
Cuando las 1.600 sucursales del Popular levantaron la persianilla el miércoles día 7, regado con la liquidez y marchamo de solidez del Santander, ningún cliente sabía que doce horas atrás estuvo apunto de fenecer por ahogo. Salvar al sexto banco del atolladero supuso movilizar a todas las autoridades con competencia: supervisores -Banco de España y el mecanismo europeo del BCE (Mur)-, juntas de resolución (SRB y su brazo nacional Frob), gobiernos -Comisión Europea y Ministerio de Economía-, bancos competidores y a su vasto ejército de consultores y asesores desde primera hora de la tarde del día 6 hasta su adjudicación al Santander en la madrugada del día siguiente.
Algunos in situ, muchos a tiro de videoconferencia y teléfono, tuvieron que apresurar el salvamento decidido el fin de semana previo y cuya ejecución se planeó realizar hoy, con los mercados cerrados. No hubo tiempo. "El propio banco pidió la resolución en el momento en el que sabíamos que había una solución; no antes, porque entrar en una resolución sin solución no es solución", explicaba Emilio Saracho a sus directivos a través de videoconferencia a las pocas horas de ser sustituido por ejecutivos del grupo cántabro. La incontenible fuga de depósitos ordenada por intranquilos clientes no deja alternativas, detalla en el vídeo recogido por Vozpopuli, donde no desvela el detonante ni si hubo alternativa real.
La gangrena del ladrillo y las dificultades para tasar el agujero por las amenazas de querellas, junto a la negativa del Gobierno a facilitar la venta con ayudas, amenazaba hace bastantes días con dejar desierta la prospección de JP Morgan. Con la especulación sobre este desinterés instalado en el mercado, la filtración la semana pasada de que la presidenta del mecanismo de resolución europeo, Elke König, había reconocido que lo monitorizaba desata el pánico: arranca la voraz espiral de caídas que destruye un 53 por ciento del valor bursátil en días y reabre la hemorragia en los depósitos.
El viernes negro todo se precipita. El nuevo revolcón en bolsa, azuzado por ataques bajistas tras conocerse que BlackRock bajó del 4,09 al 1,775 por ciento su participación, acelera tanto la fuga de fondos que Saracho apela a la directiva a tranquilizar a la clientela en un sospechoso -porque se ha prodigado poco en mensajes a la plantilla- email.
En un último intento, JP Morgan golpea de nuevo a las puertas de los cinco grandes: que presenten, aunque sea a derribo, una oferta de compra... pero con esquiva respuesta. Las decisiones en las instalaciones de la entidad se escrutan con mayor cercanía por funcionarios del supervisor. A fin de ganar tiempo ahora ya para la articulación de la solución ha reclamado liquidez al BCE, el oxígeno que empieza a escasear.
En Madrid se echa de menos a Luis de Guindos con el crítico momento que atraviesa la sexta entidad. No se entiende en el mercado el viaje del ministro a Virginia a la reunión del Club Bilderberg. Allí coincide con Ana Botín que, hasta entonces renuente, reconsidera la idea de diseñar una oferta, siempre que salgan los números y no penalice al accionista del Santander.
En Bruselas, responsables del mecanismo europeo de resolución se reúnen ese mismo fin de semana con miembros de la Comisión para evaluar el riesgo que el Popular representa para economía y sistema financiero. Apoyándose en la valoración de un experto independiente, que algunos identifican como Deloitte, teme un agujero de 8.200 millones de euros que le impedirá cumplir con los requerimientos. La suerte está echada. Su ejecución se planea poner en marcha a partir de ayer, viernes día 9.
Llega el lunes 5. Nuevo golpe en bolsa y más pánico: Credit Mutuel deja, por sorpresa, el puesto del consejo. El banco se desangra. A las 15.00 horas del martes, Saracho comunica al BCE que se ha agotado la liquidez. Según Reuters, la fuga de depósitos suma 18.000 millones. Abrir las sucursales es un suicidio y, a primera hora de esa fatídica tarde, el BCE comunica al mecanismo de resolución (SRB) que preside König la inviabilidad de la entidad. Lo que sigue es frenético: a las 23.00 horas, el SRB, que como después se desvelará había contratado semanas antes a Arcano y Jefferies como asesores en la colocación, solicita ofertas por el banco. Ni cuatro horas pasan hasta seleccionar la del Santander. A las 4.00 de la madrugada, el SRB aprueba la resolución, una vez decidido que el Popular es una entidad de interés público -su liquidación dañaría a la economía o a la banca-, no hay opción de solución privada y se debe, por tanto, resolver "en las condiciones de la oferta del Santander". Tras obtener la última y necesaria luz verde de la Comisión Europea, se pulsa el botón para que todo ocurra. Accionistas y tenedores de bonos convertibles y deuda subordinada cubren, con la pérdida de sus inversiones, los boquetes del banco. Se firma el contrato de transferencia al grupo cántabro por un euro simbólico, pero el Santander cubre su ahora inexistente capital -imposible operar así- y transfunde la liquidez que le permite abrir el día 7 con "normalidad". Antes de las ocho se comunica la primera operación de resolución del mecanismo europeo.