Editoriales

Urge la privatización total de Aena

La posibilidad de que Aena lanzara una contraopa por Abertis fue vetada por el Gobierno, que no estaba dispuesto a asumir el coste político de privatizar una de sus joyas industriales. La operación descartada por el gestor aeroportuario habría implicado con toda seguridad la dilución del Estado (ostenta el 51% del capital), de forma que habría perdido el control, y por tanto, su consideración pública.

No es la primera vez que el Ejecutivo impide que Aena se diversifique o amplíe sus horizontes de acción, conformándose con los buenos resultados obtenidos con la privatización parcial de la firma. El inmovilismo público es, sin duda, perjudicial para el gestor. Así lo estiman también los analistas que aconsejan vender sus títulos, al acotar su crecimiento a solo un 9% hasta 2019.

Los expertos justifican sus peores recomendaciones en que esperan una ralentización del crecimiento del tráfico aéreo, a medida que remita el impulso que ha tenido el turismo en España, por los problemas políticos y de seguridad de países rivales. Sin duda, se trata de una razón de peso que comparte la propia Aena. De ahí que su presidente, José Manuel Vargas, acierte cuando afirma que la compañía necesita independencia para reactivar su expansión exterior.

La presencia estatal supone un freno para el necesario cambio que debe afrontar la empresa. Aena no puede perder su oportunidad, en un momento en el que se configura un mercado global de aeropuertos y en el que se crean firmas con capacidad de crecimiento a nivel mundial. Por el bien de la compañía, la privatización debe completarse. Será la única forma de evitar que vea truncado su desarrollo y no tenga otra salida que ser adquirida por un competidor mayor.

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