Economía

Krugman se muestra pesimista: vamos hacia una tercera depresión

Los temores sobre una recaída de la economía mundial tras unos últimos meses algo más optimistas sigue cobrando fuerza. El Nobel de Economía Paul Krugman recuerda que en otras depresiones hubo rebotes, pero que no significó que se acabaran los problemas. El análisis del G20: Hayek contra Krugman.

Como explica en un artículo en el diario The New York Times, sólo ha habido dos épocas en las que se puede hablar de depresión: los años de deflación que siguieron al Pánico de 1873 y los años posteriores al Crash de 1929.

Ambas épocas no fueron periodos de una caída constante de la economía, ambos incluyeron etapas de crecimiento economico, nos advierte el Nobel. Sin embargo, estas pequeñas mejoras no fueron suficiente para reparar el daño creado.

Ahora, según Krugman, estamos en la primera etapa de lo que sería la tercera depresión, si bien Krugman cree que es más probable que se parezca a la del siglo XIX que a la catastrófica de los años 30 del siglo XX.

Ataque a las políticas de austeridad

¿Por qué llegaremos a esta situación? El Nobel cree que es fundamentalmente un problema de las políticas de austeridad que se están imponiendo en el mundo, y considera "profundamente desalentadora" la reunión del G20 de este fin de semana. Krugman opina que los gobiernos están obsesionados por la inflación cuando la verdadera amenaza es la deflación, y que pregonan la necesidad de apretarse el cinturón cuando el problema real es el gasto inadecuado.

El economista se lamenta después de que en un principio, en 2008 y 2009, parecía que los Gobiernos habían aprendido la lección con políticas expansivas que hicieron al mundo salir de la recesión el pasado verano. Sin embargo, Krugman cree que esto no es el final de la crisis, como no lo fue la mejora de 1933 el fin de la Gran Depresión. Y es que el desempleo permanece en niveles muy altos y tanto Europa como Estados Unidos van camino de una trampa deflacionaria al estilo de Japón.

Ante este panorama, se sorprende de que los gobiernos no se hayan dado cuenta de que en realidad tienen que hacer más todavía para acabar con los problemas, pero que en cambio en los últimos meses se ha visto un resurgimiento de la ortodoxia sobre unos presupuestos más equilibrados.

Krugman apunta a que es en Europa donde más adeptos ha conseguido este tipo de política, y señala que los líderes europeos que "parece que cogen sus temas de conversación de una colección de discursos de Herbert Hoover (presidente de EEUU de 1929 a 1933), incluso reivindicando que subir impuestos y recortar los gastos expandirá la economía porque mejorará la confianza empresarial". A su vez, explica que EEUU no lo hace mejor, ya que la Fed no hace nada y el Congreso está recortando el gasto de Estados, otra manera de austeridad.

No se sustenta con un análisis racional

¿Y por qué cree Krugman que esta política está equivocada? Asegura que las justificaciones de los problemas de Grecia y otros países con su deuda son erróneas, ya que después de hacerlo su riesgo se ha incrementado, al igual que le ha pasado a Irlanda.

Krugman dice que parece que los mercados financieros entienden lo que no entienden los políticos: que aunque la responsabilidad fiscal a largo plazo es importante, recortar el gasto en medio de una depresión, lo que profundiza la depresión y allana el camino a la deflación, es de hecho contraproducente.

Por ello cree que este cambio no tiene nada que ver con Grecia o con una aproximación realista sobre los déficits y el empleo.

Asegura, por el contrario, que es una victoria de una ortodoxia que tiene poco que ver con el análisis racional y cuyo principio es que imponer sufrimiento en otra gente es una manera de demostrar liderazgo en tiempos duros.

¿Y quién pagará el precio de este triunfo de la ortodoxia?, se pregunta Krugman. La respuesta es decenas de millones de desempleados, muchos de los cuales estarán sin trabajo durante años y algunos que ni siquiera volverán a trabajar.

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