Economía

Opus Dei S.A. Las claves de sus finanzas

Decir que el Opus Dei no tiene dinero es difícil de creer, pero que no es oro todo lo reluce en torno a la Obra de San Josemaría Escrivá entra dentro de lo entendible.

En el ámbito económico, como en casi todo lo que rodea la "Obra de Dios" (traducción literal de Opus Dei), todo se mueve entre el mito y la realidad, aunque a veces sólo se trate de falta de información.

La paradoja está servida: la Prelatura del Opus Dei en España tiene un presupuesto anual de apenas 2,9 millones de euros (datos de 2005), pero instituciones vinculadas a la Obra, como la Universidad de Navarra, mueven más de 300 millones al año, incluida la Clínica Universitaria y el selecto IESE catalán.

Torreciudad, el santuario impulsado por el propio fundador de la Obra, maneja al año algo más de 895.000 euros. El 95 por ciento de ese dinero le viene de donativos realizados por particulares, socios o entidades colaboradoras, y el resto fueron ayudas públicas.

Es más, la tercera parte de ese presupuesto lo destinó el año pasado el Santuario a dar ayudas económicas a otros proyectos o iniciativas sociales.

Aguantar la vela

¿Quién sabe cuánto dinero se mueve en torno al Opus Dei en España, o en todo el mundo? Nadie. "No somos un holding, ni falta que nos hace -explica el responsable de la oficina de Información de la Prelatura en Madrid, Manuel Garrido-; aquí la norma es que cada palo aguante su vela".

Una cosa es la organización central, tanto en Madrid, como en Roma, como en los 60 países en los que el Opus Dei está presente, y otra muy distinta la enorme sombra que proyectan en todos los estamentos políticos, económicos y sociales de cada uno de ellos.

Todo desde una organización que desde 1982 es una "prelatura personal", dependiente de la Santa Sede de forma directa, que se rige según el derecho de la Iglesia y sus propios estatutos, englobados en el "Código de Derecho Particular del Opus Dei".

Universidades, clínicas, más de 25 colegios profesionales y de enseñanza media, unas 30 residencias y colegios mayores, varios centros de atención a mayores e inmigrantes en las principales capitales de España, unas 15 casas de retiro espiritual, etc., dan idea de la amplia cobertura que la Obra da a miles de personas en nuestro país, donde se fundó hace más de tres cuartos de siglo.

Pero si nos asomamos al resto del mundo, todo se multiplica: quince universidades con 80.000 estudiantes, siete hospitales, once escuelas de negocios, más de 130 escuelas de enseñanza y profesionales, y hasta 166 residencias de estudiantes con más de 6.000 alumnos.

Un colectivo de 85.000 personas

En total, el Opus Dei aglutina a un colectivo en los cinco continentes de 85.000 personas, de las que unas 36.000 están en las diez jurisdicciones que existen en la "región" de España.

El 70 por ciento de ellos son "supernumerarios" (casados que aportan a la Obra lo que pueden tras atender a su familia) y el 30 por ciento son "numerarios" y agregados, que guardan celibato y dedican su vida al Opus Dei.

Su trabajo y sus aportaciones, y las que hacen los "cooperadores" (civiles que se identifican con la Obra y ofrecen donativos), son la base sobre la que funcional la Prelatura. El colectivo lo completan 1.800 sacerdotes procedentes de sus propias bases.

Sin 'mano negra'

Luego está cada obra social, cada centro, universidad, colegio, club, residencia o escuela, que se funda por iniciativa libre de allegados a la institución. La Obra sólo se encarga de la "dirección espiritual y la educación cristiana" del centro, "sin consignas políticas o económicas", advierte Garrido, para rechazar todas las especulaciones sobre la mano negra del Opus que está detrás de grandes bancos, empresas o gobiernos.

El propio Escrivá señaló más de una vez que despreciaba a la gente que utilizaba el label católico para avanzar en los negocios o en la política, según señala el periodista americano John Allen en su exhaustivo libro sobre el Opus Dei que hoy mismo se presenta en castellano.

Suele ser un patronato el que dirige esas instituciones, que viven de las cuotas de quienes las utilizan (alumnos, residentes, enfermos, etc.) y, en una parte muy importante, de donativos hechos por particulares y empresas. En ese patronato puede haber una mayoría de miembros del Opus Dei, o no. Lo que si hacen ante un proyecto, es usar toda la maquinaria y buscar aportaciones para financiarlo.

Rafael Larreina, diputado de Eusko Alkartasuna, abertzale, socialdemócrata y miembro numerario del Opus Dei advierte que "no se trata de buscar inversores ni promover actividades comerciales, es fruto de la vida misma, de vivir la vida cristiana con proximidad a Cristo". Como todos los numerarios, Larreina y Garrido rigen su economía personal bajo los principios de la "sobriedad y el desprendimiento": utilizan el dinero mínimo que necesitan para atender sus necesidades básicas personales y profesionales, y el resto lo donan todo a la Obra. Eso sí, cuando tengan una necesidad familiar o personal grave y les haga falta la ayuda de los suyos, también la tienen garantizada.

De lo pequeño a lo grande

"Es difícil encontrar labores apostólicas que sean negocio -señala Garrido-, pero es nuestra labor, nos dedicamos a dar sablazos, pero siempre para ayudar a los demás". Ese "espíritu de pobreza" y "desprendimiento" es una de las máximas que rigen la vida económica de los miembros del Opus Dei, y que a lo largo de los años han fundamentado lo que hoy es su gran corporación.

Como segunda base está su vocación secular, de una actividad centrada en la educación y la dirección espiritual de las almas, y en tercer lugar, la libertad con la que sus miembros pueden elegir, dentro de las posibilidades y los cánones marcados.

En el Opus Dei convive un nacionalista vasco, como Larreina, con políticos de signos antagónicos a ese pensamiento, ministras de Tony Blair, banqueros y grandes magnates de las finanzas. Desde lo pequeño, hasta lo más grande. Atienden a quienes pueden pagar sus servicios de alto nivel, pero también cuidan de los que no tienen nada en cualquier rincón del mundo o de los inmigrantes relegados en las grandes ciudades.

Mayor grado de apertura

John Allen, conocedor de todo el mundo que gira alrededor de la Iglesia, recordaba ayer que el paso de una obra individual a una gran corporación no es algo genuino del Opus Dei, "lo tienen otras muchos movimientos religiosos, como los jesuitas, por ejemplo". Y similar es también la influencia que generan, aunque en el caso de la Obra de Escrivá de Balaguer se dejará sentir mucho más en España.

Desde que es una prelatura personal, el grado de apertura del Opus Dei a la sociedad es mayor. Pero al llegar la democracia, muchos de los antiguos miembros lo dejaron. "Cuando empecé, en los años sesenta, la Obra me ofrecía más formación e información que nadie", señala un periodista veterano, "pero esa amplitud de miras se perdió poco a poco a medida que todo se fue agrandando", sentencia.

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