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Editorial: ¿Por qué no baja la nómina pública?

Tras la rebaja de sueldos de un 5% en 2010, la congelación salarial de 2011, la supresión de la paga extra en 2012, y la congelación de 2013, la nómina global del Estado tan sólo se abarató un 2,1%.

Este pobre resultado se explica, en parte, porque, aun con reducciones salariales, el empleo público creció hasta 2012. Desde entonces el personal al servicio de las Administraciones Públicas ha descendido a 2,5 millones. ¿Entonces por qué la nómina del Estado no baja si se ha ajustado personal y salarios?

Una parte mínima de la reducción del personal proviene de jubilaciones de funcionarios que, aunque dejan de contar como activos, siguen cobrando su pensión del Estado (clases pasivas). El mayor ajuste se debería de haber producido en el personal eventual. Así ha sido en ayuntamientos y CCAA. Por el contrario, en el Estado se ha producido un incremento de eventuales, como pone de manifiesto el hecho de que la nómina de estos empleados crece un 9,5% hasta mayo, mientras que el año pasado descendió un 14,5%.

Prácticamente se ha vuelto a gastar todo lo ahorrado en 2012 en este capítulo, lo que indica que, además de haber contratado a más interinos, se ha producido un traspaso al Estado de personal eventual de confianza que ha salido de otras Administraciones. También creció un 0,5% la nómina de altos cargos y sólo bajó la de los funcionarios un 2%.

Con estos datos no es creíble una reforma del sector público que nunca llega, porque prevalece la tentación de usar de forma clientelar las AAPP. El Estado debería dar ejemplo. Si Montoro no es capaz de controlar el gasto de personal, difícilmente puede exigir austeridad a otras Administraciones ni, si llega el caso, más sacrificios a los funcionarios

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