plantearnos cuestiones como ¿qué espera la sociedad saudí de las grandes inversiones en infraestructuras liderada por empresas españolas? ¿Cómo contentar a los políticos panameños de la inversión española en su gran "obra"? Y qué decir de los ciudadanos británicos, que contemplan a empresas españolas gestionando y diseñando sus aeropuertos. Este tipo de asuntos exceden la mera gestión empresarial y desde luego ha de acompañarse con la acción exterior del gobierno, pero es protagonizada en el día a día por personas de carne y hueso.

Apelo a una mayor concienciación sobre el impacto de nuestras acciones a nivel personal, una mayor finura cuando nos relacionamos en un mundo global. La palanca bien puede ser una preparación exigente que refuerce nuestra sensibilidad en cuestiones históricas, culturales, políticas, sociales? además de en las empresariales, todo lo cual nos dará más efecto en el toque.Sin duda las nuevas generaciones de Erasmus, el mejor conocimiento de idiomas y la valiente iniciativa exportadora nos introducirá en otra dimensión. Mientras tanto la responsabilidad y esfuerzo individual nos ayudará a consolidarnos. Todos somos embajadores de la marca España.

Andrés Fontenla, Fundador de Fontevalue.

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