Economía

Biblioteca Binhai en Tianjin: una magnífica mentira

Biblioteca Binhai en Tianjin. Fuente: Getty

Hace unas semanas, las redes sociales y los medios generalistas se llenaron de fotografías de uno de esos edificios raros que cada poco tiempo se inauguran en China para consolidar la impresión de que el gigante asiático es una potencia económica capaz de levantar construcciones públicas a ritmo vertiginoso y, bueno, también de que son, en efecto, raros.

Se trata de la biblioteca Binhai en Tianjin proyectada por los holandeses MVRDV en colaboración con el estudio local TUPDI y las imágenes nos enseñaban una gran sala de lectura cuyas paredes y techo se conformaban en ondulaciones de libros y libros, como una cascada de glorificación bibliófila hasta el punto de lo divino y lo inalcanzable. De hecho, es inalcanzable porque no hay manera de llegar a los volúmenes de las estanterías superiores y, como se vio después, es que ni siquiera hay volúmenes en esas estanterías: solo se imprimieron los lomos de los libros y se pusieron ahí para simular que había algo cuando, en realidad, toda esa parte no es más que un decorado. Una tramoya, una mentira arquitectónica diseñada con la mente en las fotografías y no en el uso, pues no hay tal uso.

Ya se pueden imaginar la decepción. Que si vaya trola, que si menuda tontería, que si para acabar haciendo eso no era necesario gastarse tanta pasta ni hacer un edificio tan raro. Lo propios arquitectos de MVRDV se apresuraron a matizar que en el proyecto sí estaba contemplado un acceso a esas estanterías desde una serie de salas posteriores, pero como los plazos de conclusión de la obra eran cada vez más ajustados, la junta cultural de Tianjin decidió hacer la operación de camuflaje decorativo sin consultarles.

Biblioteca Binhai en Tianjin. Fuente: Getty

Pero ¿es realmente tan malo que el edificio, o al menos una parte, sea de mentira? Para empezar, lo suyo sería dejar claro que la biblioteca Binhai no es una obra especialmente rara. Es más, es una suerte de revisitación de uno de los mejores proyectos de la historia de la arquitectura: el que OMA/Rem Koolhaas hicieron para el concurso de la Très Grande Bibliothèque de París hace ya casi treinta años.

Las explicaciones metodológicas de ambos proyectos son distintas pero la lógica conceptual y espacial, por mucho que en MVRDV se empeñen, es esencialmente la misma: una gran masa compacta de libros que se horada por espacio habitable como una cueva excavada en la montaña. El proyecto de Koolhaas era bastante más radical porque también era bastante más grande y permitía la perforación de varias salas de distintas formas y envolventes, todas ellas libérrimas: un gigantesco huevo, una ciclópea espiral o un gusano polimorfo del tamaño de dos docenas de elefantes atravesaban el macizo edificado.

Obviamente, el concepto no se habría llevado a cabo de manera literal porque no era plan de poner un conglomerado sólido de libros, revistas y CDs. En el caso de que se hubiese construido, el material cultural estaría almacenado en sistemas más o menos convencionales de estanterías a los que se accedería por pasillos y ascensores más o menos convencionales que desembocaban, eso sí, en los vacíos de las salas libres. Y como esas salas tendrían una posición y una silueta ajena a lo convencional, dichos huecos terminarían adoptando formas igualmente extrañas, a veces incomprensibles, pero siempre sugerentes.

Biblioteca Binhai en Tianjin. Fuente: Getty

Lo bueno del proyecto de Koolhaas es que no ganó el concurso y, por tanto, nunca tuvo que enfrentarse a la crucifixión que supone construir y poner en uso una idea generadora tan potente. Algo que sí han tenido que hacer en la biblioteca Binhai y que, aunque se deba a una cadena no controlada de circunstancias, han resuelto de manera brillante. Mentirosa también, pero magnífica al final.

Porque la sala amorfa de Binhai no se define por los huecos de los forjados ni por las barandillas sino por ese mencionado sistema de estanterías ondulantes. Que dentro haya unos libros pintados o que fuesen reales es irrelevante porque las propias estanterías son una mentira. Son una decisión arbitraria para conformar el espacio como hay otros cientos de decisiones mentirosas en ese edificio y en todos los edificios de la historia. Porque la arquitectura, y en realidad la mayoría de las disciplinas, son un corolario de mentiras. Lo único necesario es que estén estructuradas, ordenadas y funcionen de manera eficaz.

Desde que Adolf Loos publicó "Ornamento y delito" en 1908 y hasta la llegada del postmodernismo a finales de los 70, la arquitectura se ha definido, o más bien se ha querido definir, por la verdad y la honradez. Las fachadas tenían que responder a los espacios interiores, los materiales debían seguir su propia lógica y los sistemas estructurales tenían que ser precisos y exactos, y si además quedaban a la vista, pues mejor que mejor. Lo que pasa es que esto también era una mentira. Cada falso techo es una mentira, cada canalización y cada tubería escondida es una mentira, cada doble fachada de acero o de madera no es más que una tramoya. Hasta Mies van der Rohe colocó unas cuantas pilastras metálicas falsas, sin función estructural ninguna más que la decorativa, en las esquinas de sus apartamentos en la Lake Shore Drive de Chicago.

En la biblioteca Binhai de Tianjin hay unos libros de mentira. Tal vez más adelante, si se completan las salas posteriores y son verdaderamente accesibles, se sustituyan por unos libros reales. De momento son una estupenda respuesta, ingenua y teatral, para sostener la ilusión que, como en el truco de un prestidigitador, subyace en la propia naturaleza de cualquier obra de arquitectura.

Biblioteca Binhai en Tianjin. Fuente: Getty
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