Especial Empresas América

Una Agenda común para unos retos compartidos

Cristina Gallach, Secretaria de Estado de Asuntos Exteriores y para Iberoamérica y el Caribe. Foto: Archivo.

La crisis del coronavirus ha elevado a lo más alto el nivel de exigencia para España y América Latina y el Caribe. Siempre hablamos de nuestra "relación especial" y de nuestra identidad iberoamericana, que complementa nuestra identidad europea. Si la amistad es, como escribió Gabriela Mistral, "entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria: es decir, fidelidad", entonces ha llegado la hora de demostrarnos esa fidelidad mutua y afrontar juntos este golpe.

Siempre subrayamos la importancia de nuestra relación económica. Después de Europa, América Latina es el segundo destino de la inversión directa española, con más del 30% del stock. Nuestras empresas generan centenares de miles de puestos de trabajo y desarrollo socioeconómico en sectores diversos. Y nuestro país, pese a las dificultades, es un actor importante en la cooperación al desarrollo y el impulso a la comunidad iberoamericana.

En el contexto de la pandemia global, debemos ser ambiciosos y lograr que las relaciones que nos unen con la región sirvan para salir de la crisis económica y social en ciernes. Nuestra visión es alcanzar juntos el cumplimiento de la Agenda 2030 y de todos sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta es nuestra guía irrenunciable.

Una de las prioridades consiste en calibrar el impacto de la crisis sanitaria y los graves riesgos económicos, sociales y políticos. Los organismos financieros y la Cepal auguran fuertes contracciones de estas economías, de en torno al 5%, la mayor desde que existen registros. Esta perspectiva se une a una década previa de bajo crecimiento económico -del 0,4% entre 2010 y 2019, según la Cepal-, que ha disminuido la capacidad de reacción de los países latinoamericanos.

Existe un claro riesgo de que la crisis dispare las tasas de pobreza. Según la Cepal podría aumentar 4,4 puntos, pasando de 186 millones de personas a casi 215 millones. Con ello, se desandaría el camino avanzado en las últimas décadas y, de no revertir estas tendencias, los gobiernos pueden sufrir una creciente presión social que podría dificultar la generación de consensos necesarios para la reconstrucción.

A esto se añade la dependencia de las economías de la región respecto a la inversión extranjera directa, las remesas y los flujos turísticos, además de la informalidad de la economía. Si sumamos la difícil coyuntura internacional esperable, estamos ante una situación sin precedentes que exigirá medidas ambiciosas. Medidas que permitan que además se refuerce el multilateralismo, contribuyan a un nuevo contrato social y a la transición ecológica.

Tenemos que trabajar por una movilización económica y empresarial en sectores clave como la digitalización, ciencia, e innovación, en áreas como salud, energía, agua y saneamiento, movilidad, con una visión de equidad, sostenibilidad, y transición energética.

Igualmente, la crisis abre un nuevo universo en el ámbito tanto de la cultura como de la educación superior. Tenemos el inmenso reto de reinventar ambas, de manera que todos y todas tengan acceso. Y será fundamental también reforzar las instituciones y la democracia. La pandemia las está poniendo a prueba cuando hay importantes reformas pendientes.

Hemos de pensar y actuar en grande. Juntos podemos articular alianzas para que el G20 y las instituciones financieras garanticen a los Gobiernos el espacio fiscal para actuar con eficacia. Debemos propiciar, con la complicidad europea, un salto cualitativo en la influencia de Latinoamérica. Me refiero a las reformas necesarias del sistema de Naciones Unidas; de la OMS; de la Organización Panamericana de la Salud; la defensa de los grandes pactos por la igualdad de género y el Acuerdo de París; o la definición del nuevo mundo digital. Para España y para Europa, implicar a América Latina en la gobernanza global ya no es una opción: la crisis del COVID-19 la ha convertido en una necesidad.

Todo está cambiando muy rápido. En América Latina, como en otras partes del mundo, se van a manifestar fracturas clave del mundo poscovid: entre nacionalismo y cooperación global; entre democracia y autoritarismo. En este tablero, nos jugamos mucho en reforzar la relación estratégica birregional entre la UE como actor global y la región. Hemos de cooperar para apuntalar un modelo social sostenible, superar las actuales crisis regionales, y ganar así tracción geopolítica en relación con otras potencias como EEUU y China.

Afrontemos pues juntos, con verdadera amistad, los retos del momento.

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