
Ginebra, 16 oct (EFE).- El Gobierno suizo, que durante semanas se mantuvo en silencio mientras el resto de Europa y Estados Unidos volaban al rescate de sus bancos, desveló hoy su plan de ayuda para el mayor banco del país, UBS, que pasa por quedarse con su cartera de activos tóxicos y por inyectarle capital.
La crisis de las hipotecas "subprime", causante de un terremoto financiero internacional que nadie se atreve a pronosticar cuándo acabará, contaminó a UBS, que había invertido decenas de miles de millones de dólares en instrumentos de "créditos tóxicos" de EEUU.
Desde que se conoció hace un año su exposición a esos activos sin valor en el mercado, UBS tuvo que aparcar sus sueños de grandeza -alimentadas por su estatus de primer banco del mundo en gestión de fortunas- y aplicar una estrategia que le permitiera mantener la cabeza fuera del agua sin ayuda externa.
Esto no ha sido posible y tras semanas de negociaciones secretas ha conseguido que el Banco Nacional de Suiza (BNS) acepte la transferencia de 60.000 millones de dólares en activos "tóxicos" a un fondo especial que será totalmente controlado por la entidad pública.
Además, el Estado suizo -cuyo Gobierno negaba hace varias semanas cualquier posibilidad de entrar en el capital de un banco en problemas- inyectará 6.000 millones de francos (unos 3.800 millones de euros) a través de un préstamo de conversión obligatoria.
Así, la Confederación Helvética detentará el 9,3 por ciento del capital del banco.
El presidente de UBS, Peter Kurer, señaló que en estos "tiempos de turbulencia queremos asegurar que hacemos todo lo posible para resguardar la solidez de nuestro banco. Estamos tomando medidas prácticas para eliminar la herencia de riesgo" que dejó su antecesor, Marcel Ospel, quien abandonó el cargo el pasado febrero.
Por su parte, Marcel Rohner, miembro del directorio, reconoció que "no hubiese sido posible encontrar inversores privados para cubrir los componentes de la crisis, sólo la Confederación podía hacerlo".
Con la intervención del Estado, el banco considera que limita sus potenciales pérdidas futuras, asegura su financiación a largo plazo y reduce los temores de sus accionistas y clientes.
Según UBS, cuando la transacción haya sido completada, su exposición a activos dudosos será "cercana a cero", comparada con los 44.200 millones de dólares al pasado 30 de junio.
Suiza, cuyas plazas financieras de Zúrich y Ginebra se encuentran entre las diez más importantes del mundo, se suma así a la lista de países que no han visto otra solución a la crisis de confianza que domina el mundo de las finanzas que garantizar la supervivencia de sus sistemas bancarios.
De otra parte, Credit Suisse, el segundo banco suizo, anunció también hoy que aumentará en 10.000 millones de francos (unos 6.300 millones de euros) sus fondos propios, pero por ahora no ha tenido que recurrir a la ayuda estatal.
El importe será financiado por inversores privados, particularmente por Qatar Holding, una filial de la entidad de inversiones de ese emirato.
El presidente de la Comisión Federal de Bancos, Eugen Haltiner, dijo en una rueda de prensa que UBS pidió ayuda al Gobierno a causa de una pérdida de confianza y de dificultades de refinanciación, pero negó que las medidas tuvieran que ver con problemas de capital.
Aseguró que UBS y Credit Suisse están "bien financiados" y que el resto del sector es "sano y fuerte".
Coincidiendo con estos anuncios, UBS adelantó hoy que en el tercer trimestre del año logró un pequeño beneficio de 296 millones de francos (unos 185 millones de euros) y que su banca de inversión limitó las pérdidas a 2.740 millones de francos frente a los 5.230 millones en el segundo trimestre.
Sin embargo, la salida de dinero fresco ha alcanzado los 49.300 millones de francos.
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