Motor clásico

Buick Streamliner 1948: el tesoro perdido en el desierto de Arizona

Norman E.Timbs fue un ingeniero aficionado a las carreras de coches que, antes de que estallara la segunda guerra mundial, se sintió fascinado por los bólidos que se desarrollaban al otro lado del Atlántico.

En concreto, su inspiración llegó de ver en acción a los coches de carreras alemanes de la época, que tenían su mayor exponente en el Mercedes-Benz W25 y el Auto Union C construidos en 1937 y que resultaban imbatibles sobre los circuitos en una época gloriosa para el automovilismo del entonces Tercer Reich.

Timbs, sin embargo, quería aplicar los avanzados conceptos técnicos que tanto le fascinaron en un coche de calle. Y se puso manos a la obra sobre su tablero de dibujo primero y en el taller después.

El diseño de la carrocería es totalmente aeronáutico, con unas líneas que favorecen al máximo la aerodinámica. Se plasmó en una extraordinariamente bella carrocería de aluminio, encargada al especialista Emil Diedt, que la construyó artesanalmente a mano para ser fijada sobre un chasis tubular inferior en acero. El proceso duró en total dos años antes de que esta pieza única rodara sus primeros metros sobre el asfalto.

Comprado por 17.600 dólares

El asiento del conductor se encontraba muy avanzado para la época respecto al eje delantero, consecuencia de que bajo el inmenso capó de chapa posterior se alojaba el motor, un Buick V8 de cuatro litros de cilindrada que en la época daba como potencia 200 caballos. El Buick Streamliner asombró en su presentación, evolucionando al principio a modo de exhibición sobre circuitos cerrados, en los que demostró una enorme facilidad para rozar los 200 kilómetros por hora de velocidad punta.

Impresionado por aquella joya rodante, un tal Jim Davis compró el Streamliner en 1952, utilizándolo habitualmente para desplazarse por los alrededores de su domicilio californiano de Manhattan Beach. Si lo que quería era llamar la atención, lo consiguió ya que el Streamliner apareció en numerosas noticias y reportajes en la prensa de la época.

Y entonces el fantástico Buick Streamliner desapareció de la faz de la tierra. Nadie supo de él hasta medio siglo después, cuando unos 'cazatesoros' lo descubrieron en 2002 abandonado pero intacto en una chatarrería del desierto de Arizona. Su carrocería de aluminio y el clima seco lo preservaron de la oxidación, y aunque conservaba casi la totalidad de sus piezas originales, su estado requería una completa restauración, que sin embargo se demoraría aún dos años.

Un par de subastas por medio, en una de las cuales el actual propietario lo adquirió por sólo 17.600 dólares, el Buick Streamliner fue totalmente restaurado y volvió a la vida por todo lo alto, siendo la sensación del Concurso de Elegancia de Amelia Island en 2010.

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