Economía

Los mejores edificios de España (III): la joya de Van der Rohe en Barcelona que no sale en las guías

  • El Pabellón Alemán de la Expo de 1929 es, simplemente, el horizonte
Joaquín Gianni. CC

Hay quien piensa que cuando escribí el artículo sobre la Sagrada Familia, en realidad lo que estaba haciendo era disfrazar de crítica arquitectónica algún tipo de odio hacia Catalunya y, particularmente, hacia Barcelona. Hay demasiadas razones para considerar ridícula esa postura, pero para comprender la más evidente no hay más que abrir los ojos. Porque Barcelona es una ciudad preciosa.

Desde las callejuelas que serpentean en el Raval y en el Barri Gòtic hasta Santa María del Mar o el Mercat de Santa Caterina. Desde las viviendas de la Barceloneta de José Antonio Coderch hasta la Pedrera de Gaudí, la Ciudad Condal es un museo al aire libre con algunas de las mejores obras de arquitectura de la historia.

El propio dibujo del Eixample supuso uno de los proyectos urbanísticos más avanzados del momento. Con avenidas anchas y estructura ortogonal, el plan redactado por Ildefons Cerdà en 1860 consolidó el modelo de trazado hipodámico que estaba naciendo en el barrio de Salamanca de Madrid e incluso en la isla de Manhattan.

De espaldas al mar

Y con todo, la idiosincrasia urbanística barcelonesa era peculiar. Pese a su posición costera, Barcelona siempre le dio la espalda al mar. Durante siglos, durante milenios, la Ciudad Condal fue una urbe volcada hacia sí misma. Lo cierto es que tiene perfecto sentido, porque hasta el descubrimiento del turismo como fuente de frescura ciudadana y de ingresos económicos, las ciudades del litoral evitaban el mar.

Del mar llegaban las invasiones, las enfermedades y también el mal olor. Los puertos eran lugares importantes pero olvidados por las clases pudientes y las playas directamente no existían. En el siglo XX, gran parte de los municipios costeros se dieron la vuelta y comenzaron a considerar al mar como algo deseable, como un regalo del cual podrían sacar felicidad y también rendimiento.

Lo curioso es que Barcelona tardó muchísimo más que las demás. Hasta los Juegos Olímpicos de 1992 siguió siendo una ciudad esencialmente avergonzada del Mediterráneo y, por tanto, una ciudad sin horizonte. Piénsenlo: en las grandes urbes el horizonte no existe. La vista siempre queda encajonada entre las fachadas de las calles y el punto de fuga se escapa como fluye un río entre las paredes de un cañón geológico. Además, en cuanto giramos la cabeza, ese punto de fuga se acerca y el escaso horizonte al que podíamos aspirar desaparece.

En la Diagonal o en el Passeig de Gràcia se podía alejar la mirada uno, dos, quizá cinco kilómetros, pero siempre encañonada, siempre entre fachadas. Para llegar al horizonte había que subir a Montserrat o a lo alto del Park Güell. Y entonces aparecía, sí. El plano entre el cielo y el mar, el plano interminable e inabarcable. El plano horizontal plano.

Wojtek Gurak. CC

Pero si ajustan la sensibilidad, quizá puedan descubrir un pequeño edificio en la falda de Montjuïc que nos enseña el horizonte a bocajarro. Es el Pabellón Alemán que Ludwig Mies van der Rohe construyó para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Apenas aparece en las guías de viaje y, cuando lo hace, figura en un rincón al final del texto dedicado a la Ciudad Condal.

Y sin embargo, es una obra maestra de la arquitectura mundial. Pero sin hipérboles, de las de verdad. De las que se han escrito docenas de tesis doctorales sobre ella, pese a que la construcción apenas tiene unos 500 m2 cubiertos. De hecho, al Pabellón de Barcelona se le considera una de las cuatro piezas canónicas de arquitectura moderna junto al edificio de la Bauhaus de Walter Gropius, la Villa Saboya de Le Corbusier y la Casa de la Cascada de Frank Lloyd Wright.

Un manifiesto y el horizonte

El Pabellón de Mies solo son paramentos de vidrio, ónice y mármol, pero también es un manifiesto. Porque entre esos paramentos, sin puertas ni cierres, el aire fluye libremente generando así una laja de espacio contenida entre dos planos horizontales, el suelo y el techo. No hay ornamentos ni decoraciones. No hay pomos ni balaustradas. Aunque la vista no alcance mucho más allá, el Pabellón de Barcelona es el horizonte. La condensación abstracta del horizonte: un plano horizontal plano.

En 1930, tras la Exposición, el Pabellón fue desmantelado y el aire y el espacio y la luz donde se levantaba quedaron huérfanos de esos planos horizontales que les habían convertido en algo más que luz, espacio y aire. Pero allí se quedaron. Flotando durante más de cincuenta años. Hasta que en 1986, y en el mismo lugar donde se había erigido, el equipo encabezado por Ignasi de Solá-Morales colocó la última pieza de la reconstrucción.

Durante ese medio siglo, Mies van der Rohe llegó a ser uno de los arquitectos más importantes y más influyentes del planeta. Y en todas sus obras, tanto las europeas como las americanas, siempre trabajó con los mismos conceptos puros y la misma intensidad que había aplicado en el Pabellón de Barcelona.

Tal vez por esa suerte de respeto, casi idolatría hacia el arquitecto germano, la reconstrucción de su edificio seminal no estuvo exenta de controversia. Algunos pensaban que pertenecía a otro tiempo. Otros creían que solo sería una imitación, que nunca tendría el valor de la pieza original y que era mejor dejarlo todo en el terreno de la memoria. En los planos y las fotografías de la época.

Sin embargo, a mí me gusta pensar que el Pabellón es como el barco de Perseo, cuyo casco fue reparado tantas veces que, al final, todas las piezas de madera eran nuevas. Pero el barco seguía siendo el mismo. Así, aunque los materiales y sistemas constructivos sean actuales, el nuevo Pabellón Alemán es el mismo que Mies levantó hace ya ochenta y cinco años. Porque el espacio y la luz vuelven a fluir alrededor de paramentos de mármol y ónice, entre los planos de un horizonte abstracto.

Maciej Lulko. CC
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forum Comentarios 11

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julia
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Señor Pedro Torrijos :el catalanista siempre es chantajista y victimista lo llevan en la sangre ,cualquier comentario que no le agrada ya tienes odio a Catalunya y ellos no odian a España la insultan y hablan mal de ella todos los dias,,,?

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#1
Pepe
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He visitado obras de Mies van der Rohe por todo el mundo. En Berlin el pabellón del museo que lleva su nombre es impresionante por su tamaño, pero el equilibrio de las dimensiones del pabellón alemán de Barcelona son únicas. Desde luego es un edificio a destacar de la Ciudad Condal.

Puntuación 14
#2
Didac
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Tambien conocemos las aliviadoras casposas de las Ramblas de Barcelona en un 2X1 y la mugre del Raval para acabar entre meos,gritos,,y vomiteras por la Barceloneta de un turismo cutre baratungo a pelo pvta que invade Barcelona.

Puntuación -3
#3
Hurl
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Esta bien que se les de cancha a estos arquitectos pioneros de principios del sXX donde empezaron a usar el hormigón y a diseñar casas como nunca antes se habían hecho.

Pero también estaría bien ver como se les fue la mano a más de uno. Desconozco que ha hecho el Mies Van der Rohe este, pero Le Corbusier puso la base para las ciudades dormitorio, para ese desarrollismo inhumano con bloques enormes que no tienen nada de agradable y sociable para las personas.

Estos arquitectos crearon obras de gran belleza cuando hacían villas o pequeños chalets para adinerados, pero luego creaban monstruos de hormigón y encima pretendían tirar todo lo viejo para meter lo suyo! (ver proyecto de tirar el centro de Paris y sustituirlo por enormes islas de bloques rectos.

Puntuación -7
#4
Pierre Savoy
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Barcelona por mucho que quieran venderla los catalanes es una ciudad provinciana ,con aires de grandezas,toda Barcelona son copias malas por ejemplo su barrio gotico un pastiche de los años 40 como su catedral gotica que parece de cartón piedra,un modernismo copia traido de Paris cuna del art noveau,por no hablar de cientos de reproduciones sin valor alguno.

Puntuación -3
#5
Clarito
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menuda joyita si si

bodrios de estos hay en muchas ciudades

pero Barcelona se lleva la palma

ahhhh claro eso si envuelto en papel de seda y vendido a precio de oro como buenos vendedores tenderos fenicios catalanes

en sus charlas de vendedores de feria barata catalana.

Puntuación -9
#6
Pedro
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Una p.m.

Ya lo he dicho todo.

Puntuación -1
#7
Carla
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otro dia en un publi-reportaje de estos financiados por la trilera Burguesía catalana

que saquen la miseria y mugre que hay en Barcelona y barrios que se pasa hasta hambre y necesidades de todo tipo.

Puntuación 0
#8
UN ARTISTA ANONIMO
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Si la noticia va relacionada con el arte olvidemos todo lo escrito. Esto es arquitectura

pura y dura no arte que se tenga que visitar. El arte es aquello artesanal que esta

sobrevalorado por un grupo de locos con dinero que desean dictar las tendencias.

Lo que en realidad es arte son aquellas obras maestras que como ya se entiende

están ejecutada por maestros valorados y autorizados por su gremio y no por un par de

adinerados con fantasías de posesión. Si se quieren corregir los valores volvamos al mecenazgo y así estos tontos con dinero podrán ejercer su función con lógica y solvencia.

Si el edificio se hubiera construido con tabiques de mantequilla seria único según estos locos pero ya no lo podríamos ver. Que pena de locura artística.

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#9
XW1
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Barcelona la ciudad pastiche la ciudad fantasma todo reproduciones sin destacar en nada ,barrios de una burguesía catalana recalcitrante racista y segregadora

y otros barrios casi-tercermundistas de charnegos hacinados en pisos conejera ,desigualdad galopante.

Puntuación -2
#10
The observer2015
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Ridicula barcelona hay constriñida entre la franja litoral y las montañas ,practicamente sin poder crecer por ningun sitio ,con una densidad por metro cuadrado altisima ,ahogada por su geografia no da para más,todo lo contrario a Paris,Roma,Madrid,Berlin o Londres claramente BCN ciudad de segunda .

Puntuación 0
#11