Motor clásico

Mormon Meteor III: quemando sal por mandato divino

Hasta mediados de los años 20, se utilizaron circuitos, pistas de aeródromos y playas para conseguir batir récords de velocidad sobre distancias previamente establecidas. Pero incluso esos grandes espacios se quedaron pequeños cuando los prototipos 'cazarecords' de entreguerras fueron superando sucesivamente los 300, 400 y 500 kilómetros por hora.

Fue entonces cuando empezó a utilizarse el lago salado de Bonneville, en el estado norteamericano de Utah, como espectacular escenario para conseguir ir más rápido todavía en cualquier tipo de vehículo que el ingenio humano pudiera construir. Desde aquellos días, la refulgente y plana superficie de sal fósil se ha convertido en la mejor pista de pruebas y competiciones de este tipo.

Chasis ligero y motor de avión

David Abbot Jenkins, 'Ab' para los amigos, era por aquel entonces un apasionado de la velocidad, ferviente practicante de la religión mormona, que construía sus propios coches y que era muy conocido en el peculiar y un tanto loco mundillo de los cazarecords por su increíble resistencia al volante de cualquier "invento" con ruedas. Aprovechando esta cualidad que lo distinguía de los demás pilotos, se especializó en mantener la máxima velocidad durante el mayor tiempo posible. Doble cometido que requería una resistencia física sobrehumana y una fiabilidad mecánica a prueba de bomba.

Jenkins apeló a su amigo Augie Duesemberg, el fabricante de los impresionantes deportivos roadsters de la época, para que le construyera un coche a la altura de sus aspiraciones: batir todos los records de velocidad sobre cualquier distancia.

Después de sucesivas evoluciones en los que se buscó mayor ligereza, aumentar la potencia y conseguir más fiabilidad, la colaboración dio como fruto el Mormon Meteor III. Se trata de un monstruo de casi 2.200 kilos bajo cuyo interminable morro se aloja un motor de avión Curtiss Conquerror V12 de 26 litros de cilindrada y que liberaba unos brutales 650 caballos de potencia. El coloso se asemeja más a un avión, con su cockpit cerrado, su timón de cola y unos estruendosos escapes libres que atronaron los cielos de Bonneville en una cuantas ocasiones.

De campeón a alcalde

Entre los años 1938 y 1940, 'Ab' Jenkins reinó sobre el Lago Salado como monarca de la velocidad absoluta. Con su terrorífico Mormon Meteor III pulverizó nada menos que 21 records diferentes, culminandola proeza al conseguir rodar durante 24 horas seguidas manteniendo una media de 260 kilómetros por hora. Sólo Mercedes-Benz conseguiría arrebatarle medio siglo más tarde a Jenkins este último récord de velocidad y tenacidad.

Las proezas de Jenkins estaban lejos de simples paseos por las despejadas llanuras de Bonneville. Sufrió unos cuantos accidentes en los que estuvo a punto de acabar súbitamente su carrera deportiva. Como cuando una fuga de gasolina provocó el incendio de su Meteor y quedó atrapado dentro del coche. En aquel infierno a punto de explotar tuvo que esperar que su hijo Marvin llegara, apagara el fuego y desatornillara la cubierta para extraerle. Con graves quemaduras de tercer grado en su cuerpo, volvió a intentarlo unas semanas después. La fe y la incombustible determinación del intrépido piloto superaban cualquier desastre.

No es de extrañar que las gestas de Jenkins y su carisma personal se ganaran la admiración de sus conciudadanos, que le nombraron entusiasmados alcalde de Salt Lake City.

En recuerdo de aquellos tiempos, el Mormon Meteor III se guarda como un auténtico ícono local en el museo Pride of Speed de la ciudad. El singular prototipo 'cazarecords', su piloto y su historia inspiraron en 2012 el documental "Boys of Bonneville", un pequeño tesoro para quienes estén interesados en esta loca época en la historia del automóvil.

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