Empresas y finanzas

Dexia: crónica de un descenso al infierno

Casi tres años después de su primer rescate, el banco franco-belga está derrotado; sus dirigentes y poderes públicos han luchado sin poder evitar su desmantelamiento.

El modelo incierto de Dexia no ha sobrevivido a la crisis del verano. En algunas semanas, el "único banco auténticamente europeo", como gustaba calificarlo su antiguo jefe Pierre Richard, ha tenido que ser desmantelado para evitar su implosión. Crónica de una carrera contrarreloj.

Lunes 12 de septiembre

El momento es grave. Mientras se esperaba al ministro de Economía, François Baroin, en una reunión del G-20 en Estambul sobre materias primas, tuvo que convocar de urgencia en Bercy al director general de la Caja de Depósitos (CDC), Augustin de Romanet, y a su número dos, Antoine Gosset-Grainville. ¿El motivo? Dexia se encuentra al borde del abismo. Los mercados ya no quieren prestarle dinero. Para pedir préstamos, el banco debe pagar de cuatro a cinco veces más caro que sus pares alemanes.

En realidad, la crisis se gesta desde que Standard & Poor's puso al banco bajo vigilancia, el día 23 de mayo. Pero no aparece una solución viable. A final de agosto, los Estados belga y francés mandaron al administrador delegado de Dexia, Pierre Mariani, para preparar un desmantelamiento progresivo. Pero la desconfianza de los mercados no le dejó tiempo: la asfixia era inminente. En Francia, el banco corre el riesgo de arrastrar en su caída a las corporaciones locales. El Gobierno francés solo contempla una opción: retirar del grupo la actividad de financiación de corporaciones locales desarrollada por Dexia Crédit Local (DCI) y acoplarla a la Caja de Depósitos para tranquilizar a los inversores.

Augustin de Romanet y Antoine Gosset-Grainville plantean inmediatamente una condición: la Banque Postale debe participar en la operación. Para ellos, la actividad de financiación de las corporaciones locales exige la profesionalidad de un banco. En este contexto, la filial bancaria de La Poste, de la que la caja es accionista desde la primavera, es un socio natural. No hay elección. El dispositivo de negociación se pone en marcha: Pierre Mariani, Philippe Wahl, presidente del directorio de La Banque Postale, y Antoine Gosset-Grainville se reunirán a diario bajo la tutela del comisario de participaciones del Estado, Jean-Dominique Comolli, hasta el final de las negociaciones el pasado domingo.

Sábado 24: René Ricol 'media'

Pierre Mariani espera que las elecciones al Senado aceleren el acoplamiento de la actividad francesa de Dexia a la Caja de Depósitos. Cuenta con el enfado de las corporaciones locales para presionar al gobierno. Pero, en la víspera de la votación, las conversaciones entre la Caja de Depósitos, La Banque Postale y Dexia se encuentran en un callejón sin salida. Las tensiones se centran en el riesgo que tiene Dexia Municipal Agency (DMA), el vehículo de refinanciación del banco franco-belga. Éste posee en efecto un stock de 77.000 millones de euros en préstamos a las corporaciones locales, de los que una parte importante representan fuertes riesgos de contencioso.

Dexia Crédit Local posee asimismo la cartera de obligaciones heredada de la crisis, que supera los 100.000 millones de euros y está compuesta de activos difíciles de vender. Jugándose su cabeza, Augustin de Romanet se niega a recuperar esta cartera, que amenaza la solidez de la caja. Por los mismos motivos, el Estado excluye aportar su garantía. "El perímetro de la transacción, su precio, los compromisos de quedarse con el stock de préstamos a las corporaciones locales incluidos en el seno del vehículo de refinanciación?: todo conducía al bloqueo", resume uno de los actores de la negociación.

El sábado por la tarde, piden a René Ricol que acuda al rescate en Bercy. El comisario general para las inversiones, antiguo mediador del crédito, se extraña del número de asesores que asisten a las partes. Hay más de cien personas alrededor de la mesa, cuando aún no se han resuelto los puntos duros de un acuerdo. Hace salir al ejército de asesores. "Había que plantear los problemas con los que tomaban las decisiones, antes de discutir las soluciones", resume su entorno. El día siguiente, ante la sorpresa general, el mediador resuelve a favor de la Caja de Depósitos: ningún inversor inteligente se quedaría con un stock de préstamos de riesgo sin garantía.

Jean-Dominique Comolli lo llama al orden. "Escucha, René, llevas aquí dos días, nosotros llevamos trabajando tres semanas en esta solución, no es para cambiar ahora." A medianoche, las conversaciones siguen en un callejón sin salida. Mientras "perdemos pie", cuenta un banquero, las negociaciones continúan durante toda la semana siguiente. René Ricol pone cordura entre Bercy, que acusa a la Caja de Depósitos de poner trabas, y esta última, preocupada por sus intereses.

Lunes 3 de octubre

A primera hora del día, Moody's coloca las notas de Dexia bajo vigilancia negativa, lo que provoca un descenso de la cotización de más del 10%. El banco pierde inmediatamente el acceso a 25.000 millones de euros de financiación no securizados. La muerte de la entidad bancaria está próxima: su completo desmantelamiento debe acelerarse. Sus dirigentes convocan una reunión del consejo de administración de emergencia para someterle el testamento del banco franco-belga. En realidad, su ejecución se inició durante el fin de semana. Informado de las intenciones de Moody's, Pierre Mariani tomó un vuelo el sábado con destino a Doha con objeto de preparar la venta del Banco Internacional de Luxemburgo (BIL), filial de Dexia, a un fondo de Qatar.

A la mayoría de los dieciocho administradores del banco, les ha pillado desprevenidos, hasta el punto de que los representantes franceses no han tenido tiempo de acudir a Bruselas. La reunión del consejo de administración empieza a las 20.00 horas, con la mitad de los administradores conectados por teléfono.

Unas condiciones execrables que no predisponen a la cooperación. "Ha estado movidito", reconoce un administrador. En la presentación del plan de desmantelamiento, los belgas y los administradores independientes casi se caen de la silla. "Vamos hacia un bank run", se inquieta uno de ellos. Pierre Mariani confirma que la fuga de depósitos ya ha comenzado en Bélgica. "Necesitamos una garantía de los Estados", sostienen en varias ocasiones. Pero los representantes del Estado francés no quieren saber nada. "Se consideraría como un compromiso del Estado", explica Olivier Bourges, número dos de la Agencia de Participaciones del Estado (APE). Ni hablar de poner en peligro la triple A de Francia recargando su deuda. "De las cuatro horas del consejo, se ha discutido durante dos de un comunicado que no decía nada", ironiza un administrador belga.

Martes 4 de octubre

La cotización de Dexia pierde casi el 40% desde la apertura de la bolsa y los clientes belgas corren a las oficinas para sacar su dinero. Cerca de 300 millones en unas horas y 2.500 millones al final de la semana.

El martes por la mañana, la confusión alcanza su paroxismo. La cotización de Dexia pierde casi el 40% desde la apertura de la bolsa y los clientes belgas corren a las oficinas para retirar su dinero. Cerca de 300 millones en unas horas y 2.500 millones al final de la semana. Paralelamente, los mercados se cierran al grupo bancario, que debe recurrir al dispositivo de emergencia del BCE.

La situación es lo bastante grave como para que las autoridades belgas y francesas se pongan por fin de acuerdo. A las 10, François Baroin anuncia que "los Estados belga y francés responderán como lo hicieron en 2008". Pero el Estado francés consigue que la clave de reparto de la garantía de financiación sea la misma que en el primer rescate, en 2008: Bélgica asume el 60,5% del esfuerzo, por valor de 90.000 millones de euros, contra el 36,5% para Francia y el 3% para Luxemburgo.

El 9 de octubre

El presidente de Dexia, Jean-Luc Dehaene, y Pierre Mariani, tienen el tiempo justo de tomar una ducha, la segunda en setenta y dos horas, antes de la celebración de un nuevo consejo de administración que debe ratificar el desmantelamiento. A cambio de su garantía, los Estados se quedan con algunos activos: Luxemburgo se hace con una participación minoritaria de la BIL junto al pool de inversores de Quatar.

Por su parte, Bélgica desea adquirir Dexia Banque Belgique, mientras que Francia hereda el stock de créditos a las corporaciones locales de DMA. A la espera de que terminen las modalidades de estas transacciones, el jueves por la tarde se suspende la cotización de Dexia, hasta el lunes. Los gestores tienen apenas setenta y dos horas para cerrar su plan de resolución y obtener luz verde de su consejo.

Para evitar un nuevo descontrol, se convoca a los administradores con cuarenta y ocho horas de antelación. Pero, inicialmente prevista el sábado por la tarde, la reunión del consejo debe aplazarse por falta de acuerdo sobre el precio de Dexia Banque Belgique (DBB). Bélgica ha fijado una valoración cercana a 1.500 millones de euros. Demasiado poco, estiman Pierre Mariani y Jean-Luc Dehaene. El Estado belga eleva su oferta hasta 3.500 millones de euros. Todavía insuficiente para la dirección de Dexia.

El domingo, un último almuerzo reúne al primer ministro francés, François Fillon, su homólogo belga, Yves Leterme, el luxemburgués, Luc Frieden, y a los dos dirigentes de Dexia. Estos últimos consiguen finalmente que la parte belga se venda por 4.000 millones de euros, con la exclusión de su filial de gestión de activos Dexia AM.

Del lado francés, las grandes líneas de la adquisición de DMA estarán listas una semana después, pero ya existe un protocolo de acuerdo. La reunión del consejo de administración se inicia a las 15.00 horas. A su pesar, después de trece horas de debate, los administradores dan luz verde al desmantelamiento. Están destrozados por la gravedad de las decisiones a adoptar. "No teníamos elección", subraya uno de ellos. Algunos solicitan que se califique su decisión de "voto de resignación" en el acta del consejo. Para pasar mejor el mal trago, Dexia propone incluso asegurar a los administradores contra posibles actuaciones civiles que pudieran tener lugar contra las decisiones de cesión.

Las acciones incoadas por las asociaciones de accionistas minoritarios contra los miembros del consejo de administración de Fortis están en memoria de todos. En adelante, especialmente para la venta de la filial turca Denizbank, prometen ser vigilantes, puesto que la BIL se vendió algo rápido según algunos. "La empresa está bajo garantía, no hay motivos para precipitarse y malvenderlo todo en quince días", estima uno de ellos. Aún así, el momento es histórico. "Al contrario de su imagen habitual, Pierre Mariani estaba muy emocionado, cuenta un administrador. Especialmente cuando pulsamos el botón, poco antes de la medianoche, para vender DBB y deshacer todo lo que se había hecho durante los últimos tres años." Más bien desde los últimos quince.

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