15 Aniversario

La Banca Europea: retos y oportunidades

  • El mercado único europeo ha avanzado mucho en los últimos diez años
Madrid

Felicidades a «El Economista» por su décimo quinto aniversario. Estas ocasiones nos brindan la oportunidad de mirar hacia atrás y reposicionarnos a la luz de los desafíos que tenemos por delante.

El Economista era ya una importante referencia cuando estalló la gran crisis financiera. La Autoridad Bancaria Europea (ABE) se creó en respuesta a la gran crisis financiera, con la visión de que se precisaría «más Europa, no menos » para promover un sistema europeo de servicios financieros más estable.

El mercado único europeo ha avanzado mucho en los últimos diez años. Se han desarrollado nuevas instituciones. El sistema financiero está menos apalancado, mejor capitalizado, es más líquido y está mejor supervisado gracias a las nuevas normas establecidas por la comunidad internacional y europea. Además, se ha reforzado la gobernanza corporativa de los bancos. También se ha mejorado la supervisión, que es más intrusiva, más prospectiva, y más basada en el riesgo.

Estos esfuerzos dieron sus frutos durante el brote de la pandemia de COVID-19. Esta pandemia es un recordatorio de que la estabilidad financiera, al igual que la salud pública, es un bien público mundial que debemos preservar. Afortunadamente, y en gran medida gracias a las excepcionales medidas de política monetaria y fiscal, la crisis de la COVID no ha supuesto hasta ahora una amenaza para la estabilidad financiera. Las pruebas de resistencia de la ABE llevadas a cabo el pasado mes de julio confirmaron la resiliencia de los bancos de la UE, a pesar de haberse aplicado el escenario de resistencia macroeconómica más duro de la historia. La ratio final de CET1 de los bancos de la UE del ejercicio se mantuvo por encima del 10 %.

Sin embargo, no debemos ser autocomplacientes. El sector bancario no se ha visto sometido a las tensiones que se pudieran anticipar al inicio de la crisis. El capital y la liquidez han seguido siendo amplios, los bancos no han necesitado sus reservas y el uso de nuestro marco de recuperación y resolución ha sido limitado. No obstante, la calidad crediticia puede empeorar a medida que se eliminan las excepcionales políticas monetarias y fiscales aún en vigor.

Además, no observamos progresos para finalizar la tan esperada unión bancaria como facilitador de la integración transfronteriza de los bancos en la zona del euro. La estrategia «Next Generation EU» ha demostrado que Europa puede ser valiente y ambiciosa en tiempos de crisis. Debemos ser igualmente ambiciosos para completar lo que hemos empezado en el sector financiero, terminar la unión bancaria y avanzar en la unión de mercados de capitales.

Otra razón para permanecer vigilantes son los desafíos estructurales a los que el sector bancario se sigue enfrentando. Nuestro sistema bancario europeo carece en gran medida de una rentabilidad adecuada y sostenible. La baja rentabilidad se refleja también en las bajas valoraciones de mercado de los bancos europeos. De cara al futuro, es esencial que los bancos logren mejorar su rentabilidad, lo que implica una reflexión más amplia sobre la sostenibilidad de su modelo de negocio, la estructura de mercado existente y la necesidad de una reestructuración sustancial.

Tenemos que abordar el impacto que la digitalización y la sostenibilidad tienen para el sector bancario. La disrupción tecnológica y la entrada de empresas tecnológicas como nuevos agentes plantea nuevos retos. Algunos ya los conocemos, como la reducción de los riesgos cibernéticos o la supervisión de la resiliencia operativa, así como la protección de los consumidores y la lucha contra el crimen. Otros riesgos son nuevos y guardan relación con nuevas formas de prestar servicios financieros, concentración del mercado en ciertos segmentos, la gestión de datos y la privacidad. Los bancos tendrán que invertir en digitalización para estar a la altura de estos retos.

La lucha contra el cambio climático afectará a los balances y los modelos de negocio de los bancos. En calidad de reguladores, debemos fomentar una transición oportuna hacia una economía climáticamente neutra. La medición y gestión adecuadas de los riesgos derivados del clima y de los riesgos relacionados con la sostenibilidad deberían ser la fuerza impulsora de todos nuestros esfuerzos en este frente. La industria debe prepararse para canalizar la financiación y brindar asesoramiento a sus clientes en esta transición. Los bancos también pueden actuar como catalizadores de la transición al exigir a sus clientes que mejoren la calidad de la información y la gestión del riesgo de sus actividades en este ámbito.

Por último, estas dos tendencias de digitalización y sostenibilidad implican una integración y transversalidad de las cadenas de valor que nos obligará a mejorar nuestra capacidad para evaluar los riesgos, tanto sistémicos como de cada entidad, desde una perspectiva más amplia que la sectorial. Para la ABE, esto significa proseguir y vigilar la conclusión del trabajo de regulación y supervisión que hemos puesto en marcha y complementar nuestra capacidad de análisis de las nuevas tendencias y de cooperación con otros reguladores sectoriales e internacionales para asegurar un entorno competitivo y de estabilidad financiera.

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