Empresas y finanzas

A palos con el aceite

Las empresas aceiteras acusan a las cooperativas de agricultores de crear un oligopolio para especular con los precios del aceite. El coste del producto en el campo se ha disparado en el último año más de un 70 por ciento.

E l olivar español está en pie de guerra. El coste de la materia prima se ha disparado en el último año más de un 70 por ciento y, ante la negativa del comercio a subir los precios en la misma proporción, empresas como Koipe, La Española, Borges o La Masía se encuentran en una situación dramática. Las empresas se están viendo obligadas a ajustar al máximo sus costes o incluso a vender con pérdidas para poder mantenerse en el mercado.

El precio del aceite de oliva, un producto básico de nuestra alimentación, ha subido en las tiendas un 27,5 por ciento en 2005 y acumula ya un incremento del 6,11 por ciento el pasado mes de enero, según los datos del Ministerio de Industria. Pero las empresas productoras están pagando mucho más por la materia prima y no les sale rentable su venta. Según la industria, el problema se agrava, además, porque la subida de los costes en el olivar esta completamente injustificada y se repite de forma cíclica.

Las empresas productoras explican que, a finales de 2004, las cooperativas de agricultores aprovecharon la amenaza de la sequía para limitar la oferta y especular con los precios. La situación se les fue de las manos y la posterior falta de lluvias puso al sector contra las cuerdas. Como ocurrió ya hace una década, los expertos auguran ahora un fuerte descenso del consumo. El aceite de girasol cuesta seis veces más barato y el consumidor no está para derroches.

Caen las exportaciones

Las empresas advierten que las exportaciones se redujeron un 14 por ciento el año pasado. Aunque España se mantiene como el mayor productor mundial, las importaciones han crecido más de un 30 por ciento y los países de la cuenca mediterránea empiezan a convertirse en una seria amenaza. En Oriente Próximo y el norte de África la superficie de olivar se multiplica cada año e incluso las empresas españolas han empezado ya a tomar posiciones.

Aceites La Española, por ejemplo, ha instalado una planta en Siria; el grupo SOS, propietario de marcas tan conocidas como Koipe, Carbonell y Elosúa, ha comprado dos de las mayores aceiteras italianas (Minerva y Carapelli) y está buscando almazaras en Marruecos; y Borges, que tiene ya una filial en Túnez, está a punto de desembarcar también en el reino alauí. Mientras, en España, unos y otros siguen a palos.

SOS ha sido una de las primeras en desenvainar la espada. Consciente de su fortaleza como líder del mercado, el presidente de la compañía, Jesús Salazar, acusa a las cooperativas de crear un oligopolio que maneja a su antojo los precios y que "desprecia los intereses del consumidor". Lo peor es que, en su opinión, "lo único que van a conseguir con la subida de los costes es frenar el consumo y perjudicar a toda la cadena".

Peligro de ruina

Arteoliva, la empresa pionera en el envasado de aceite en brik, y una de las compañías que más ha crecido en los últimos años, lo tiene muy claro: a los precios actuales, vender aceite español es ir a la ruina.

"El consumidor está pagando alrededor de 4,6 euros por el litro de virgen extra y al productor le cuesta casi 4,2 euros. Si a eso le sumamos el margen de la distribución, el transporte y el precio del envase, los beneficios se esfuman", asegura Felipe Silvela, consejero de la aceitera cordobesa.

Las grandes empresas de distribución son conscientes del problema, pero saben que si suben más los precios, sus ventas se resentirán considerablemente. "Aunque nuestro producto sea maravilloso y saludable, ¿cómo explicar al consumidor que un litro de aceite de oliva vale a precio de oro?", se pregunta Silvela.

Gonzalo Guillén, consejero delegado de Acesur, la dueña de Coosur y La Española, va incluso más allá: "Es cierto que la sequía ha recortado la producción y que las cooperativas se han dedicado a especular, pero ha habido también empresas que han aprovechado la situación para desatar una guerra de precios y recuperar así cuota de mercado". Guillén, sin embargo, prefiere no dar nombres.

Sequía

Mientras, todos miran al cielo y esperan que las ansiadas lluvias alivien la situación y permitan enterrar el hacha de guerra. Si no es así, la producción podría recortarse este año otro 30 por ciento. "La experiencia nos dice que esta burbuja se suele pinchar al bajar drásticamente el consumo que, a su vez, provoca un desplome de los precios y así, sucesivamente, hasta la próxima", dice Felipe Silvela.

Esta no es la primera vez que la industria y los agricultores se enfrentan por los precios del aceite. Hace cuatro años, las cooperativas oleícolas, apoyadas por las cajas de ahorro andaluzas, crearon Cecasa, una sociedad cuyo objetivo era comprar y vender aceite en el mercado para estabilizar los precios.

Se trataba, según decían, de rescatar la antigua intervención pública, pero los industriales no se quedaron callados. Las acusaciones de cártel se multiplicaron y, aunque no hubo ninguna denuncia, el Tribunal de Defensa de la Competencia actuó de oficio y obligó a la firma a disolverse.

Hace tres años se creó, además, en Jaén, el Mercado de Futuros de Aceite. Promovido por la Junta de Andalucía e integrado también por las cajas de ahorro de la región y las empresas del sector, su objetivo era parecido al de Cecasa: hacer transparente la compraventa de materia prima y evitar la especulación. En teoría, los precios se modifican en función de la oferta y la demanda. "Es una herramienta financiera que permite dotar al mercado de cierta estabilidad. Los productores se aseguran unos precios de venta y las empresas tienen garantizado el aprovisionamiento a unos costes determinados", aseguran sus patrocinadores. El mayor productor de aceite de español es el grupo SOS, con una cuota de mercado del 20,7 por ciento, muy por delante de Acesur y de La Masía, que ocupan la segunda y la tercera posición respectivamente. El poder de la distribución es, no obstante, indiscutible. El comercio ha ajustado al máximo los precios y vende ya con marca propia una de cada dos botellas de aceite.

Su avance es tal que muchas empresas han optado por buscar nuevas salidas en el exterior. Es lo que ha hecho, por ejemplo, SOS con la marca Carbonell, además de comprar enseñas italianas para intentar entrar con fuerza en el mercado norteamericano.

El paso más importante lo dio el año pasado con la firma de un acuerdo para la venta en las cerca de 5.000 tiendas que tiene la cadena estadounidense Wal-Mart, el mayor grupo de distribución del mundo.

España es el primer productor mundial de aceite de oliva, con una producción media de 800.000 toneladas, aunque en las últimas campañas se ha alcanzado casi el millón y medio en algunas ocasiones. Con más de 300 millones de cultivos, nuestro país acapara más del 25 por ciento de la superficie olivarera mundial. España es también el primer exportador, con una media en los últimos años de unas 300.000 toneladas. El aceite de oliva español se vende en más de 100 países. Los principales compradores de aceite envasado son Australia, EEUU, Brasil, Japón y Francia. No obstante, el país que más aceite nos compra es Italia, aunque a granel y para producir luego sus propias marcas, que exporta fundamentalmente al mercado norteamericano.Según los datos de la patronal Asoliva, aunque las ventas de aceite a granel representan todavía un alto porcentaje de las ventas, las exportaciones de producto envasado se han duplicado también en los últimos cinco años y continúan, además, su tendencia al alza. Una de las grandes ventajas del aceite español es la gran variedad de oferta existente. En España están registradas más de 260 variedades de olivo, que dan lugar tanto a aceites monovarietales como a mezclas que permiten, al igual que sucede con los grandes vinos, asociar cualidades y sabores complementarios.

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