
Atenas, 26 jun (EFE).- Cuando las negociaciones entre el Gobierno de Alexis Tsipras y las instituciones entran en Bruselas en la recta final, en Grecia el tono se ha endurecido y los políticos de la coalición sostienen que antes que firmar la humillación es preferible convocar elecciones.
Mientras en Bruselas los técnicos contrastan hoy las distintas propuestas que se encuentran sobre la mesa -ayer Grecia presentó una nueva contraoferta- en Atenas el guión es otro, y varios ministros afirmaron que tal y como están las cosas ahora, todo apunta a que no habrá otro remedio que convocar elecciones.
El ministro de Trabajo, Panos Skurletis, aseguró en declaraciones a la televisión pública que en el estado actual de las negociaciones es poco probable que haya un acuerdo, y que de ser así, Grecia no pagará los 1.600 millones que debe abonar el martes al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Al mismo tiempo, Skurletis no quiso excluir una prórroga del actual rescate, un escenario que en los medios internacionales cobraba hoy nueva fuerza a la vista de que solo quedan cuatro días para que expire el rescate.
En caso de que finalmente no haya compromiso y los acreedores insistan en exigencias que equivalen "al suicidio de un pueblo", Skurletis cree que Syriza acudiría a las urnas con un mensaje claro: obtener un nuevo mandato reforzado y regresar a la mesa de negociaciones "para volver a presentar nuestras propuestas", con "todas las opciones abiertas".
En términos similares se expresó el ministro del Interior, Nikos Vutsis, quien como alternativa a unas eventuales elecciones mencionó la posibilidad de un referéndum.
En la calle, por su parte, el sentir cada vez más generalizado tras las extremadamente duras declaraciones de varios políticos de la eurozona, es que "Europa no quiere a Grecia en su seno".
Sí a un acuerdo, pero no a cualquier precio, sí a las concesiones, pero no a la humillación y el desprecio. Ese es a modo resumido el ambiente que se respira cada vez más y que el diario oficialista Avgi resumía hoy con el siguiente titular: "Tsipras: no firmaré la muerte de Grecia".
Con ello el diario del gubernamental Syriza se refería a que el primer ministro no apoyará ningún acuerdo en el que solo prevalezca la línea "dura" de los recortes y no ofrezca una perspectiva para hacer la deuda sostenible.
Para el Gobierno de Tsipras, el debate sobre la deuda -320.000 millones de euros, lo que equivale casi al 180 %- es desde un principio una condición sine qua non, y así lo ha vuelto a dejar claro el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, en declaraciones a la emisora de radio irlandesa RTE, al decir que no aceptará ninguna solución a la deuda que se considere insostenible.
También el socio de la coalición, los nacionalista Griegos Independientes, volvieron hoy a insistir en este aspecto, y su líder parlamentaria, Marina Jrisoveloni, recalcó que su grupo no votará ningún acuerdo que no incluya una perspectiva para la deuda.
Al problema de la asfixia económica que padece la mayoría de los griegos tras seis años consecutivos de crisis económica, se suma el sentimiento de humillación, un sentir que quedó ayer patente en una conversación entre Tsipras y el presidente del Consejo Europeo filtrada a los medios por fuentes gubernamentales.
En esa conversación, Tusk, que pocas horas antes había asegurado tener una "corazonada" de que habría acuerdo este sábado, habría dicho a Tsipras que "el juego ha terminado", a lo que el primer ministro habría contestado que Grecia es un país con 1,5 millones de parados, tres millones de pobres y muchas familias que solo viven de la pensión de los abuelos.
"Esto no es un juego", habría respondido el primer ministro para añadir, según las citadas fuentes, que no se debe "subestimar hasta dónde puede llegar un pueblo cuando se siente humillado".