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Antonio Papell: Réquiem por la sanidad universal

El pasado martes, el BOE publicó el decreto ley "de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones".

Veintiséis años antes se promulgaba la Ley General de Sanidad, cuyo primer artículo declaraba con solemnidad que "son titulares del derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria todos los españoles y los ciudadanos extranjeros que tengan establecida su residencia en el territorio nacional".

Después de un largo camino que hundía sus raíces en el régimen anterior, la democracia consagraba definitivamente la universalidad del derecho a la asistencia sanitaria. Ahora se nos ha explicado, y con argumentos razonables aunque opinables, que el modelo no era sostenible. Es decir, ya no se trata de alegar la herencia recibida para justificar recortes, que lógicamente hubieran debido ser revertidos una vez amortizada la referida herencia, sino de que este país no puede permitirse estructuralmente tanta generosidad en la concepción de la sanidad como un servicio público universal, gratuito y de calidad.

De acuerdo con esta tesis, el llamado copago -la financiación compartida público-privada- de algunas prestaciones, preferentemente farmacéuticas, parecía la solución. También era lógico emprender una lucha contra el fraude y la picaresca. Pero lamentablemente se ha ido más allá, y en un aspecto muy destructivo: el de la universalidad. Ahora, sólo tienen derecho a la asistencia sanitaria "aquellas personas que ostenten la condición de asegurado".

Como es sabido, los inmigrantes en situación irregular, los mayores de 26 años no cotizantes, los divorciados sin ingresos, etc, pueden quedar fuera del alcance del sistema sanitario. El ahorro que producirán estas exclusiones no es significativo. Por lo que es difícil de entender que, con el pretexto de la austeridad, el Gobierno haya querido arrogarse esta histórica mutilación de uno de los pilares más entrañados del Estado de bienestar.

Antonio Papell. Periodista.

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Comentarios 6

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Pierre
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Los políticos cuando hacen una ley deberían poner en ella los medios de financiación. No hacerlo es simple demagogia. ¿De donde salen los recursos?

El bajísimo nivel de nuestra clase política nos ha llevado a la ruina. En España se mete a político el tonto de la clase y así nos va.

Puntuación 9
#1
jose
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para ser politico en spain solo se necesita el dni, una espalda muy ancha y un estomago mas grande aun

Puntuación 7
#2
ya
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Nunca fue universal:

http://elpais.com/diario/2010/06/28/sociedad/1277676003_850215.html

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#3
Genjuro
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El objetivo que se persigue con esta medida es eliminar el concepto de 'universalidad'. Es cierto que de momento las personas que quedan excluídas no significan un coste significativo para la administración pero una vez eliminada la universalidad de la sanidad los gobiernos neoliberales ya tienen vía libre para ir expulsando a otros colectivos de la sanidad pública.

Atención porque ya se comienzan a escuchar voces de expulsar del sistema de sanidad público a las rentas altas forzándolas a que contraten seguros privados que a fin de cuentas es el objetivo final de todo esto. Privatizar la sanidad y que la élite que dirige al gobierno se llene las manos de oro con la operación.

Puntuación 1
#4
Genjuro
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#1, estoy de acuerdo contigo, el bajo nivel de la clase política los incapacita para tomar sus propias decisiones y finalmente resulta que están rodeados de asesores del mundo empresarial que son los que acaban tomando las decisiones.

Sería preciso una clase política profesional que previamente haya demostrado su valía y con sueldos a la altura de directivos de alto nivel.

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#5
CortitosCortitos
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1 y 5, pero no olviden que la clase politica es la imagen del pais que representan y el nivel de exigencia que tenemos los paganinis de siempre.

Viendo en ambos lados los casos de des-infomardos que tienen ,y les estan o estamos aplaudiendo con las orejas pues que vamos a esperar ?

Puntuación 3
#6