Andalucía

Crecer, ¿para qué? Crecer, ¿para quién?

Por José María García Urbano. Alcalde de Estepona.

Vivimos momentos decisivos para afrontar el apasionante reto de conformar el futuro de nuestras ciudades desde una visión genuinamente moderna de lo que hoy es la sociedad urbanizada. Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de lograr un urbanismo de nuevo cuño, un nuevo tipo de arquitectura y, en definitiva, un nuevo tipo de ciudad y sociabilidad.

Desarrollar entornos más habitables; mejores espacios de convivencia, más acordes a las nuevas necesidades de las sociedades modernas. En Estepona -ciudad a la que represento- hemos crecido en equipamientos culturales, deportivos y de ocio, en nuevas infraestructuras sanitarias, educativas, en zonas verdes, áreas públicas...

Esto significa que hemos crecido hacia la calidad de vida. Y lo hemos hecho con el firme convencimiento de que los responsables públicos tenemos la obligación moral de vincular todas las decisiones políticas, económicas, jurídicas o administrativas a ese parámetro, que es inequívoco y que da respuesta a todo lo que el individuo espera recibir de su ciudad. Es ahí, cuando en una ciudad se equilibran población y servicios adecuados, cuando hay que detenerse a reflexionar: crecer ilimitadamente, para qué y para quién.

El crecimiento ilimitado ha servido en momentos coyunturales para salir de crisis económicas. No se trata ahora de demonizar el sector de la construcción. Al contrario, gracias a él se han superado varias y sucesivas crisis pero, justo ahora, cuando nos encontramos en un periodo de recuperación económica y social, es el momento en el que tenemos que seguir aspirando a crecer, pero crecer prioritariamente en calidad de vida.

No es fácil sintetizar la historia de la reconocida Costa del Sol y su Triángulo de Oro (Marbella-Estepona-Benahavís) sin obviar aspectos suficientemente sabidos sobre un territorio que ha tenido un crecimiento exponencial en las últimas décadas. Cuando la realidad nos ha dejado en evidencia que las infraestructuras son limitadas, no podemos crecer de manera ilimitada, si no queremos poner en riesgo una de las zonas más valoradas y prestigiosas del mundo como es esta región andaluza.

Estoy convencido de que puede alcanzarse el objetivo de construir un entorno con gran calidad de vida porque existe plena compatibilidad entre la seguridad jurídica, las legítimas expectativas de los propietarios de los suelos y los intereses de la construcción con el respeto y la ineludible obligación de estar permanentemente en defensa de la ordenación del territorio y de la protección del medio ambiente.

En Estepona estamos en un periodo de reflexión sobre cómo conseguir que esta calidad de vida sea un valor que perdure para las sucesivas generaciones. Sería imperdonable dejar pasar este desafío social que nos incumbe a todos y del que nadie puede quedar excluido.

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