España

Más debate sobre Españistán: buscando las causas de la burbuja inmobiliaria

Imagen del vídeo Españistán, este país se va a la mierda de Aleix Saló.

José Luis Ruiz Bartolomé, autor del libro 'Adiós ladrillo, adiós', comenta hoy en su blog la primera parte del cortometraje animado del dibujante Aleix Saló. Ayer analizó la segunda parte del exitoso vídeo que cuenta la historia de España desde 2005 hasta nuestros días y que promociona el cómic 'Españistán, este país se va a la mierda'.

Según Ruiz Bartolomé el dibujante ha entendido bien la naturaleza del boom inmobiliario. Pero si este boom comienza para Saló en 1998 con Aznar, el neoliberalismo, la ley del suelo y las privatizaciones como culpables, José Luis Ruiz Bartolomé explica por qué cree que esto no es exacto.

Ruiz Bartolomé cree que "la España que heredó Aznar del felipismo era muy parecida a la que tenemos hoy", con un paro del 24% y un pesimismo en la sociedad semejante. El Gobierno de entonces apostó por dos recetas: "privatizar empresas públicas -que en buena parte eran deficitarias y lugar común de corruptelas y enchufes- y la aplicación de un programa de austeridad profundo". Medidas que para el autor aumentaron la credibilidad española a nivel internacional.

En palabras de Ruiz Bartolomé no se puede hablar de un boom inmobiliario entre 1996 y 1999, aunque sí es cierto que se dió "una fuerte creación de empleo desde 1994 en adelante" y apareció un optimismo renovado que hizo que aumentara algo la demanda de vivienda.

En cuanto a la Ley del Suelo, el autor cree que no influyó en el boom porque "no era tan liberalizadora", ya que sólo liberalizaba la clasificación del suelo. Y en cuanto a la "privatización del mercado del suelo", el autor cree que no es ninguna novedad y se pregunta si "¿es que antes era de dominio público?" para concluir que se trata de "un mercado intervenido antes, durante y después".

¿El spanish dream?

La voz en off del vídeo de Saló decía lo siguiente: "Si cambiamos el suelo rústico en urbanizable, será más barato, se invertirá más y así se construirán más casas y bajarán los precios y los jóvenes se podrán comprar una vivienda". Para Ruiz Bartolomé esto sólo sería así "si la liberalización del suelo fuera realmente efectiva" y los criterios de financiación de la banca "se mantuviesen".

Según el vídeo de Saló lo que ocurrió entonces fue que "el precio de la vivienda se disparó en lugar de bajar, por que se tasaba en función de sus expectativas, lo cual atrajo a especuladores". Algo inexacto en opinión de Ruiz Bartolomé ya que "apunta a la banca (dueña de la mayoría de tasadoras del país) y a quien la regula, el Banco de España. Lo correcto sería decir que la banca utilizó las tasaciones para justificar la relajación de los criterios de concesión de hipotecas".

¿Culpa de la Reforma laboral?

La voz en off del vídeo de Saló relata que "en 2002, el ritmo de la construcción se había disparado. De nuevo el dios del neoliberalismo le reveló a Aznar una nueva 'Reforma Laboral': si se reducen los derechos laborales, será más atractivo contratar y, por tanto, se reducirá el paro. Así, los jóvenes abandonaron los estudios para trabajar (...)".

Pues bien, para Ruiz Bartolomé son ciertas todas las afirmaciones, pero lo que no es tan cierto es que " la causa de todo ello fuera una reforma laboral, máxime cuando el 'decretazo' apenas se mantuvo cuatro meses y medio en vigor".

En definitiva la conclusión que saca José Luis Ruiz Bartolomé es que "inducir a pensar que en el origen del boom está la Ley del Suelo de Aznar es, cuando menos, inexacto e injusto". Del mismo modo que también lo es "atribuir a una reforma laboral abortada el hecho de que algunos jóvenes abandonaran los estudios para incorporarse al mercado laboral".

Pero para ser justos con el vídeo de humor de Aleix Saló, Ruiz Bartolomé asegura que no puede estar más de acuerdo con "que la desgravación fiscal estuvo de más, especialmente a partir del año 2000" y "que el sector fue un escenario perfecto para blanquear dinero". Teniendo en cuenta que el cortometraje dura escasos siete minutos, que es ameno y divertido, y partiendo de la dificultad que tiene intentar mostrar una realidad compleja de una manera sencilla, ahora juzgue usted mismo.

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