Economía

El fondo soberano de Noruega es el rey del mercado y un ejemplo a seguir

Martin Skancke ha comparecido ante una comisión del Congreso de EEUU. Y es que la explosión de los fondos soberanos -potentes entidades financieras que dependen de gobiernos no siempre democráticamente elegidos- provoca roces entre Washington y Wall Street. Más desde que China entró en el capital de Morgan Stanley y en el del hoy moribundo Bear Sterns, desde que Kuwait y Singapur se hicieron accionistas de relieve de Merril Lynch o desde que Abu Dhabi salvó al Citibank.

"Al final de mi discurso, recibí grandes felicitaciones", cuenta Skancke, que con 42 años es el director general del Ministerio de Finanzas y, por lo tanto, el responsable del fondo soberano Reino de Noruega. "Expliqué que el fondo tiene una actividad por valor de cerca de 238.035 millones de euros, un tercio de los cuales se invierte en Norteamérica, en acciones y bonos. Y que, dado que somos inversores de largo plazo, estabilizamos los mercados". Son razones elocuentes. Pero hay una más por la que los congresistas americanos aplaudieron al noruego .

Reemplazar a los saudíes

Estos días, el aeropuerto y las estaciones ferroviarias de Oslo están tapizadas de carteles publicitarios de los programas televisivos de la CNN, con este eslogan en inglés: América compra la sexta parte del petróleo noruego. Las elecciones americanas también son cosa tuya. Resulta que Occidente tiene un sueño: Noruega en vez de Arabia Saudí. Es decir, un océano de petróleo en manos democráticas. Pero se trata de un sueño fatuo.

El petróleo extraído en estas gélidas costas comenzó a escasear en 2001, cuando alcanzó el pico de 3,4 millones de barriles al día, para bajar cinco años después a 2,7 y en septiembre a 2,1. "El descenso no afecta al gas, cuya producción sigue creciendo -responde Skancke-, pero éste es exactamente el motivo por el que, en 1990, se decidió crear el Fondo Petrolífero: para no malgastar los ingresos del crudo y ahorrar el dinero para hacer las inversiones financieras que necesita una población que está envejeciendo". Previsión que vale cerca de 250.000 millones de euros.

La aventura comienza en 1969 como una película americana. Tras tres años de búsquedas infructuosas en los fondos del Mar del Norte, numerosas compañías se retiraron de las aguas noruegas. Sólo la Phillips Petroleum prosigue, excava un último pozo y descubre Ekofisk, uno de los diez mayores yacimientos de entonces.

Impulso local

Gracias al petróleo han cambiado en una sola generación los transportes, servicios, arquitectura y vida social de Oslo. Es la historia del beso de la fortuna y de la previsión. Noruega, -que es estandarte de neutralidad pero alberga la sede de la OTAN y participa en el Área Económica Europea- en vez de dejarles el campo libre a las grandes empresas angloamericanas, creó en 1972 Statoil (hoy StatoilHydro), la mayor compañía del mundo cuyas operaciones y sede financiera están en el exterior, con actividades en trece países.

Cotizada en Oslo y en Wall Street, la compañía está controlada en un 64 por ciento por el Gobierno. Noruega mantuvo a la debida distancia a las grandes compañías petrolíferas, a pesar de que le han transferido, durante todos estos años, tecnología y experiencia. De hecho, impuso una tasa del 28 por ciento a las empresas y un impuesto especial del 50 por ciento sobre el petróleo. Cuando en 1975 el impuesto especial fue retocado, la Chevron se fue, pero ha vuelto.

Ante un río de dinero que puede recalentar una economía de apenas 4,7 millones de personas, el Parlamento unicameral noruego aprobó en 1990 la ley que crea el Fondo Petrolífero, rebautizado como Fondo Pensión Gubernamental Global, porque invierte sólo fuera de las fronteras nacionales para diversificar el riesgo.

"El 60 por ciento se invierte en el mercado de obligaciones y el restante, 40 por ciento, en el de acciones", explica el director general de Finanzas. En ambos casos, un tercio del dinero se invierte en Norteamérica. Europa pesa la mitad de la cartera accionarial y un 60 por ciento en la de renta fija. Este fondo soberano, el segundo del mundo tras el de Abu Dhabi, posee acciones de 7.000 empresas y suscribe 7.500 obligaciones.

Juegos arriesgados

Según los cálculos de Skancke, el fondo que es gestionado por el Banco Central noruego , "representará dentro de veinte años entre el 200 y 250 por ciento del PIB". Por ley, el gasto público saca del fondo sólo el 4 por ciento anual. "Una cuota demasiado rígida y pequeña", protesta Ketil Solvik, el principal partido de oposición a la mayoría rojiverde capitaneada por los laboristas, que sostiene que "el mercado accionarial puede hundirse pero las carreteras permanecen".

De momento, el mercado no se hunde aunque, desde 1998, el fondo soberano de Noruega añadió títulos accionariales a sus inversiones e inició un camino arriesgado. Cosechó los frutos del boom de la bolsa de 1999, pero en 2001, perdió el 15 por ciento y, en 2002, más del 20. "Somos inversores de larguísimo plazo -dice Skancke- y, cuando los mercados bajan, nosotros compramos. Y nos defendemos con la diversificación: tenemos miles de pequeñas participaciones en empresas de 40 países". Y recuerda que "todo ello es perfectamente transparente, porque vigilamos continuamente incluso el perfil ético de las inversiones".

El mundo occidental tiene otro sueño: que todos los fondos soberanos fuesen noruegos. Pero también éste sueño es fatuo. De ahí que, mientras en Oslo las mujeres del partido socialista protestan porque el fondo posee una cuota en la casa editorial Playboy, el Reino Unido se muerde las uñas. Si Londres hubiese hecho como Oslo, tendría una dote de 571.300 millones de euros, "los fondos de Rusia, Kuwait y Qatar juntos", calcula John Hawksworth, economista de Pricewaterhouse.

Y sin embargo, según Associated Press, se está introduciendo en el mercado la sospecha de que los fondos soberanos de los países petrolíferos contribuyen a la tremenda volatilidad de los precios del crudo. La forma de operar de los fondos de Abu Dhabi o Singapur es un misterio. Se sabe que, desde 2006, hasta el transparente Fondo soberano de Noruega comenzó a operar sobre materias primas.

Sin duda la previsión es una gran dote para un inversor. Y si éste es además un país democrático, como saben los noruegos y los congresistas americanos, es una bendición.

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