La alimentación impulsa las ventas de los centros comerciales

Los complejos que tienen un súper o un hipermercado en su interior compensan de lunes a jueves la caída del número de consumidores que sí los visitan los fines de semana atraídos por la oferta de ocio y restauración.

El parón consumista que la crisis económica ha impuesto en España a lo largo de estos últimos años también ha tocado de lleno al sector de los centros comerciales que además de ver como caía en picado su afluencia de visitantes alguno ha tenido incluso que echar el cierre ante una falta de rentabilidad que ha derivado en pérdidas irreparables.

Una situación que aunque podría empezar a relajarse no tiene visos de invertirse para ser la que era en los años de la bonanza económica.

¿Por qué? Para empezar, porque a finales de 2015 y desde el principio de 2013 se habrán construido en España sólo un 10 por ciento de los centros comerciales que vieron la luz entre los años 2006 y 2008, previos a la debacle financiera.

Para continuar, porque muchas de esas construcciones se llevarán a cabo en centros que ya existen, es decir, se ampliarán las instalaciones de complejos que ya están operativos, limitando así los riesgos de un problema de acogida y las inversiones en infraestructuras que ya están disponibles como los parkings, principalmente en las zonas del extraradio de las grandes ciudades.

Y para terminar, porque aunque no hay ninguno que se salve de una eventual futura quema, aquéllos que tienen un hiper o un supermercado en su interior parecen estar mejor posicionados para resistir a unos nuevos patrones de consumo, en los que el consumidor ahora estudia y analiza mucho más lo que compra.

"El hipermercado es la locomotora de los centros comerciales de lunes a jueves, cuando baja la afluencia de público que, sin embargo, sí suele acudir a estos centros los fines de semana, atraído por las propuestas de moda y restauración", según ha explicado a elEconomista Alimentación Luis Íñiguez, director del área Retail de JLL.

Una locomotora que sobre todo tira de los centros comerciales situados en los extrarradios de las grandes ciudades. No sólo eso. Íñiguez también sostiene que además de compensar la caída de público entre semana, la oferta de productos de alimentación, limpieza e higiene de los hiper o súper de los centros comerciales anima a otros empresarios a abrir en esos mismos centros locales de servicios que de otro modo se quedarían vacíos.

Algo que a su juicio suele ocurrir en aquellos complejos que en el sector reciben el término de secundarios, por tener a su alrededor una mayor competencia comercial o por estar ubicados en provincias donde no hay tanta masa crítica, y que frecuentemente se hicieron en los años del boom económico.

La parte buena de estos centros es que siguen atrayendo visitantes, por la parte de ocio que suelen ofrecer en sus instalaciones que, pese a no garantizar la rentabilidad del centro, sí permite seguir aguantando el tirón. Al menos, de momento.

De ahí que Íñiguez prevea que el futuro de los centros comerciales en España, además de pasar por una ampliación de los ya existentes también tendrá que ver con una especialización, o una reconversión de lo que hay acualmente en el mercado.

Y si ninguna de esas dos opciones fuera una solución, puede que el futuro para algunos de los centros comerciales que campan por el territorio español pase por el dolorido trance del cierre.

Eso sí, también pudiera ser que la salvación de algunos de ellos viniera de fuera. Y es que España vuelve a atraer, según el informe de mercado de Centros y Parques Comerciales en España de JLL a consumidores e inversores extranjeros que ven en el retail nacional nuevas oportunidades de consumo y negocio, respectivamente.

España recibió en el primer trimestre del año 1.423 millones de euros, frente a 1.190 millones de todo 2013.

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