Evasión

Un viaje a Apulia, el tacón de la bota italiana

  • El sur de Apulia es lo más auténtico de la zona, el verdadero tacón
  • No es lugar de playas, aunque hay muchas maneras de acceder al mar
  • Bari es la ciudad más turística y la más importante del sur italiano tras Nápoles
Trani, Apulia, Italia. Foto: Daniel M. Cisilino, Dreamstime.
Madrid

Apulia, la Puglia italiana, el tacón de la bota, es una de las regiones menos conocidas del bel paese y no por falta de méritos sino porque la abundancia de opciones no evita una concentración de turistas en los lugares más famosos; en el sur la Campania con Nápoles, la Costa Amalfitana y su parte de la Magna Grecia. Sin embargo en los últimos años con el aumento de vuelos de bajo coste a Bari, la saturación de otros destinos y la reconversión de masserias, fincas agrícolas con amplios alojamientos en hoteles, muchas miradas tanto del turismo italiano como del europeo se han fijado en unos lugares que históricamente habían sido principalmente de paso entre Roma y los dominios orientales. La Via Apia termina en Brindisi, donde está la famosa columna. Allí embarcaban y desembarcaban las legiones camino de Grecia, Turquía o más allá, o de regreso. Allí murió Virgilio para dar ejemplo de cómo se transforma la tradición griega en romana. Durante unos meses, de septiembre de 1943 a febrero del 1944 fue la capital de Italia coincidiendo con el avance de los aliados hacia el norte.

El sur de Apulia fue terreno helénico desde que en el siglo VIII a.C. los griegos fundan varias de las ciudades de la región, pero los romanos la dominan desde el siglo tercero a.C. Allí tienen que pelear con Aníbal, aliado de los locales, con Espartaco y con todos los que se refugiaban en el sur del sur, luego pasan bizantinos, normandos, sus sucesores imperiales gibelinos con el gran Federico II, los Angevinos franceses, protectores de los Güelfos, que a su vez fueron expulsados por los Aragoneses tras las famosas vísperas sicilianas de 1248, y los borbones, con el intermedio napoleónico de Murat, pero siempre gobernados desde Sicilia o desde Nápoles. Y así hasta Garibaldi y el resorgimento con Cavour haciendo Italia pero tardando en hacer italianos de los nativos sureños. Algunos pisaban el norte de la Apullia pero pocos el sur, que servía para proveer de aceite, trigo y vino a las regiones más ricas y con mayor población.

El norte de Apulia lleva dentro la influencia de la Campania. El sur es más auténtico, el verdadero tacón, por occidente el mar Jónico hasta Tarente (Taranto) con su golfo, por oriente hasta Bari en el Adriático. Es lugar de puertos, la propia Tarente, Otranto, Bari, Brindisi, Galipolli, Otranto, pero no de playas, aunque hay muchas maneras de acceder al mar para un baño.

Bari es, después de Nápoles, la segunda ciudad más importante del sur, la tierra de San Nicolás, el Obispo turco cuyo cadáver fue robado por marineros locales, debido a sus facultades taumatúrgicas, y que, por milagros que ignoro, se terminó convirtiendo en Santa Claus. Un sureño en la nieve con trineos y renos. Por eso, en medio del laberinto de callejuelas medievales, se encuentra la basílica dedicada al Santo, construida en un elegante y simple románico apuliense. No lejos se encuentra el lungomare borbónico para el correspondiente paseo. De la catedral hay que destacar la columnata que parece la de la Mezquita de Córdoba, y al lado el Castillo edificado, como no, por Federico II.

De Bari al norte no pueden dejar de visitarse las imponentes y blancas catedrales de origen normando o imperial con claras influencias del norte de Europa, en el eje norte sur o de Bizancio en el eje este oeste: Bitonto, Ruvo di Puglia, Barletta, la más tardía, y la famosa catedral sobre el mar de Trani;el espectáculo desde la plaza es maravilloso, para terminar en la ciudad de nombre evocador, Troia, con su catedral de piedra rosa. Pero quizás el edificio más interesante y misterioso de la zona es Castel del Monte, a veinte kilómetros de Ruvo. Es el más famoso de los castillos de Federico, construido en medio de la nada, no sabemos si con objetivos defensivos o religiosos, pero no demasiado ortodoxos. Su planta octogonal está protegida por ocho torres octogonales. Dentro el vacío.

En la provincia de Bari y camino del sur, los visitantes suelen hacer una parada en Alberobello el municipio de los Trullos, construcciones circulares con muros de mampostería de piedra y pintadas de blanco con el techo de láminas de piedra blanda. Como no podía ser de otra manera muchos se han convertido en alojamientos comercializados de diferentes maneras. La declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco los ha protegido pero también ha convertido a Alberobello en uno de los lugares más concurridos de Apulia con sus ventajas e inconvenientes. Alrededor, en el Valle de Itria los famosos olivos, viñedos, almendros y algunas masserias en el paisaje más mediterráneo que uno pueda imaginarse.

Camino del Jonico es recomendable hacer una visita a Matera, ya en Basilicata, famosa por los Sassi, las cuevas habitadas desde la antigüedad , en su día vergüenza de Italia y hoy espectáculo turístico, especialmente después del rodaje allí de la La Pasión de Cristo. El panorama desde los miradores es de los más fotografiados de Italia.

Otranto

Entramos en el Jónico por Metaponto, ciudad de antiguo origen, y nombre griego, donde se supone que murió Pitágoras huyendo de los aliados de los cartaginenses. Espartaco y sus huestes destruyeron la ciudad. De la antigüedad solo quedan las columnas del templo de Hera, conocidas como la Mesa Palatina.

En el Golfo de Tarento, la ciudad del mismo nombre de antiguo origen griego, siglo VIII AC, sin duda una de las más importantes colonias helénicas de la época que debió concentrar importantes riquezas como se deduce del gran botín que obtuvieron los romanos al conquistarla en el 209 AC , el ori di Taranto. Hay que visitar el Museo Arqueológico. También de nombre y origen griego es la ciudad de Galipolli, más al sur, que conserva el aire medieval mediterráneo y portuario que invita a perderse en las callejuelas del casco antiguo .

De regreso hacia el Adriático la parada obligatoria es en la increíble ciudad de Lecce, llamada por los poetas sureños la 'La Florencia del Barroco'. En medio de campos de olivos y vides. Lecce fue esplendorosa entre los siglos XV y XVIII, pero su carácter se lo dan las innumerables construcciones del XVII con fachadas barrocamente ornamentadas y construidas en piedra calcárea. Es la ciudad a más borbónica de Italia, y como corresponde, los edificios importantes son eclesiásticos: la Catedral, el Palacio Episcopal y el Palacio del Seminario. Aquí los únicos protestantes son los turistas que han aparecido en los últimos años.

A menos de cincuenta kilómetros al sureste el viaje termina en la localidad más oriental de Italia: Otranto, un residuo de otros tiempos. Gran parte de la ciudad vieja se encuentra amurallada con una interesante catedral del XI con suelo de mosaico lleno de personajes y animales. En alto el poderoso castillo aragonés nos enseña quien mando allí durante tantos años. El puerto fue durante las últimas décadas del pasado siglo el centro de operaciones en la lucha contra el tráfico ilegal de albaneses hacia Italia con notable éxito.

La distancia de Otranto a Trani es de 250 kilómetros a los que se tendrían que sumar cien más si se extiende la excursión al norte hasta Troia o el Gargano, por lo que son muy pocos los viajeros que exploran toda la Apulia en un solo viaje. Hay que escoger, teniendo en cuenta, además que las carreteras no llegan al nivel de las españolas, o aún mejor, repetir.

Entre los productos locales para consumir in situ destacan los vinos que, en los últimos han adquirido cierto prestigio. Durante siglos la zona era conocida por una vasta producción y una calidad mediocre. Con las principales uvas autóctonas, en el sur, el negroamaro y el primitivo, conocido en América como zifandel fabrican hoy unos caldos magníficos. En el norte predominan, como en las regiones vecinas, el sangiovese y el montepulciano que alcanzan precios superiores en las tiendas. Los blancos y rosados no han alcanzado todavía el mismo aprecio. Los platos típicos se basan en la capacidad imaginativa de los locales para elaborar productos elementales: las orechiette, pasta con forma de orejitas, los pastichiotti, bolas rellenas de crema o los pamerotti simples empanadillas nos cuentan la historia de que la región vivió durante siglos al borde de la supervivencia mientras en otras partes de Italia comían con variedad y abundancia.

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