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La reforma sanitaria de Obama desafía a las aseguradoras

"Si no arreglamos nuestro sistema de atención médica, Estados Unidos tomará el camino de General Motors; pagando más, obteniendo menos y yendo a la quiebra". Así de tajante se mostró el flamante presidente demócrata, Barack Obama, para convencer a las Cámaras de la urgencia de su reforma sanitaria y solucionar, de esta forma, el principal problema doméstico norteamericano del momento.

El objetivo: que los cerca de 47 millones de estadounidenses sin seguro médico puedan recibirlo. El principal escollo al que se enfrenta: el lobby sanitario, que ha intentado, desde el principio, impedir que avance la propuesta para no perder tajada.

La salud privada... ¿insostenible?

¿Es la salud privada en la primera potencia económica un sistema económicamente insostenible? EEUU gasta al año casi tres billones de dólares (unos 2,1 billones de euros) en cuidados médicos, cifra que representa alrededor del 16 por ciento de su PIB y que se antoja realmente alta si la comparamos con la de Canadá o Alemania, donde este gasto equivale al 10 por ciento. Sin embargo, cerca de 47 millones de estadounidenses no tienen seguro médico, y a otros 25 millones no les cubre del todo.

Sólo el Medicare, programa para ancianos y dependientes, y el Medicaid, para los llamados indigentes médicos, suponen un gasto de 550.000 millones de euros anuales para el Gobierno federal y, además, amenazan con colapsar el sistema a largo plazo. ¿La razón? Hasta 72 millones de estadounidenses han reconocido tener serios problemas con el pago de las cuentas médicas.

La demócrata Kathleen Sebelius lo tiene claro: "El exorbitante coste del cuidado de la salud está quebrando las familias y los negocios". Y no anda desencaminada, cada 30 segundos una familia norteamericana se declara en bancarrota por sus diferencias con las aseguradoras. Y es que en EEUU un parto roza los 10.000 dólares (unos 7.025 euros) y una analítica los 700 dólares (490 euros). Si tienes un desmayo y te recoge una ambulancia en la calle mejor te puedes ir despidiendo. El sitio de Internet Health Care Stories for America ha calculado la odisea de sufrir un lapso en plena vía pública y, en total, sumando el traslado en una ambulancia, el oxígeno, suero, la cama en el hospital, la atención médica y la de los enfermeros -que van aparte-, la broma te puede costar más de 2.000 dólares (1.400 euros).

El negocio del siglo XXI

Por si fuera poco, el sistema de seguros privado es enormemente costoso en EEUU, al dedicarse gran parte del gasto al marketing, ingresos de los ejecutivos, accionistas, supervisores, contables y un largo etcétera (Aetna gasta un 30 por ciento, Humana el 16 por ciento y United Health el 18 por ciento, según Corporate Sec. Fillings). A pesar de todo, las aseguradoras han obtenido unos beneficios astronómicos, convirtiéndose en uno de los negocios más rentables del siglo XXI.

No es casualidad que una de las personas mejor pagadas en EEUU sea William McGuire, presidente de la compañía de seguros sanitarios privados United Health Group. Gana 26 millones de euros al año, según The New York Times.

El secreto para obtener tantos beneficios lo desveló Wendell Potter, antiguo alto ejecutivo de la aseguradora médica Cigna, cuando testificó ante el Comité de Comercio del Senado: "La mejor forma de ganar dinero es encontrar la manera de negar la atención. Es muy fácil, se mira con cuidado si el enfermo no reconoció alguna enfermedad leve o una condición preexistente y se cancela la póliza".

Obama ante el gran lobby

Para zanjar el asunto, Obama ha impulsado un proyecto de ley de reforma sanitaria (anunciado en horario prime time) que pretende extender la cobertura a millones de estadounidenses a partir de un nuevo seguro médico público "para todos". El coste de la reforma: un billón de dólares (0,7 billones de euros) en los próximos diez años.

Pero no lo tiene fácil. En contra tiene a los republicanos -que invirtieron hasta un millón de dólares en una campaña para sembrar de dudas la reforma de Obama y llamarlo socialista, como ya hicieran con Hillary Clinton-, los demócratas moderados de su propio partido, los 200 millones de norteamericanos que sí tienen cobertura médica y que no quieren pagar con sus impuestos los medicamentos del vecino, así como las farmacéuticas, los médicos y, sobre todo, el poderoso lobby que maneja el cotarro y establece las reglas del juego: las aseguradoras médicas.

Por poner un ejemplo, la compañía de seguros privada Blue Cross Blue Shield lanzó una campaña publicitaria a bombo y platillo con el lema de "Nosotros podemos hacerlo mejor que un sistema sanitario dependiente del Gobierno". Pero no ha sido la única. Las poderosas AMA (American Medical Association), WellPoint, Health Net, Prudential, Aetna, Cigna, Coventry, United Health y un largo etcétera de compañías médicas aseguradoras presionaron en el Congreso para que bloquee un elemento crucial de la reforma sanitaria: la opción pública. Pero no funcionó. El Senado norteamericano aprobaba el jueves la reforma del sistema sanitario, respaldando por 60 votos a favor y 39 en contra los cambios más drásticos en la política sanitaria de EEUU en cuatro décadas.

263 millones en los comicios

Lo cierto es que la financiación esencialmente privada de las campañas electorales consigue que los lobbys o grupos de presión influyan en las decisiones de los políticos estadounidenses, y la industria médica no lo es menos. La web de Internet Center for Responsive Politics desveló el incremento de las donaciones por parte de este lobby sanitario a los miembros -sobre todo demócratas- del Congreso, para, entre otras cosas, blindar la Cámara frente a este tipo de reformas.

Desde la propia Hillary Clinton, John McCain, pasando por Bush hijo y hasta el mismísimo Barack Obama, las compañías aseguradoras se gastaron la friolera de 263 millones de dólares (185 millones de euros) en 2009. Y no lo han hecho para nada.

Lo que propone realmente Obama no es un sistema de salud universal o público, sino un sistema de pago compartido, en el que el ciudadano pueda elegir entre ir a la sanidad pública o a la privada. El demócrata ha tranquilizado a la AMA y ha asegurado que no busca desmantelar a las aseguradoras del sector privado, y lo cierto es que no es tan descabellada la idea, porque esta fórmula ya se da en Estados Unidos. Actualmente existe un servicio postal socializado y no pasa nada. Federal Express y UPS conviven perfectamente con la Oficina de Correos, a pesar de la competencia. Y todos ganan dinero.

Pero, aun así, el lobby sanitario que ya desbarató el proyecto de reforma de Hillary Clinton y, desde entonces, se convirtió en una máquina de hacer dinero no lo tiene claro y, sobre todo, no quiere dejar de hacerlo.

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