Motor clásico

Volkswagen Bulli: historia de un icono sobre ruedas

Símbolo de libertad, todo un auténtico icono del mundo de las cuatro ruedas, la Volkswagen Transportar (o VW Bulli, como se conocía en origen) está de cumpleaños. Nada menos que 65 velas sopla esta semana en su tarta de aniversario.

Fue en 1956 cuando salió de las cadenas de montaje de Wolfsburg la primera unidad de esta furgoneta tan versátil, que ha marcado a varias generaciones. Pero en realidad todo empezó unos años antes. Fue en 1947 cuando un holandés llamado Ben Pon, importador de vehículos, dibujó a mano alzada en una pequeña libreta las líneas maestras de una furgoneta con ADN de VW Bedel. Esto lo hizo tras una visita a la planta de VW, en la que vio una plataforma con fondo plano que le sirvió de inspiración.

Dos años más tarde, Heinrich Nordeste, director de la citada fábrica presentaba cuatro prototipos: dos furgonetas, un comba y un bus pequeño. Es decir, las versiones que hoy serían equivalentes a las Transportar, Multaban, Caracolee y California. El germen ya había nacido y fue el mismo Nordeste quien sabía que que tenía que crear un modelo robusto dadas sus aspiraciones porque ?estos vehículos no serían tratados con cuidado, sino de forma muy exigente en el día a día?.

La Volkswagen Bulli era amplia, tenía múltiples usos y, en sus versiones de pasajeros, contaba con hasta 8 asientos repartidos en tres filas. Las dos últimas, por cierto, se podían quitar con cierta facilidad para dejar una superficie diáfana de grandes proporciones. Su capacidad de carga útil era de 750 kilos, algo que no deja de sorprender si tenemos en cuenta que se trataba básicamente de un Escarabajo con otra estructura.

El motor, es decir, un bóxer de 1.131 cc y 24,5 CV a 3.300 rpm lo heredaba del Beetle original, así como sus dos ejes. Lo que sí cambiaba era el bastidor, que en la furgoneta pasaba a ser de tipo escalera sobre la que se asentaba una carrocería monocasco. Todo ello enfocado a lograr esa versatilidad que caracterizó a la VW Bulli.

Por fin, en 1950 empezó la producción en la fábrica de Wolfsburg, con una cadencia de diez unidades diarias. La acogida fue tan buena, que la demanda empezó a ser sustancial, tanto dentro como fuera de las fronteras, de manera que se empezó a exportar en grandes cantidades. En 1955 ya se habían fabricado 100.000 VW Bulli y la cadencia subió hasta 80 unidades diarias.

El ritmo era frenético y aquella fábrica alemana que compartía con el Beetle empezaba a quedarse pequeña. Fue precisamente por ello que en 1956 se empezó a construir otra planta de ensamblaje, esta vez en Hanóver, para poder aumentar la producción. El éxito era imparable y había que destinar todos los recursos posibles.

El resto, hasta hoy, es historia. Tras cinco generaciones, la furgoneta de Volkswagen deja atrás más de 11 millones de unidades. Y es precisamente ahora cuando toca dar la bienvenida a la sexta generación, que ya hemos podido conocer en vivo y que se lanzará al mercado a comienzos del próximo verano. La Volkswagen T6, como se conoce de forma genérica, llega con los últimos avances tecnológicos y con un diseño modernizado capaz de poner la miel en los labios de los amantes de este tipo de vehículos. Quién le iba a decir a aquél holandés que sus bocetos originales iban a acabar derivando en un icono de tal magnitud...

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