Impulso a la educación financiera

11:39 - 11/10/2017
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Hace unas semanas participé en un congreso sobre educación e inclusión financiera organizado por Felaban, la Federación de Bancos Latinoamericanos, donde compartí con los colegas del sector y de otros ámbitos las diferentes iniciativas y tendencias que, tanto en España como en Europa, se están llevando a cabo para fomentar la educación financiera.

Para terminar una de mis ponencias utilicé una frase que había leído sobre el café y decidí reeditar. "No es que la educación financiera nos dé insomnio, es que nos permite soñar despiertos". Durante este encuentro me percaté de que no soy la única que sueña despierta.

Los compañeros de Latinoamérica compartieron también sus experiencias y explicaron los proyectos que han puesto en marcha para fomentar la cultura financiera en la región, donde hay 250 millones de personas sin bancarizar. Es decir, alrededor del 65% de los latinoamericanos no tiene acceso a un sistema bancario formal, condición necesaria para salir de la pobreza de forma sostenible.

Con este nivel de bancarización tan bajo, no es de extrañar que los niveles de educación financiera sean mínimos. Esta situación es realmente preocupante, ya que una sociedad sin acceso al sistema financiero y que no entiende conceptos básicos como el interés, la inflación, el riesgo o la rentabilidad no puede prosperar en un mundo como el actual. No es posible gestionar tu vida sin saber cómo gestionar tu dinero, ya que forma parte del día a día y nuestro futuro. Por eso, en Latinoamérica, la inclusión y la educación financiera van de la mano.

A pesar de la situación que vive la educación financiera en esta región, fue emocionante escuchar el entusiasmo con el que los compañeros explicaban sus planes de acción e iniciativas para que los ciudadanos de sus países sean capaces de gestionar su dinero de forma responsable y que esto les permita mejorar sus vidas. Un compromiso que no sólo está presente en el sector bancario, sino que también forma parte de las agendas de los gobiernos y de las empresas privadas que, en la mayoría de los casos, se unen para luchar contra un problema que afecta a todos de forma directa o indirecta.

Así, para suplir la falta de sucursales y cajeros en zonas de difícil acceso en México, los bancos han firmado convenios con tiendas de conveniencia -tiendas de alimentación abiertas 24 horas-, donde las personas pueden pagar sus recibos y hacer otras gestiones bancarias. Mientras, en Uruguay, el Gobierno ofrece una reducción del IVA en todas las compras pagadas con tarjeta de débito para fomentar su uso.

En el congreso también se habló de las fintech, las tecnologías aplicadas a las finanzas, que son claves para aumentar la bancarización de la sociedad en Latinoamérica. Se mencionó el caso de Kenia o Uganda, donde hay más personas que utilizan las cuentas de dinero móvil que las cuentas bancarias tradicionales. Aun así, el uso de las nuevas tecnologías debería ir acompañado por iniciativas que promuevan la educación financiera, para que sean usadas de manera responsable.

En Latinoamérica, sin embargo, los obstáculos no sólo están relacionados con la falta de acceso a una sucursal bancaria o a Internet, sino a otros problemas como la falta de un sistema formal y unívoco de las personas físicas, como el DNI en España; y la desconfianza hacia las instituciones. Con toda certeza, el problema de la expedición de documentos identificativos se solucionará, mientras que la desconfianza es un desafío al que todos nos enfrentamos.

No cabe la menor duda de que la crisis financiera en la región ha afectado a la reputación de los bancos. Muchas personas han visto cómo se congelaban sus depósitos, se producían cambios inesperados en los tipos de cambio de sus ahorros en moneda extranjera, etc. Aun así, la mejor manera de recuperar su confianza es ofreciéndoles las herramientas más sencillas y a un coste accesible para que sean ciudadanos capaces de tomar decisiones responsables.

Por eso, es fundamental que, tanto desde el sector público como desde la banca, impulsemos la educación financiera, no solo en nuestro país sino en todos aquellos donde nuestros bancos tienen actividad y en los que desde hace años invierten recursos humanos y materiales para que esto sea posible. Después de escuchar como otros han hecho tanto con menos recursos y enfrentándose a retos más difíciles, tengo la convicción de que somos muchos a los que la educación financiera nos hace soñar despiertos.


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