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Marta Baylina: "La automatización nos obliga a ser mejores abogados cada día"

Marta Baylina, profesora de Propiedad Intelectual y Tecnologías de la Información en Esade Law School

Que la tecnología ha transformado todo tipo de industrias y que la pandemia ha servido de catalizador para acelerar este cambio es una afirmación que poco sorprende a estas alturas. El desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas está terminando con algunos empleos, creado otros tantos y modificado los restantes. También los que hasta ahora se consideraban ante todo analógicos, como muchos de los relacionados con el sector legal.

En esta entrevista, Marta Baylina, coordinadora de contenido por parte de Esade en el Certificado Profesional en Legal Tech que imparte el estadounidense MIT Professional Education en colaboración con Esade, sostiene que la automatización es un fenómeno imparable en el sector jurídico. Baylina, profesora desde 2005 de Propiedad Intelectual y Tecnologías de la Información en Esade Law School, asegura que las nuevas tecnologías beneficiarán tanto a los profesionales del sector como a los clientes.

¿Cómo está cambiando la tecnología el sector jurídico?

La tecnología está transformando muchas industrias, y el sector legal no es una excepción. De hecho, lo lleva haciendo incrementalmente desde hace muchos años. A principios de los noventa, por ejemplo, cuando yo empecé la carrera, aún había muchos abogados que buscaban jurisprudencia en papel, en los tomos de Aranzadi. Hoy contamos con bases de datos electrónicas que, gracias a sus potentes buscadores, a la mejora de sus algoritmos de búsqueda y a un (todavía incipiente) uso de la inteligencia artificial, no sólo hacen la consulta de jurisprudencia mucho más fácil, rápida y exhaustiva que antes, sino que facilitan información predictiva sobre, por ejemplo, las posibilidades de que un determinado tribunal falle a favor de los intereses de tu cliente en una concreta cuestión jurídica.

Pero no es hasta ahora, digamos en los últimos cinco años, cuando gracias a los avances tecnológicos se están empezando a ver cambios verdaderamente estructurales, disruptivos, en el sector legal. Me refiero, de un lado, a la creciente e inevitable estandarización de procesos y servicios jurídicos automatizables. Y, de otro, la entrada de proveedores de servicios legales alternativos que no son abogados (los llamados ALP) al mercado legal.

Estos cambios vienen impulsados por la rápida y profunda transformación digital que están viviendo los propios clientes del mercado legal: ellos son el verdadero motor del cambio. A las empresas y a sus departamentos jurídicos se les exige cada vez más eficiencia y transparencia. Por ello cada vez más buscan proveedores que, además de ser "buenos abogado"", aprovechen los datos y combinen la tecnología con los recursos humanos para optimizar el rendimiento: es decir, para prestar un servicio de mayor calidad jurídica, más rápido, barato, transparente y útil para el cliente. Es el llamado "more for less". Es por ello que la adopción de una buena estrategia Legal Tech se ha convertido en una importante ventaja en un sector que, de por sí, ya es muy competitivo.

¿Deben los juristas temer la automatización de procesos?

Los juristas han de ser plenamente conscientes que la automatización ya está aquí, que es inevitable, que irá a más, y deben formarse para afrontar los cambios que conllevará. Todos los procesos legales repetitivos y rutinarios que se puedan automatizar, se estandarizarán. Y ello no solo afecta a servicios como reclamaciones de multas, acceso y generación de contratos sencillos o gestión de derechos de protección de datos, por poner algunos ejemplos, sino también a los servicios jurídicos más complejos y sofisticados, como grandes operaciones o litigios especializados, donde también hay partes automatizables, de poco valor añadido y mucho coste para el cliente.

Piénsese, por ejemplo, en la gestión documental y traducciones de escritos procesales en litigios multijurisdiccionales. O en los tediosos y costosísimos procesos de due diligence que hasta ahora requería de grandes equipos humanos para revisar ingentes cantidades de documentación y en los que el posible error humano presenta, además, un alto riesgo para el bufete. Las máquinas pueden leer, procesar y combinar datos más rápidamente y con menos errores. No sorprende que este fuera uno de los primeros procesos que se comenzaron a externalizar a proveedores de servicios alternativos que, gracias a la implementación de herramientas tecnológicas, podían realizarlo satisfactoriamente y a un coste muy inferior.

Desde hace ya algunos años hay despachos americanos que se sirven de robots que, gracias a la inteligencia cognitiva, son capaces de aprender y ser cada vez más eficientes. Este es el caso de Ross, un robot con tecnología IBM, "empleado" por la firma Baker & Hostetler como asistente en asuntos de derecho concursal y que, por lo que parece, hoy en día aún no ha sido despedido.

La automatización traspasará la ejecución de ciertas tareas tradicionalmente realizadas por abogados a las máquinas, pero genera nuevas oportunidades: nos está volviendo más eficientes como sector y reserva al abogado aquellas tareas en las que realmente aporta valor: tareas que requieran un conocimiento exhaustivo, profundo (especializado) y amplio (multidisciplinar) del derecho y del sector, así como habilidades como el liderazgo, la empatía, la oratoria, la negociación o el pensamiento crítico. Además, las máquinas no tienen capacidad de improvisación ni sentido común. En definitiva, la automatización nos obligará a ser mejores abogados cada día.

¿Cómo afecta el Legal Tech a los despachos de abogados?

Creo que los grandes despachos deben repensar la proposición de valor de su modelo de negocio tradicional, piramidal y basado en horas facturables, que funcionaba sin fisuras cuando el único valor que se buscaba en un abogado era su conocimiento y experiencia. Ahora, sin embargo, si bien la experiencia y el conocimiento siguen siendo imprescindibles, ya no son suficientes: los propios clientes necesitan —¡exigen!— que las grandes firmas de abogados innoven e incorporen nuevos procedimientos, formas de trabajar y mentalidades que ya funcionan en sus sectores. De lo contrario, los clientes de estos grandes despachos acabarán apostando por otras firmas que se hayan puesto las pilas, o por despachos más pequeños y especializados (boutiques) en conjunción con proveedores de servicios alternativos de servicios legales (ALPs). No deja de ser indicativo que, en 2020, Chambers por vez primera incluyera a dichos proveedores alternativos de servicios legales como nueva categoría de su prestigioso ranking.

A pesar de las conocidas resistencias del sector legal al cambio tecnológico, el cambio al final se impone inevitablemente. Ahora ya pocos lo recuerdan, pero el uso del fax en asuntos legales, por ejemplo, topó inicialmente con grandes resistencias por parte del sector legal, quien no dudó en cuestionar su validez jurídica. Hace ya 15 años ocurrió algo muy parecido con el Certimail, un servicio de envío de correos electrónicos con depósito notarial. Pero el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio y, tras varios casos en los tribunales admitiendo su validez, el sector legal los adoptó y se benefició de tales innovaciones. La pandemia de Covid ha sido un catalizador que ha acelerado la transformación digital y ha puesto al descubierto la fragilidad de los modelos legales tradicionales. En pocos meses, el sistema legal ha devenido más ágil, fluido, colaborativo y eficiente, mostrando que otra forma de hacer, también en el sector legal, es posible. El genio ha salido de la botella.

Algunos despachos han empezado a hacer los deberes en legal tech, e incluso están llevando a cabo estos procesos colaborativos con laboratorios de innovación legal en los que invitan a sus clientes a desarrollar estrategias y proyectos de forma conjunta que se ajusten a las nuevas necesidades de los clientes. Pero a muchos aún les queda camino por recorrer.

En todo caso, el impacto tecnológico en el sector no sólo no puede evitarse, sino que ha de ser visto como una oportunidad de aportar valor añadido. Además, como se está viendo durante la pandemia, una buena estrategia en legal tech puede acarrear beneficios importantes a nivel organizativo como, por ejemplo, de retención de talento de los jóvenes abogados millennials quienes buscan una mayor flexibilidad para poder conciliar mejor su vida profesional y personal y poder, en definitiva, trabajar de una manera más acorde a nuestros tiempos.

¿Cómo afecta el Legal Tech a los abogados de empresa?

Hay un estudio de Gartner que predice que en 2023 una cuarta parte de los departamentos legales de empresas emplearán asistentes legales virtuales (VLA), chatbots impulsados por inteligencia artificial que puedan responder preguntas frecuentes planteadas a los departamentos legales. Este repentino aumento de capacidad proveniente de la automatización de procesos es un factor importante, ya que les permitirá volverse más estratégicos, y dedicar más tiempo y adquirir más expertise en asuntos que son centrales para la empresa.

No sorprende, en este sentido, que, como han venido haciendo los departamentos legales más punteros, cada vez sean más los que equipos legales que cuentan con un Head of Legal Innovation o abogados que, debidamente formados en Legal Tech, actúan como agentes de cambio.

¿Cómo deben orientar los juristas su formación en Legal Tech?

La implantación de una buena estrategia legal tech exige un cambio de mentalidad de los equipos jurídicos y formación. Los abogados deben, en primer lugar, comprender la tecnología. En los programas de derecho de Esade ya ofrecemos asignaturas de tecnología a nuestros alumnos (y no sólo de regulación y protección de la tecnología). Los abogados han de conocer, además, las muchas soluciones existentes en el mercado y las hay en distintos ámbitos: herramientas legal tech de gestión, de contratación, de firma electrónica, de prueba etc.: el panorama es bien nutrido.

Y a partir de ahí, deben ser capaces de tomar decisiones para implementarlas eficientemente. Ello incluye el mapeo y análisis del proceso legal correspondiente, con todas sus etapas, funciones y departamentos involucrados; la identificación de los puntos de fricción, la priorización de las necesidades; la realización de pruebas piloto y, según los resultados, el escalado de la solución a toda la organización. Una de las cuestiones clave es preguntarse: ¿Qué es lo que como departamento de despacho de abogados o departamento jurídico de empresa deberíamos estar haciendo que no estamos haciendo? ¿Qué procesos son susceptibles de automatización? Se trata de alinear el core de la actividad legal con el del negocio.

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