Motor

Primera prueba del Mini eléctrico: tan Mini como siempre, pero libre de humos

  • Prestaciones y tacto de Mini de siempre
  • Hasta 234 km de autonomía
  • Desde 33.950 euros

El 7 de marzo arranca la comercialización del Mini 100% eléctrico, una variante llamada a revolucionar la historia de este modelo icónico.

Amanece y me lanzo a la jungla urbana de mi ciudad en hora punta. En el garaje me espera un Mini clásico, la obra maestra de Sir Alec Issigonis, un modelo tremendamente inteligente que llegó al mercado allá por 1959 y que se mantuvo en producción, con modificaciones mínimas, hasta el año 2000. Hoy es considerado todo un icono de la automoción y uno de los coches más influyentes del siglo XX, a la altura del Ford T (marcó el origen de la producción en cadena) y otros modelos muy relevantes.

Hoy he decidido moverme en mi Mini Cooper porque, en apenas unas horas, voy a poder probar su más moderno descendiente: el nuevo Mini Cooper SE 100% eléctrico. Son de la misma familia, responden -en teoría- a la misma filosofía, pero les separan décadas de evolución. Uno es el pasado y otro es el presente/futuro de la movilidad urbana. Tengo claro que habrá un mundo entre los dos. De hecho, desde que cambiamos de milenio, he ido siguiendo de cerca la historia más reciente del Mini. He tenido ocasión de probar todas las generaciones modernas, con todas sus variantes de carrocería (que no han sido pocas) y todos sus motores, transmisiones… etc. Y, sí, el salto evolutivo es innegable. Necesito saber, en cualquier caso, si el nuevo Mini eléctrico conserva algo de aquel concepto original nacido de los bocetos que Issigonis dibujaba en servilletas en los lejanos años 50.

Las claves del Mini eléctrico

El Mini Cooper SE se empezó a gestar en 2008. El proceso no ha debido de ser ningún camino de rosas, pues no es habitual que un coche tarde 12 años en convertirse en realidad. Tras largos periodos de pruebas y de implementación del sistema eléctrico en otros modelos del grupo BMW, por fin, toca darle la bienvenida a este Mini tan apetecible.

El Mini 100% eléctrico se asienta sobre la base de un Mini de 3 puertas, con el comparte unas cotas casi calcadas. Mide prácticamente lo mismo, ofrece el mismo volumen de maletero y la vida a bordo es muy similar. También las sensaciones de conducción son parecidas, dejando a un lado el poco ruido que hace su motor eléctrico.

Y aquí es donde llegamos a su verdadera razón de ser. Bajo el capó no hay un motor de combustión como sí lo hay en el resto de la gama. En las entrañas de este Mini hay un sistema de propulsión formado por un motor eléctrico y una batería, que mueven al coche en completo silencio y libre de emisiones. Más tarde o más temprano nos tendremos que acostumbrar a este tipo de movilidad, al menos en grandes ciudades como Madrid, que es donde se acumula la mayor parte de emisiones nocivas. Es una tendencia lógica y que parece no tener vuelta atrás.

Un motor de 184 CV

Tiene una potencia de 135 kw (184 CV) y un par de 270 Nm. Si tomamos como referencia su capacidad de aceleración de 0 a 100 km/h (7,3 segundos) y la comparamos con la de sus hermanos de gasolina, este Mini se situaría entre un Cooper y un John Cooper Works. Esto ya es mucho decir, pero luego la realidad es que la inmediatez en la respuesta del motor eléctrico hace que parezca mucho más rápido. Como sucede en todos los eléctricos, cuando se pisa el pedal derecho no hay retrasos de ningún tipo, ya que el motor no tiene que alcanzar ningún régimen concreto para dar lo mejor de sí: hundir el acelerador y salir catapultado es todo uno.

Lo que más me ha llamado la atención, aparte de las prestaciones puras, es la buena gestión de la parte electrónica, que al final es la responsable de que las sensaciones al acelerar sean finas y no bruscas, de que el motor eléctrico ofrezca niveles de retención agradables o de que el eje delantero digiera la potencia de la forma más eficaz posible, sin dejarse caballos por el camino pero a la vez sin interrupciones perceptibles cuando se supera la capacidad de tracción en determinadas situaciones.

En definitiva, el motor eléctrico ofrece las prestaciones que cabe esperar en un Mini, con el añadido de reducir la sonoridad y eliminar las emisiones durante su funcionamiento.

Una batería con 234 km de autonomía

La otra gran protagonista del sistema de propulsión es la batería en forma de T, compuesta por varios módulos y cuyas características fundamentales son las siguientes:

- tiene una capacidad de 32,6 kWh (28,9 kWh útiles)

- se ubica en la parte inferior del chasis, bajo los asientos

- logra una autonomía máxima de 234 kilómetros (WLTP)

- no resta espacio al maletero

Los tiempos de carga necesarios para alimentar la batería del 0 al 100% son de 1,4 horas en un cargador público (CC), de 3,5 horas en un Wallbox de 11 kW y de 4,2 horas en un Wallbox de 7,4 kW (ambos CA).

Si se trata de alcanzar el 80% de la carga, la cosa es más rápida: apenas 35 minutos en cargador público, frente a las 2,5 y 3,2 horas en los Wallbox de 11 kW y 7,4 kW.

Diseño: un pequeño toque diferenciador

Visto desde fuera puede parecer un Mini cualquiera, pero hay una serie de detalles que marcan la diferencia. Por ejemplo, la parrilla, las llantas de dibujo asimétrico y los distintos emblemas que hacen referencia a la electrificación. En el interior, lo más representativo es la pantalla digital de la instrumentación (inédita en la marca) y otros detalles como el botón para activar los modos de retención.

El Mini eléctrico arranca su comercialización el 7 de marzo de 2020 y lo hace con una gama formada por cuatro acabados:

Acabado S: 33.950 euros

Acabado M: 36.500 euros

Acabado L: 39.000 euros

Acabado XL: 41.000 euros

Terminada esta toma de contacto, solo me queda responder a la pregunta que me planteaba al inicio. ¿Hay en este Mini algún rastro del original? A simple vista puede parecer que no: el Mini eléctrico es notablemente más grande y pesado, está cargado de tecnología y se mueve con un motor alimentado por una batería. Sin embargo, la realidad es que representa algo muy parecido a la idea de aquel primer Mini, pero trasladado al momento actual. El Cooper SE sigue siendo muy compacto frente a la mayoría de coches que hay en el mercado; es ágil como él solo y se plantea como una solución de movilidad urbana inteligente gracias a su motor eléctrico que no gasta carburante ni emite CO2, y además da acceso al distintivo ambiental '0 Emisiones'. Si Issigonis levantara la cabeza quedaría abrumado por el tremendo avance de su criatura. Pero lo cierto es que si el Mini ha llegado hasta aquí (ya son más de 60 años los que tiene) es precisamente porque ha sabido adaptarse a las circunstancias de cada época.

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