Economía

Iglesias, de Podemos, oculta quién está detrás de su asociación sin ánimo de lucro

  • La productora admite que tiene nuevos socios pero rechaza identificarlos

La asociación cultural sin ánimo de lucro que Pablo Iglesias, el secretario general de Podemos, creó para camuflar durante al menos dos años a su productora audiovisual, tiene nuevos socios. Pero su nombre es uno de los secretos mejor guardados en la organización. El líder de Podemos ofrecía servicios comerciales con su asociación no lucrativa.

"No tenemos porque facilitar ese dato. Nuestros socios no quieren que se sepa su nombre y nosotros no estamos obligados a darlo", asegura una portavoz de la firma, Con Mano Izquierda (CMI) Producciones, tras la llamada de este periódico.

El último documento público en el que consta quien está detrás de la asociación cultural, cabecera del negocio, es de principios de 2011 con motivo del nacimiento precisamente de la agencia de servicios audiovisuales.

En este documento, volcado en Internet, se explicaba que "nuestro equipo de creativos está compuesto por los profesores de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, así como por investigadores, todos pertenecientes a la fundación Promotora de Pensamiento Crítico y a la Fundación CEPS", el Centro de Estudios Políticos y Sociales, que recibió financiación del Gobierno de Venezuela.

La agencia audiovisual aseguraba de hecho que sus especialistas no sólo tienen experiencia en comunicación política en España, "sino también en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, entre otros".

De hecho, entre los nombres que se citan aparecen algunos de los más destacados dirigentes de Podemos. Además de Pablo Iglesias, es el caso de Juan Carlos Monedero, ex asesor de Hugo Chávez, de Carolina Bescana, actual secretaría de Análisis político y social de Podemos y de Iñigo Errejón, que actualmente dirige la Secretaría Política del partido de Pablo Iglesias y en ese momento era secretario de organización de CEPS y asesor político en Bolivia.

Pero más allá de los lazos con los Gobiernos latinoamericanos de extrema izquierda, la organización también mantenía relaciones comerciales con el Estado de Irán.

Con Pablo Iglesias al frente, sus trabajadores se encargaban de hecho de producir y realizar el programa Ford Apache, que se emitía en Hispan TV, el canal para el público hispanohablante de la televisión pública iraní. Algunos de esos trabajadores han asegurado a elEconomista que sus nóminas la pagaba 360 Global Media, una productora ligada a este mismo canal. Lo que se desconoce es cuánto podía ingresar la asociación cultural de Pablo Iglesias, que se inscribió sin ánimo de lucro.

Su administrador y único accionista, según los datos que figuran en el Registro Mercantil de Madrid, es Juan Carlos Monedero.

En las últimas cuentas hechas públicas, las correspondientes a un ejercicio atípico de tan sólo dos meses (los que ha estado funcionando, entre noviembre y diciembre del año pasado), y al contrario de lo que dicen en la productora, la sociedad no ha declarado tener ningún trabajador. De hecho, no consta gasto alguno en personal.

Facturación

Lo que sí que aparece es una cifra de negocios neta de 425.150 euros en apenas estos 60 días y un resultado de explotación en ese mismo periodo de 365.442 euros. El beneficio neto de la sociedad fue de 295.025 euros. Eso después de haber pagado en este caso impuestos por valor de 70.417 euros.

Caja de Resistencia Motiva 2 tiene como objeto social "la consultoría política y económica; la producción audiovisual y la realización de estudios y proyectos vinculados a las ciencias sociales". Es así la heredera de la asociación cultural sin ánimo de lucro, que le ha cedido ahora todo el negocio.

La gran incógnita ahora es cómo se está financiando la productora, teniendo en cuenta no sólo los lazos con Podemos -según publicó La Razón, el partido pagó 7.000 euros a las productora del círculo de Pablo Iglesias por relaizar los spots- sino también con la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales.

En teoría, es complicado que la empresa esté alcanzando los niveles de facturación a los que ha llegado comercializando tan sólo programas audiovisuales entre pequeñas cadenas o campañas electorales.

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