Economía

Los esteroides de Abenomics siguen sin surtir efecto en la economía de Japón

Los retos se acumulan a la puerta del primer ministro nipón Shinzo Abe. Tras su decisión de adelantar las elecciones legislativas en el país después de retrasar una segunda subida del IVA, la agencia de calificación Moody´s Investors Service rebajó la calificación de deuda de Japón categorizando a la tercera mayor economía del mundo con países como Israel o la República Checa. Una llamada de atención, no visto desde 2012, que penaliza el intento del gobierno de dar un respiro a sus consumidores.

Sin embargo, a ojos de la agencia de calificación, el hecho de retrasar una segunda subida del IVA más allá de octubre del año que viene, "podría haber tenido mérito" si los ingresos fiscales y el crecimiento económico aumentaran como consecuencia de dicha decisión. Dicho esto, la incertidumbre sobre el plan económico del gobierno, conocido como Abenomics, a medio plazo no ofrece el soporte suficiente para respaldar la decisión de Abe. De ahí que Moody´s rebajase la nota de la deuda nipona hasta A1 desde Aa3 con perspectiva estable. Además, la agencia pone en duda la capacidad del país para seguir financiando su deuda en el futuro.

Desde J.P Morgan Chase apuntan que la economía nipona debería repuntar en el cuarto trimestre, con un avance del 4 por ciento en su PIB, una cifra que neutralizaría el efecto dejado por las contracciones del segundo y el tercer trimestre. Si tenemos en cuenta las cifras dadas a conocer y las proyecciones del banco estadounidense, la tercera economía del mundo no alcanzaría a registrar un crecimiento postivo del 0,5 por ciento en 2014. Un síntoma de que Abenomics sigue sin surtir el efecto deseado.

"En términos más generales, es Japón, donde el crecimiento se está acelerando más decisivamente hacia finales de año", explica Bruce Kasman, economista jefe de J.P. Morgan en un informe publicado hoy. "Ahora estimamos un crecimiento anualizado del 4 por ciento para el PIB en el último trimestre, nos sentimos alentados por la tendencia positiva subyacente en el mercado laboral y el sentimiento de las empresas", añade.

Recordemos que el plan de Abe está compuesto de tres flechas. Un estímulo monetario sin precedentes, un estímulo fiscal acompañado de reformas estructurales y una estrategia que garantice el crecimiento para incentivar la inversión privada. Como parte de este paquete de medidas, y con el objetivo de incrementar los ingresos fiscales, Japón se vio obligado el pasado abril a implementar una subida en el impuesto de las compras, desde el 5 por ciento hasta el 8 por ciento.

Esta decisión sentó como un jarro de agua fría a la cartera de los consumidores y congeló el avance económico experimentado durante la primera fase de estímulo monetario, en forma de compra de bonos de deuda y activos, capitaneada por el Banco de Japón. De hecho, el PIB registró una contracción del 7,3 por ciento en el segundo trimestre, un descenso a los infiernos que llegó acompañado de un crecimiento negativo del 1,6 por ciento entre los meses de julio y septiembre.

De ahí que Abe y el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, hayan intentado poner freno a esta situación. Si el primer ministro optó por retrasar la segunda subida del IVA prevista para 2015 y que situaría la tasa impositiva en el 10 por ciento, Kuroda incrementando el tamaño de su balance en un 15 por ciento del PIB anual a través de su programa de flexibilización cuantitativa.

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