Economía

Niño Becerra: España va mal porque se impidió una genuina burguesía en Castilla

El Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramon Llull, Santiago Niño Becerra. Foto: Archivo

Recientemente, el premio Nobel de Economía 2010, Christopher Pissarides, analizó la situación del mercado laboral español y aseguró que para entender lo que ha ido mal "hay que remontarse a finales de los años setenta y a los años ochenta, cuando se dio a los trabajadores unos poderes y privilegios que la economía no podía permitirse".

El economista Santiago Niño Becerra alude a las palabras de Pissarides en su blog de La Carta de la Bolsa, y se muestra en total desacuerdo con el Premio Nobel.

En su opinión, "para entender lo que ha ido, lo que va mal, en este país hay que remontarse al siglo XIV cuando se cercenó la posibilidad de que naciese una genuina burguesía en Castilla". El catedrático de Estructura Económica apunta a que ello "determinó que fuese imposible que en el XVI, formada ya España, eclosionase una preburguesía manufacturera y que llevó a que España malgastase la plata expropiada en sus colonias latinoamericanas".

A su juicio, "también hay que remontarse a la primera restauración borbónica que dio paso a décadas de oscuridad que hizo que en el siglo del positivismo España continuase sumida en un terratenientismo caciquil y retrógrado con unas precarias, dispersas y a todas luces insuficientes manchas de industria dependiente de la tecnología exterior".

El camino que se eligió en España, piensa Niño Becerra, "llevó a definir un submodelo económico que crecía a base de subemplear factor trabajo, a subemplearlo por parte de unas empresas con unas tasas de inversión ridículas y que se sabían dueñas de un mercado interior -incluyo a las entidades financieras-". A lo que añade: "Es decir un submodelo que jamás apostó por la productividad porque no era rentable conseguirla".

Niño Becerra critica a Pissarides "por no mencionar [...] que la mecanización del campo español empezase a los 1960s, ni que la emigración masiva fuese la forma de mantener un nivel de desempleo aceptable en esos 1960s y 1970s, ni que todos los booms de la economía española en los últimos cincuenta años han estado asociados al ladrillo". 

Del mismo modo, cuando asegura que a los trabajadores de les dio unos poderes y unos privilegios que la economía no podía permitirse tampoco menciona que "esos poderes se les dio para comprar la paz social y para no abordar lo que, de verdad, hubiese sido necesario abordar: que España era lo que era y no era otra cosa".

Durante su entrevista, Pissarides también se mostró a favor de apoyar a los trabajadores, de aumentar las rentas y de adoptar medidas para reducir la pobreza, pero solo en el caso de que la economía se lo puede permitir.

Al respecto, Niño Becerra se pregunta si el Premio Nobel de Economía sabrá que "entre 1996 y el 2006 los salarios reales en España crecieron el 0,7% y que prácticamente todo el consumo que generaron los asalariados fue a base de crédito". "Un crédito -prosigue Becerra- que les fue concedido para que consumieran y para que el PIB aumentase, mientras que aquel tejido al que antes nos hemos referido quedaba igual: con una productividad patética a la que ahora tenían que sumarse cinco millones de inmigrantes traídos para mantener bajos unos salarios y unos costes de producción que permitiesen beneficios crecientes que no eran reinvertidos en mejorar la productividad".

¿Mejor un trabajo temporal que un parado?

En su artículo, Niño Becerra apunta que "el gran logro de la legislación que a partir de 1984 generalizó el empleo temporal fue el permitir que pudieran ocuparse, temporalmente, una enormidad de personas que, de otro modo, hubiesen estado permanentemente desempleadas".

En este sentido piensa que el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, tuvo toda la razón cuando dijo que es mejor un trabajador ocupado temporalmente que uno parado.

El economista también recuerda que el Premio Nobel de Economía del 2010 es partidario de un contrato único y dice que "los puestos de trabajo los crean los empresarios privados, y llegarán cuando se recupere la confianza en la economía".

Ahora bien: "¿realmente una empresa poco o muy poco productiva, que necesita el crédito para sobrevivir (y muchas hasta del fraude fiscal), y endeudada hasta las persianas, puede crear mucha ocupación aunque se implante un contrato de trabajo único?", se pregunta Niño Becerra.

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