Castilla y León

¿A qué esperan para bajar los impuestos?

El puyazo que ha metido José María Aznar a Rajoy a costa de la política económica ha puesto en primer plano el debate sobre la conveniencia de bajar los impuestos. El presidente del Gobierno, instalado en su nube particular, se aferra a una hoja de ruta que, además de no ser en la que cree, según ha dicho por activa y por pasiva, no está dando los resultados esperados.

Rajoy ya ha dicho que de bajada, nada, pero eso no tiene por qué impedir que a nivel autonómico nos desmarquemos en este aspecto del Gobierno. Sería sólo uno más de los múltiples desencuentros que la Junta mantiene con el Ejecutivo central (minería, reforma local, Garoña...).

La consejera de Hacienda, Pilar del Olmo, no tendría que sacrificar su ideario político para neutralizar las subidas impositivas que ha puesto en marcha durante los últimos tiempos para controlar el déficit y sanear las cuentas públicas. Al menos públicamente se ha mostrado convencida de que la mejor forma de que la economía crezca es aliviando la carga fiscal para ciudadanos y empresas.

Los datos de su gestión avalan esta tesis, según ha quedado patente en el seguimiento del plan de ajuste que ha realizado el Ministerio de Hacienda.

A pesar de alcanzar un alto grado de ejecución, la Comunidad podría haber ahorrado 109 millones de haberse cumplido al 100 por ciento las previsiones realizadas unos meses antes.

Una cantidad muy cercana a los 141 millones que ingresó de más gracias a la subida de impuestos. Es decir, con más recortes se puede conseguir prácticamente lo mismo que castigando el bolsillo de los contribuyentes. Eso sin tener en cuenta el efecto que la medida tendría sobre el consumo y en la actividad económica, que rápidamente se traduce en una mejoría de la recaudación tributaria.

Hay alternativas, por tanto, para seguir avanzando hacia la estabilidad presupuestaria, compatibles además con medidas de reactivación económica que empiecen a marcar la senda para salir de una crisis que parece ser eterna.

RAFAEL DANIEL

Delegado de elEconomista en Castilla y León

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