España

Una huelga general a favor del Gobierno

La del 29-S es la protesta con los objetivos más abstractos de la historia democrática: está dirigida contra la oposición y en defensa de los derechos sindicales. Repaso de las seis huelgas generales anteriores, sus motivos, seguimiento y logros o fracasos.

De la misma manera que la huelga del 14-D de 1988 pasó a la historia como "el día en que pararon hasta los relojes", la del 29-S de 2010 se convertirá en "la huelga putada", como la definió el secretario general de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo. Es una protesta que nadie quiere hacer y como comenta en privado un veterano sindicalista, se hace "para salvar la cara ante sus bases".

De las siete protestas que se han convocado desde 1977, sin lugar a duda ésta es la que presenta unos objetivos más abstractos. Realmente nadie sabe muy bien por qué se protesta ni qué se piensa conseguir con este paro. Paradójicamente, la movilización podrá ser un gran éxito en cuanto a seguimiento, pero también un rotundo fracaso en cuanto a los resultados conseguidos.

Lo importante desde el punto de vista mediático es el número de personas que no acudan a su puesto de trabajo, aunque esta ausencia se haya producido al margen de su voluntad. "La vieja máxima sindical dice que la clave del éxito de una huelga general está en el transporte" y esto sólo se consigue con la actuación de piquetes informativos.

El 29-S se ha convertido en una auténtica prueba para UGT y CCOO. Si su seguimiento es desigual, como sucedió en la huelga general de funcionarios en el mes de junio, quedará en cuestión su representatividad. Sobre todo, después del duro ataque que ha lanzado contra ellos la derecha por su financiación y el elevado número de liberados que sostiene el sector público. Si por el contrario la protesta tiene un seguimiento notable, como todo parece indicar a menos de una semana, el problema será cómo lo administran los dirigentes sindicales. Los sindicatos tienen que demostrar ante los trabajadores que les han apoyado por qué han sacrificado un día de su jornal. CCOO y UGT siempre han argumentado que una huelga general es una inversión a largo plazo. Sin embargo, en esta ocasión tienen muy difícil convencer con este argumento.

Si la protesta se hace por la bajada del salario de los funcionarios y por la congelación de las pensiones, parece imposible que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero pueda dar marcha atrás. El presidente tiene que culminar el ajuste presupuestario que contempla un recorte en algunas partidas de inversión hasta el 50 por ciento.

Si el motivo es la "descafeinada" reforma laboral aprobada el 9 de septiembre en el Congreso de los Diputados tampoco parece que pueda ser modificada una vez publicada en el BOE. Por el contrario, los sindicatos tendrán que enfrentarse a una reforma de las pensiones que por sí misma -para la lógica sindical- justificaría tres huelgas generales como ésta. Es decir, que si no quieren caldo con la reforma, tres tazas.

Sin dañar al Gobierno

Pero lo más llamativo de esta peculiar huelga general es que no se quiere dañar al Gobierno. A diferencia de la huelga del 14-D de 1988, donde existía un duro enfrentamiento entre Nicolás Redondo y Felipe González, o la del 20-J de 2002, cuando el enfrentamiento era con José María Aznar, en esta ocasión no quieren perjudicar al Ejecutivo de Zapatero. Debilitar aún más al actual Gobierno supone facilitar la llegada al poder del PP, cuyo planteamiento económico es aún más duro para las tesis sindicales. Por esta razón han aprovechado el error estratégico de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con la inoportuna polémica de los liberados sindicales para salirse por la tangente. La huelga ahora está dirigida contra la oposición y en defensa de los derechos sindicales.

Otra peculiaridad del 29-S es que es la primera vez que se hace una huelga en plena crisis económica. Hasta ahora se habían hecho en el ciclo alto de crecimiento para propiciar un mejor reparto de la riqueza o en la salida de la crisis para influir en la política económica. En esta ocasión la huelga se hace con una economía "frágil" y "debilitada", en la que hay que evitar el proteccionismo, como la ha definido la vicepresidenta Elena Salgado. Es decir, España está vigilada por los grandes organismos internacionales para evitar que entre en una suspensión de pagos. Como le dijo Obama a Rodríguez Zapatero el 9 de mayo, la economía española está quebrada. Esto explica que la protesta pueda ser interpretada por algunos sectores progresistas como "una absoluta irresponsabilidad".

Pero lo más difícil para los sindicatos es que en esta ocasión no tienen la razón histórica, como podría haberse interpretado ante el Gobierno Aznar -que impuso la reforma por decreto- o ante Felipe González-cuando en 1992 impuso la reforma del seguro de paro para evitar la quiebra del Inem-. Los sindicatos argumentaron entonces, no sin razón, que se les había marginado de la solución. Eran medidas adoptadas "a traición". En esta ocasión, la situación ha sido exactamente la contraria. Durante los tres años que ha durado la crisis financiera los agentes sociales han sido incapaces de ponerse de acuerdo prácticamente en nada, a pesar que se han superado los 4,6 millones de parados. No se ha alcanzado ni un solo acuerdo. Durante meses se ha estado mareando la perdiz, retrasando la adopción de decisiones por parte del Gobierno y del Parlamento, que al fin y al cabo representa la soberanía popular. El resultado ha sido que en aras de alcanzar un consenso, se ha perdido un tiempo precioso para ejecutar soluciones ante una situación gravísima. No parece sorprendente que la huelga del 29-S haya sido calificada como "una huelga putada".

5 de abril de 1978

"Por la libertad sindical". Durante el Gobierno de Adolfo Suárez, en plena transición de la dictadura a la democracia, CCOO y UGT convocaron una huelga general en paralelo con la Confederación Europea de Sindicatos y que contó con el apoyo de 28 países europeos. El objetivo era protestar contra la alta tasa de desempleo, pero en España (que tenía entonces una tasa de desempleo del 5 por ciento) se aprovechó para consolidar la recién estrenada legalización de los sindicatos. Fue seguida por cerca de 4 millones de trabajadores, según las cifras sindicales. Los objetivos se lograron porque se firmaron los Pactos de laMoncloa, la Constitución -donde se recoge la huelga como un derecho fundamental e individual-, y el Estatuto de los Trabajadores -que permitió salir de la dictadura con importantes contrapartidas-. Sólo lo aceptó UGT, porque CCOO lo consideró inasumible. La paradoja es que los sindicatos se han tenido que movilizar después en siete ocasiones para evitar que el Estatuto se modificara.

20 de junio de 1985

"Contra el recorte de las pensiones". La primera de las huelgas contra el Gobierno de Felipe González. La convocó CCOO contra el aumento del periodo de cálculo de las pensiones de 2 a 8 años. Tuvo un seguimiento entre un millón (según el Gobierno) y 4 millones (según los convocantes). El entonces ministro de Trabajo, Joaquín Almunia, argumentó que se trataba de evitar la "compra" de pensiones. Esta medida fue el primer punto de fricción entre Nicolás Redondo y Felipe González. Fue un fracaso, porque el Gobierno no dio marcha atrás a su decisión. Años después UGT y CCOO reconocieron que esas medidas iban en la dirección correcta y evitaron la quiebra de la Seguridad Social. De hecho, ambos sindicatos, de forma voluntaria, asumieron la ampliación del periodo de cálculo de las futuras pensiones de 8 a los 15 años actuales. Incluso CCOO ha mantenido la necesidad de tomar como referencia toda la vida laboral a lo que se ha negado UGT con razones poco transparentes. La próxima reforma de pensiones se conocerá en octubre y plantea elevar este periodo de 15 a 20 años.

14 de diciembre de 1988

"Contra el Plan de Empleo Juvenil". Se trata de la mayor huelga de los últimos ochenta años. El éxito de
seguimiento fue total
, con más de 8 millones de trabajadores (el Gobierno no lo desmintió)
secundándola. La protesta se hizo para que se retirase el Plan de Empleo Juvenil (PEJ) elaborado por el PSOE y contra la política económica del Gobierno. Felipe González llegó a dimitir, porque no había garantizado el derecho al trabajo y a la movilidad de los ciudadanos. Los sindicatos consiguieron sus objetivos: el Ejecutivo retiró el PEJ
y el ministro Carlos Solchaga cambió el ajuste por una política expansiva que disparó el déficit público y la deuda (el pago de intereses se convirtió en una de las principales partidas de gasto). El paro se disparó entre los jóvenes, sin que se tomaran medidas alternativas.

28 demayo de 1992

"Contra la ley de huelga". La tercera huelga contra Felipe González con el objetivo de parar la regulación de la ley de huelga, por entender que limitaba este derecho, también se aprovechó para protestar contra el recorte de las prestaciones por desempleo y a favor de la reindustrialización de España. Los sindicatos elevaron el seguimiento al 80 por ciento de la población, pero elGobierno socialista lo limitó al 34 por ciento. Los sindicatos consiguieron que no se regulase la ley de huelga, que sigue regulada con una norma preconstitucional. La reindustrialización se hizo a costa de cerrar los sectores maduros, lo que permitió impulsar nuevas actividades económicas. Las prestaciones por desempleo se recortaron, pero siguieron siendo las más generosas de Europa. Si bien lo más importante es que Felipe González le quitó trascendencia a este tipo de protestas.

27 de enero de 1994

"Contra la reforma laboral". La cuarta huelga contra Felipe González siendo ministro de Economía Pedro Solbes. El objetivo era neutralizar la reforma laboral para abaratar el despido. Según los sindicatos fue seguida por el 90 por ciento de la población, cifra que el Gobierno rebajó al 30 por ciento. A pesar de ello, la reforma del Estatuto de losTrabajadores tuvo escasa incidencia a la hora de reducir la rigidez del mercado laboral. El Gobierno suavizó tanto los cambios que no sirvió de nada. Se puede decir que fue una victoria pírrica de los sindicatos, ya que 8 años después fue necesaria una nueva reforma.

20 de junio de 2002

"Contra el decretazo?. La huelga contra el Gobierno de José María Aznar tuvo un enorme impacto político, ya que fue el inicio del desgaste del Gobierno del PP. El seguimiento, según el Gobierno, fue del 17 por ciento y los sindicatos lo elevaron al 84 por ciento, pero lo importante fueron las grandes manifestaciones contra la manipulación de datos que hizo el entonces ministro Pío Cabanillas. El Gobierno dio marcha atrás en sus medidas
para recomponer las relaciones con los sindicatos y retomar la concertación social. Sin embargo, se implantó el despido exprés (abaratando los salarios de tramitación) en los despidos improcedentes.

29-S de 2010

"Así No". La primera huelga contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se realiza bajo el
paraguas de una protesta en toda Europa. Está convocada contra el ajuste impuesto por Bruselas para ayudar a España. Los sindicatos se oponen a asumir sacrificios y rechazan las reformas estructurales.

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